El primer cuento que leo de MacDonald, lo leí como recomendación tras hallar que había sido uno de los referentes de Lewis y Tolkien. Me ha parecido excepcionalmente sencillo y rico en símbolos, algo evidentes pero resultones. Destacar el mensaje implícito en la narración que intentaba abordar una disciplina que todavía no existía. Tanto Nycteris y Photoen podrían haber quedado condicionados por su historia, por las vivencias del pasado, pero en el espacio del amor encuentran lo necesario para la sanación. Y lo que es más importante, en el conocimiento del otro hayan lo que cada uno son individualmente, una fuente inagotable de "Semper Maior". Photogen encuentra en los ojos de Nycteris, la valentía para ser completamente él sin miedo. Photogen confía en el guiar de Nycteris durante la noche, y Nycteris deja reposar el peso de su cuerpo sobre Photogen; en una palabra lo que rebosa en ellos es la confianza infantil, la plena confianza en que no serán abandonados al desamparo. Y lo que podemos aprender nosotros, niños grandes, es que el peso de las heridas no debería condicionar esa capacidad para confiar plenamente, pues es a lo que estamos llamados a hacer aquí en la tierra y en la eternidad.