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Abelardo Castillo Abelardo Castillo > Quotes

 

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“¿Qué es la felicidad? Nada. Una palabra para designar algo que siempre ocurre en el pasado, y, como siempre ocurre en el pasado, resulta que nunca ocurrió.”
Abelardo Castillo, El que tiene sed
“La sirenita viene a visitarme de vez en cuando. Me cuenta historias que cree inventar, sin saber que son recuerdos. Sé que es una sirena, aunque camina sobre dos piernas. Lo sé porque dentro de sus ojos hay un camino de dunas que conduce al mar. Ella no sabe que es una sirena, cosa que me divierte bastante. Cuando ella habla yo simulo escucharla con atención pero, al mínimo descuido, me voy por el camino de las dunas, entro al agua y llego a un pueblo sumergido donde hay una casa, donde también está ella, sólo que con escamada cola de oro y una diadema de pequeñas flores marinas en el pelo. Sé que mucha gente se ha preguntado cuál es la edad real de las sirenas, si es lícito llamarlas monstruos, en qué lugar de su cuerpo termina la mujer y empieza el pez, cómo es eso de la cola. Sólo diré que las cosas no son exactamente como cuenta la tradición y que mis encuentros con la sirena, allá en el mar, no son del todo inocentes. La de acá, naturalmente, ignora todo esto. Me trata con respeto, como corresponde hacerlo con los escritores de cierta edad. Me pide consejos, libros, cuenta historias de balandras y prepara licuados de zanahoria y jugo de tomate. La otra está un poco más cerca del animal. Grita cuando hace el amor. Come pequeños pulpos, anémonas de mar y pececitos crudos. No le importa en absoluto la literatura. Las dos, en el fondo, sospechan que en ellas hay algo raro. No sé si debo decirles cómo son las cosas.”
Abelardo Castillo "Undine"
“[...] hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro y las lleva toda la vida, hasta que una noche siente que debe escribirlas, decírselas a alguien, porque si no las dice van a seguir ahí, doliendo, clavadas para siempre en la vergüenza.”
Abelardo Castillo, El candelabro de plata y otros cuentos
“Soy optimista: los gobiernos crecientemente desastrosos que he visto desde que tengo uso de razón -escribió [Castillo] en 1982 en respuesta a una pregunta acerca de si vivía de la literatura-, me han hecho entender a Nietzsche: lo que no me mata me hace fuerte. Y si el dolor y la desgracia capaz de soportar un hombre son la medida de su fuerza, mi pueblo y yo somos invulnerables.”
Abelardo Castillo
“Nunca temí morir, me daba miedo estar solo. Morir, el acto de morir no tiene en sí mismo ninguna grandeza, nada de misterioso o terrible. Es la muerte, el estar muerto, lo que aún me parece incalculable.”
Abelardo Castillo, El candelabro de plata y otros cuentos
“Soy sencillamente, o tal vez debo escribir que fui, un hombre solitario. Puedo pasarme la noche entera frente a un pocillo de café, y si a veces condesciendo a pedir una copita de caña de durazno o un cognac es para no despreciar a mis ocasionales compañeros de mesa. Para que no desconfíen de mí; para que me hablen. He conversado en esos bares con los personajes más extraordinarios de Buenos Aires. Actores fracasados, ex presidiarios, viejas putas en decadencia, infantiles putas en ascenso, poetas que se creían, o quizá eran, genios incomprendidos, tristes homosexuales que venían de una paliza descomunal, violeteras que juraban haber cantado con la Galli Curci o haber sido amantes de Perón.”
Abelardo Castillo, El espejo que tiembla
“burguesía, sin perder la voz, como escribió Liberman, y sin perder tampoco aquello que Sarmiento aconsejaba no perder: la sonrisa. Estar en la izquierda no es ser siniestro, en todo lo que el adjetivo tiene de tenebroso y tuerto.”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“No es lo mismo contar bien que ser cuentista. Al leer, uno interpreta el texto: lo mejora. Es necesario que la palabra escrita sea por sí misma enfática: exacta. Del mismo modo que suprimo los “preguntó”, “farfulló”, “señaló”, “terció” (abominables taras de periodista) —supresión basada en la expresividad de la palabra dialogada—, debo evitar que el texto de la narración se transforme en oral, que participe del teatro. No digo que un cuento no deba poderse leer en voz alta; todo lo contrario. Digo que, en la lectura en silencio, un buen cuento debe ser tan eficaz como cuando un actor lo interpreta.”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“Esa noche soñé. En alguna parte he leído que la mejor manera de desalentar al lector es contarle un sueño, de modo que seré muy breve. Soñé que me caía en el estanque de los gansos y que el doctor Golo me tiraba una trenza. No una soga o una cuerda, una trenza de mujer.”
Abelardo Castillo, El evangelio según Van Hutten
“un sórdido egoísta hijo de puta que se emborrachaba por miedo a vivir y se acostaba con otras mujeres por miedo a vivir y no era capaz de confesarle a Mara que nunca la había querido por miedo a vivir, y a dejarla vivir, y ya ni siquiera escribía por miedo a vivir.”
Abelardo Castillo, El que tiene sed
“Esta noche, un grupo de Tacuaras11 ha tiroteado el Teatro de los Independientes,12 donde se representan El otro Judas y Enterrad a los muertos. Hirieron a dos actores. Fue durante la función de Enterrad a los muertos —que es cuando todo el elenco del teatro está en escena. Rompieron vidrios, carteles, el Castagnino de la escalera. El busto de Romain Rolland, de Juárez, fue arrancado de su base y arrojado al suelo. No puedo explicar lo que sentí al verlo. Quise alzarlo; un policía no me dejó: no se podía tocar nada hasta que llegara no sé qué autoridad.”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“Un chiste judío, que tal vez viene al caso. Un judío le pregunta a otro qué le parece peor, si la ignorancia o la indiferencia. El otro piensa un momento y contesta lentamente: —No sé ni me importa.”
Abelardo Castillo, Diarios (1992-2006)
“El hombre conoce el macrocosmos por el microcosmos, pero él mismo y toda cosa son macro y microcosmo, porque cada cosa supone el Universo como el Universo contiene toda cosa. 7. Nihil nihilo fit es blasfemia y error. Sólo por la nada hay ser. Y en cuanto al artista iniciado, al poeta mago, comparte con el iluminado estas tres características: 3. Es ritualista y solitario por disciplina o por naturaleza, y voluntariamente asocial, pero a diferencia del hombre puro, suele ser desdichado o suicida. 2. La sociedad lo considera demoníaco o santo, angustiado, vidente, pecador o loco. 1. Quiere imitara Dios. Shelomo Ibn Heijal Ben Gainom: La escalera de nueve peldaños. Montevideo, 1935. Trad. del hebreo por Jacobo Fiksler.”
Abelardo Castillo, El que tiene sed
“enterrado. Tal vez no vuelva escribir nunca una palabra sobre él. No lo hice mientras vivió, no tengo derecho a hacerlo ahora. Fue el hombre que más quise en el mundo. No es cierto: fue el único hombre que quise.”
Abelardo Castillo, Diarios (1992-2006)
“Jesús, en efecto, había nacido según la carne, pero, como se desprendía del resto de la epístola, nacer según la carne no impedía ser hijo de Dios, engendrado misteriosamente por Dios. Se lo llamaba Yoshua, el hijo de Iosef y de Myriam, y tuvo cinco hermanos varones y, por lo menos, dos hermanas mujeres. Jesús, lo mismo que el Bautista, se había educado en el Desierto, con los esenios, de quienes adoptó la regla de los bienes en común, la cena ritual, la ceremonia del bautismo y su desprecio por la propiedad, pero al cumplir treinta años se apartó de la secta, en rebeldía con ella o autorizado por ella, para predicar su propia doctrina y formar su propia orden. Se permitió beber, cosa que no hacían los esenios, y curar en sábado, «porque el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado». Nunca, sin embargo, dejó de sentirse esenio.”
Abelardo Castillo, El evangelio según Van Hutten
“Escribí una o dos páginas para el número de Cuadernos Hispanoamericanos sobre la dictadura militar, que preparó Sylvia.7 Irá como introducción a algunos de los editoriales que publiqué en los 70. Parece increíble, pero me dio un trabajo enorme. A eso se llama resistencia psíquica; también, quizá, mala conciencia. Ninguno de nosotros —quiero decir, ninguno de los de mi generación—, nos hayamos ido del país durante la dictadura o nos hayamos quedado, puede hablar con naturalidad de ese período.”
Abelardo Castillo, Diarios (1992-2006)
“Abelardo leyó y estudió la bibliografía sobre el tema accesible en castellano, que no ha sido poca ni irrelevante. Apreció particularmente el libro de Edmund Wilson, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1956,(5) y el volumen que el arqueólogo Ernest Marie Laperrousaz, uno de los participantes en las expediciones de los años 50 a Qumrán, escribió para la colección Que sais-je? en 1961 y editó Eudeba en 1964.(6) Es muy probable que nuestro autor estuviese al tanto de los ecos que los hallazgos tuvieron en Buenos Aires.”
Abelardo Castillo, El evangelio según Van Hutten
“niñas, madres-niñas, amantes-niñas dedicadas todo el tiempo a salvarlo de las acechanzas del mundo y últimamente también de Mara y de la bebida. ¿Seré lindo? O las mujeres son apenas las sombras de la soledad, los pañalitos y el talco del huérfano básico sobre el que la bebida y el miedo van construyendo como un Gólem a este desamparado para todo uso, porque también era notable la cantidad de niñas-adúlteras, párvulas-cuadragenarias, lactantes-putísimas y malcogidas de toda índole que en los últimos años le habían diezmado los riñones, el alma y otras partes delicadas. ¿Seré lindo realmente? ¿O interesante? O a lo mejor es cierto que las mujeres creen que el espíritu es transmisible por vía oral, anal, orejal y otras vías, aun las normales. O a ver si resulta nomás que soy maricón. En alguna parte leí que los alcohólicos somos homosexuales latentes”
Abelardo Castillo, El que tiene sed
“«círculo alcohólico».”
Abelardo Castillo, El que tiene sed
“más tarde, después de otras conversaciones con Van Hutten en la casa en la piedra. No es éste el lugar, suponiendo que ahora encontrara las palabras, para seguir contando lo que, inmerecidamente, me deparó esa noche.”
Abelardo Castillo, El evangelio según Van Hutten
“Habría que recordarles aquella broma de Chéjov: —Debo de haber escrito una obra muy mala, porque todos la aplaudieron. Broma, dicho sea de paso, hasta por ahí nomás. Edgar Poe dijo una vez que amaba la fama; simulaba despreciarla, pero la amaba. Puede ser. Una cosa es amar y otra perseguir. En nuestro país, Roberto Arlt podría haber dicho algo parecido, si es que no lo dijo. Sin embargo, Arlt no buscaba la fama, no hacía nada por conseguirla. Seguramente, en sus mejores momentos, se sentía una especie de fatalidad. Y en los peores, un fracasado.”
Abelardo Castillo, Diarios (1992-2006)
“ciertos escritores que quieren justificar con estrépito una obra mediocre” (Castillo-Liberman, El grillo de papel Nº 6).”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“—A qué vino usted —dijo. Ya he dicho que esperaba la pregunta. Lo que ni yo mismo esperaba fue mi respuesta. —Te voy a contestar —dije—. Esa pregunta y todas las que quieras. No sé a qué vine, pero te puedo decir por qué vine. Vine porque estoy de vacaciones. Vine porque me separé de mi mujer. Vine porque desde hace diez años me da lo mismo cualquier lugar, a condición de no conocer a nadie. No pongas cara de alarmada. Vos hiciste la pregunta y ahora me escuchás. Vine porque mi vida carece de sentido. Siempre imaginé que un tipo como yo estaba destinado a hacer grandes cosas, y un día, como dice tu tío Golo, me desperté de golpe y vi en el espejo la cara de un antiguo señor que había perdido por completo las ganas de vivir.”
Abelardo Castillo, El evangelio según Van Hutten
“Y el mozo de mierda ese, qué mira. Lo que pasó de inmediato estaba previsto. Detrás de mí comenzaron a levantar sillas y a apilarlas sobre las mesas. Nos estaban echando. Pero sobre todo a mí. Pedí un whisky, pedí la cuenta y pagué. Puesto que eran casi las tres de la mañana había que irse, y si eran casi las tres de la mañana no existía ninguna razón para que una niña de familia de veinte años, si es que tenías veinte años, anduviese fuera de su casa con un desconocido. A menos que esté bastante acostumbrada a llegar a cualquier hora. Sin contar, ahijadito, que habernos sentido Francisco de Asís lamedor de chancros gracias al inesperado bálsamo de la niñez caquéctica argentina, nos revelaría para nuestros adentros no carecer de cierto fangoso y más que regular cinismo.”
Abelardo Castillo, Crónica de un iniciado
“Pero claro, Viñas, ¡qué pretendía! Le repito: aprenda a leer, a entender. Ese cuento no trata el problema que según veo le preocupa tanto. Además me parece algo exagerado, amigo, que por aquello de no tener coartada frente a la burguesía deba El grillo cambiar no ya estilo literario y abandonar la erudición, sino transformarse en cangrejo. Y por fin, como “El marica” lo escribí yo y usted lo sabe, le aconsejo no tomar como método crítico la total ignorancia de cuanto lee y, por método polémico, la deshonestidad intelectual, la difamación o el olvido de cerrar cartas miserables. Esto va en serio, Viñas. No me confunda a mí con Murena o con alguno de esos pobres diablos a quienes aterrorizan sus trompadas e insultos. Tampoco confunda a la gente de El grillo con los barbuditos que lo siguen, le temen o con esos homosexuales (según me entero por usted, de Correas) que usted defiende.”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“Con 48 números publicados, El Escarabajo de Oro apareció entre 1960 y 1974.”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“Estoy en desacuerdo con Sabato en esto de escribir poco. La obra maestra, por supuesto, no se da por mera acumulación; pero tampoco se la puede buscar del modo que él pareciera buscarla: reduciéndola a un solo libro. La obra maestra no es la esencia de todo lo que uno lleva consigo; sino una especie de suma sintética. Además, se parece a la muerte: llega sin anunciarse, en cualquier momento.”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“Revista política, de orientación socialista, que apareció en los sesenta, dirigida por Pablo Giannuzzi. Colaboraban en ella Carlos Portantiero, Franco Mogni, etc. Che publicó una entrevista a David Viñas y, poco después, un comentario mío a esa entrevista. Como consecuencia, Viñas me escribió una violenta carta personal que”
Abelardo Castillo, Diarios (1954-1991)
“No como personaje, ya que es muy creíble y yo mismo he conocido a varias histéricas de esa especie, sino como persona. En suma: envejecí. Boris, en cambio, muy cómico. Lo incómodo de este libro, sobre todo al principio, son las demasiadas acotaciones que empastan los diálogos. Daniel, gran personaje.”
Abelardo Castillo, Diarios (1992-2006)
“«bienaventurados los pobres en espíritu», acá decía simplemente pobres, como en Lucas, y las palabras estaban enunciadas en segunda persona. Bienaventurados vosotros los pobres. Bienaventurados vosotros los hambrientos, porque seréis saciados. Y como también en Lucas: He venido a poner fuego en el mundo, y cómo quisiera que ya estuviese ardiendo.”
Abelardo Castillo, El evangelio según Van Hutten

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