La voluntad es un componente de la experiencia humana que ofrece el poder de deshabitar una sociedad. En Los deshabitados, Marcelo Quiroga Santa Cruz muestra una sociedad infectada por la voluntad. Está presente en los personajes, en los escenarios y en el misterio que nos plantea la novela: ¿qué significa ser deshabitado? La voluntad nos ofrece la respuesta.
La mayor representación de la voluntad se encuentra en la figura de Dios. El padre Justiniano, en el capítulo nueve, habla de una «debilidad humana y fortaleza de Dios». También dice que los humanos quisiéramos tener menos libertad, para ser menos responsables.
Mediante el padre Justiniano, recurro a Dios como ente comparativo al ser la mayor manifestación de la voluntad. El espíritu de Días es amplio, fuerte, incluso se presenta como agresivo. El espírita humano es, en cambio, un complejo nudo de indecisión, con una jerarquía de infinitos niveles para el adorno y presentación de la fuerza de voluntad.
"Como usted, yo también he sentido la tortura del hambre. Salí a picotear y di con el sacerdocio ¿Cree usted que no me apetece nada más? Se equivoca." Estas son unas palabras que le dice Justiniano a Durcot en el último capítulo de la novela. Justiniano, al buscar con qué sacia su voluntad, dio con el sacerdocio, una respuesta natural a su personalidad que busca la realización emocional.
De esta forma encontramos cómo funciona la voluntad para el padre Justiniano. Él decide encomendarse a Dios como respuesta a las demandas de su espíritu.
El caso de Fernando Durcot es parecido, al decir que «es el miedo de que cada frase no sea una obra maestra que tu orgullo pueda devorar». Durcot busca en la escritura, una arte, la libertad que su voluntad no le puede traer debido a la competencia social. Me refiero a esa sensación de aislamiento que se combina con cierta paranoia para crear el obstáculo perfecto: la voluntad de una mismo.
Durcot llegó a cuestionarse si vale la pena vivir, a lo que su razón le dijo que no. Sin embargo, trata de sobreponerse a los desafíos de todas formas, mostrando lo frágil, pero importante de la voluntad.
María, Flor y Pablo son otros personajes que demuestran tener problemas relacionados a la voluntad y los resuelven haciendo uso de estas.
Me gustaría tomar el foco no en los personajes, si no que en los deshabitados como usa sociedad en su conjunto. Es como el invierno que, según Justiniano, “aleja a los jóvenes y atrae a los viejos.”
Los deshabitados son los ausentes de voluntad, o sea quienes se rinden. Los deshabitados son influenciados directamente por la voluntad. Ellos eligen qué hacer y qué no, así como el cómo. Ellos se pierden a sí mismos y se deshabitan Prefieren apegarse a la dicha de estar muertos, como afirma Durcot en el último capitulo.
«No nos habita nada: estanos deshabitados». El libro explora cómo, a través de vivencias, la voluntad se expande, contrae y explora, para guiar al hecho que queda expuesto al final del libro: estamos deshabitados. Seguimos nuestros deseos, los perseguimos hasta pretender alcanzarlos y los apreciamos por un trempo hasta buscar uno nuevo. Enfrentamos un nuevo día con la esperanza de un cambio, pero preferimos no tomar acción porque el espíritu no nos lo indica. Ya sea si reímos, lloramos, dudamos de nuestra existencia o simplemente existimos, seguimos siendo deshabitados.
En un punto de libro, Justiniano se pregunta, bajo la atenta mirada de Dios, que por qué la gente deja de ir a la iglesia. La respuesta que ofrezco es que la gente pierde fe debido a que dejan de depositar su voluntad en sí mismos. No se aman ni se respetan a sí mismos y, a través de su espíritu, no aman si respetar a nadie.
Todo en el mundo es una manifestación de la voluntad universal que nunca se sacia y deshabita a los humanas. Ya sea como deseo, ansia o sufrimiento, nunca se llega a una paz duradera, Pero ¿cómo liberarnos? Me parece que el libro responde a sí mismo. "ninguna dicha me parece comparable a la de estar muerto.”