Gabriel Gil ha puesto en nuestras manos una novela queha nacido despacio, íntimamente, creciendo en el lienzode sus propias raíces, madurando al calor de una voluntadcon espíritu noble y escudo brioso y gallardo. Gabriel espura vida, elocuencia verbal energía arrolladora, transitapor su historia como quien cruza un bosque. Emplea suspárpados para airear lo inerte, la brizna del trigo; y sigue,como quien sacude o se abre cual granada desangrándoseen palabras que persiguen el mismo ciclo de la luna, de lalluvia, de los ríos, de las encinas…Nos habla del cielo y el infierno, del presente y pasado,al norte y al sur, del grito al silencio, de la alegría al dolor,del partir o regresar, suscitando sentimientos sorprendentes.Separa con dinamismo y energía lo que es ilusión orealidad, aunando momentos creativos con intuiciones opasiones adaptadas a un lenguaje lleno de imágenes de suSevilla natal.El transcurrir de la novela, bellamente acomodada enal-Ándalus (tierra de vándalos, en árabe. Lugar de encuentros,mestizajes culturales), vislumbra su propia esencia,conmovedora y resuelta, desarrollada en un tiempo deconciliación, tan descarnado como hermoso.Rocío Biedma.