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Ignacio Manuel Altamirano Ignacio Manuel Altamirano > Quotes

 

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“Las mujeres se presentan francas y risueñas, comprendiendo muy bien que no es preciso ser mojigatas para ser virtuosas”
Ignacio Manuel Altamirano, Clemencia
“Tal idea lo hacía aparecer a sus propios ojos como inferior a su amada de hoy, pero no con esa inferioridad que humilla, sino con la inferioridad del creyente para con su Dios, sentimiento que aviva y aumenta el amor, porque lo complica con la admiración y la gratitud.”
Ignacio Manuel Altamirano, Clemencia, El Zarco y Navidad en las montañas
“En fin, se ha hecho lo posible; y no contento yo con realizar mis propias ideas, pregunto a las personas sensatas y escucho sus opiniones con gusto y respeto.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Tú sueñas con el casamiento; no haces más que hablar de ello todo el día, y por eso escoges los azahares de preferencia. Yo no, yo no pienso en casarme todavía y me contento con las flores que más me gustan.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“¡Yo también llevo en el alma un mundo de recuerdos y penas!¡Yo también he amado!”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas
“Era mucha plata aquella y se veía patente el esfuerzo para prodigarla por donde quiera. Era una ostentación insolente, cínica y sin gusto.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Es que yo no puedo figurarme jamás a un pensador, sin suponerlo desgraciado en el fondo. Para mí, el talento elevado siempre es presa de dolores íntimos, por más que ellos se oculten en los recónditos pliegues de un carácter sereno.”
Ignacio Manuel Altamirano
“La energía moral, por victoriosa que salga de sus luchas con los obstáculos de la suerte y con las pasiones de los hombres, siempre queda herida de esa enfermedad de esa enfermedad incurable que se llama tristeza; enfermedad que no siempre conocemos, porque no se no es dado contemplar a veces a los grandes caracteres en sus momentos de soledad, cuando dejan descubierta el alma en la sombra del misterio.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“El zarco amaba también a Manuela, sólo que él la amaba de la única manera que podía amar un hombre encenegado en el crimen, de un hombre a quien era extraña toda noción del bien, en cuya alma temblorosa y pervertida sólo tenían cabida ya los goces de un sensualismo bestial y las infames emociones que pueden producir el roba y la matanza.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Al principio he encontrado resistencias, provenidas de la costumbre inveterada y aun del amor propio...”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“La energía moral, por victoriosa que salga de sus luchas con los obstáculos de la suerte y con las pasiones de los hombres, siempre queda herida de esa enfermedad incurable que se llama la tristeza; enfermedad que no siempre conocemos, porque no nos es dado contemplar a veces a los grandes caracteres en sus momentos de soledad, cuando dejan descubierta el alma en la sombra del misterio.”
Ignacio Manuel Altamirano, Navidad en las montañas
“Conocí entonces, como usted supondrá, lo que verdaderamente valían las ordenes religiosas en México; comprendí con dolor, que habían acabado ya los bellos tiempos en que el convento era el plantel de heroicos misioneros que a riesgo de su vida se lanzaban regiones remotas a llevar con la palabra cristiana la luz de la civilización, y en que el fraile era, no el sacerdote ocioso que veía transcurrir alegremente sus días en las comodidades de una vida sedentaria y regalada”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Sólo que yo comprendo así mi cristiana misión: debo procurar el bien de mis semejantes por todos los medios honrados;”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Yo soy lo que el clero llama un hereje, un impío, un sans-culotte, pero yo aquí digo a usted, en presencia de Dios, que respeto las verdaderas virtudes cristianas, como jamás la ha respetado fanático o sayón reaccionario alguno.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Verdad es que yo no he propuesto todas esas reformas en nombre de Dios, ni fingiéndome inspirado por él; mi dignidad se opone a esta superchería; pero evidentemente mi carácter de sacerdote y de cura, daba una autoridad a mis palabras, que los montañeses no habrían encontrado en la boca de un persona de otra clase.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“...los hombre no tenemos derecho de privar de la vida a ninguno de nuestros semejantes;”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Las pobre autoridades, acobardas por la falta de elementos de defensa, se veían obligadas, cuando llegaba la ocasión, a entrar en transacciones con ellos, contentándose con ocultarse o con huir para salvar la vida.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“El heno representa la vejez del año, como las rosas representan su juventud.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“No hija, enferma no; no tengo nada, pero digo que semejante vida me aflige, me entristece, me desespera y acabará por enfermarme realmente.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“fue una joven dotada de esa gracias sencilla y humilde de las montañesas de este rumbo, y que ellas conservan, como usted a podido ver, cuando no la destruyen los trabajos, las penas y las lagrimas.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“pensando que la religión de Jesús, no era más que la cubierta falaz de este culto, cuyo mantenimiento consume los mejores productos del trabajo de las clases pobres, que impide la llegada de la civilización y que requiere todos los esfuerzos de un gobierno ilustrado, para ser destruido prontamente,”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Pues mira bien lo que dices, porque si no quieres casarte honradamente con un muchacho que es un grano de oro de honradez, y que podría hacerte dichosa y respetada, ya te morderás las manos de desesperación cuando te encuentres en los brazos de eso bandidos que son demonios vomitados del infierno.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“...porque el pueblo se mancharía; y para no vernos en esa vergüenza y en ese conflicto, lo que tenemos que hacer es ser honrados siempre.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“¡Yo también llevo en el alma un mundo de recuerdos y de penas! ¡Yo también he amado!”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Yo soy aquí cura y maestro de escuela, y médico y consejero municipal”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Por desgraciada que pueda haber sido tu juventud, las memorias que debe haber dejado son gratas hoy para ti, lo aseguro. En la primavera de la vida, hasta las espinas florecen y hasta las penas tienen un sabor de felicidad. Ese es el tiempo en que baila delante del carro de la vida un cortejo de fantasmas, el amor con su dulce premio, la fortuna con su corona de oro, la gloria con su aureola de estrellas, la verdad con su brillo de sol, como dice el poeta Schiller. Entonces hasta los días negros tienen un rayo de luz. Es la esperanza, amigo, la esperanza que no puede alumbrarnos cuando llegamos a la edad madura, sino como una estrella pronto a ocultarse en la parda nube de la vejez.”
Ignacio Manuel Altamirano, Cuentos de invierno
“En cuanto a mí, señor, vivo feliz cuanto puede serlo un hombre en medio de gentes que me aman como a un hermano”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Te hemos enseñado a amar la honradez, no la figura ni el dinero; la figura se acaba con las enfermedades o con la edad, y el dinero se va como vino; solo la honradez es un tesoro que nunca se acaba.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“Yo me sorprendí mucho de no encontrar en esta iglesia de pueblo lo que había visto en todos los demás de su especie, y aun en las ciudades populosas y cultas, a saber; esa aglomeración de altares de malísimo gusto, sobrecargados de ídolos, casi siempre deformes, que una piedad ignorante adora con el nombre de santos, y cuyo culto no es, en verdad, el menor de os obstáculos para la practica del verdadero cristianismo.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco
“La oscuridad se había hecho mas densa, pero yo veía en el cura, cuyo semblante aún no conocía, algo luminoso; tan cierto es que la simpatía y la admiración se complacen en revestir a la persona simpática y admirada con los atractivos de la divinidad.”
Ignacio Manuel Altamirano, La Navidad en las montañas y El Zarco

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