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“Moving to another city is to change the accent of your affections.”
Gabriela Wiener, Sexographies
“Que sea la tumba de un niño no identificado. Que esté vacía. Que sea, después de todo, una tumba abierta o reabierta, infinitamente profanada, mostrada como parte de una exhibición que cuenta la historia triunfal de una civilización sobre otras.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Decrecer es la palabra de moda en casa. No es avanzar ni ganar ni prosperar. Es «decrecer». Ya no porque se hayan alineado los astros sino por decisión propia, hemos empezado a dar marcha atrás en nuestra infinita carrera hacia el progreso. En la lógica en la que nos hemos movido siempre, nos estaría yendo muy mal en la vida. En la lógica del caracol, todo lo contrario. No es una liebre, no es una hormiga, es el lento y baboso animal el símbolo de los que suscriben la doctrina del decrecimiento, la filosofía del necesitar menos para vivir mejor.”
Gabriela Wiener, Llamada perdida (Malpaso)
“En la familia no hay una sola foto de María Rodríguez. Nunca sabremos cómo era su cara. A la mujer que inicia la estirpe de los Wiener en el Perú, la que llevó un embarazo solitario y amamantó a un semihuérfano, a ella se la ha tragado la tierra. Así como se pierden durante años bajo la arena los rastros de un mundo anterior. Reunir esos materiales dispersos por una geografía, salvar aquello que no ha carcomido el tiempo para tratar de reconstruir una imagen fugaz del pasado es una ciencia. Huaquear, en cambio, es abrir, penetrar, extraer, robar, fugarse, olvidar. En esa brecha, sin embargo, algo quedó dentro de ella, se implantó, germinó fuera del árbol.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Un museo no es un cementerio, aunque se parezca mucho.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Nadie te prepara para un duelo, ni todos los libros tris­tes que llevaba una década leyendo de manera enfermiza.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“El racismo científico vivió su apogeo en el siglo XIX gracias a los avances en varias ramas del conocimiento ilustrado que ayudaron a crear las bases de una concepción racista de las sociedades. Biólogos y antropólogos se aplicaron en dividir la especie humana en clases a partir de su color de piel y otros rasgos físicos, estableciendo una jerarquía entre personas y otorgándole a la raza blanca la supremacía.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“En Madrid me espera todo aquello con lo que he soñado desde siempre: el trío, el poliamor, el amor de una mujer, el de un hombre, mi hija, una vida de escritora. Un plan cerrado, sin fisuras. Pero mientras más disidente me presumo, más instalada en el establishment me encuentro. Mientras más predico la sinceridad amorosa con los otros dos, más les miento. Mientras más cerca estoy de volver más quiero escaparme.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Mi identidad marrón, chola y sudaca intenta disimular la Wiener que llevo dentro.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“In a threesome, there are always two exhibitionists and a voyeur.”
Gabriela Wiener, Sexographies
“No sé por qué llevo a cabo este ritual, qué busco en la mirada de un observador externo, de un puto americanista. Pero entonces llego sin mucho entusiasmo a un pasaje muy bien contado que me engancha. De camino a Puno, y al pasar por una finca llamada Tintamarca, el propietario le sugiere a Charles llevarse un indio para dar a los estudiosos europeos una idea de esta raza. Wiener le contesta que conseguir un indio, más aún si es un niño, es una empresa muy difícil, que ha estado intentando hace días que algunos de ellos lo sigan pero es imposible. El otro hombre le aconseja entonces que lo compre: «Dé usted unas piastras a una pobre chola que se muere de sed y que hace morir de hambre a su retoño; se trata de una india horriblemente alcohólica. A cambio le regalará a usted a su pequeño. Hará usted, además, una buena acción». Wiener va en busca de la mujer y su hijo, le pregunta al niño cómo se llama y esta le contesta que Juan, le pregunta si tiene padre y le contesta en quechua que no. «Muy pocas “veces he visto un espectáculo más repugnante —escribe Wiener—. Esta madre, joven aún, roída por todos los vicios, y el pequeño ser que no tenía otra ropa que un poncho que apenas si le llegaba a la cintura. Tomé una decisión.» Despertó a la madre, que se había quedado dormida, y «efectuamos el intercambio de “regalos” proyectado. Exhorté al niño a despedirse de su madre; parecía no entender qué le solicitaba; pero la madre comprendió muy bien, y, con su mano temblorosa por el alcohol, hizo la señal de la cruz en su hijo. Tuve un estremecimiento de disgusto al ver tal bendición del vicio; puse al pequeño sobre una mula. (…) Y henos en marcha. El pequeño Juan comprendió entonces y se creyó obligado a lanzar algunos alaridos. Le pregunté qué quería. ¿Piensan ustedes que pidió regresar al lado de su madre y no dejar su tierra y seguir salvaje como era? Nada de eso: ¡me pidió aguardiente!».”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“¿Por qué querría ser la hija de la mujer traicionada si podía haber sido la hija de una pasión inevitable, de una relación clandestina, llena de atracción e imposibilidad? Eso me convertiría algún día en una bastarda orgullosa, como la que reivindica la boliviana María Galindo, me haría ser la memoria que activa el conflicto, el producto de algo remoto y violento. ¿Para qué intentar diluir la contradicción, para qué buscar la autenticidad, la paz, el mestizaje?”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Es curioso cómo lograron en esa familia en tantos años hacer coexistir el orgullo por el patriarca y la vergüenza por su abandono en un solo gesto.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Cerca de ahí, en el pabellón peruano, dos personas vestidas de supuestos guerreros de la cultura tiahuanaco son retirados del portal de la muestra por pedido expreso de la colonia peruana en París que, ofendida, niega que los peruanos sean así de pintorescos y afirman vestir con diseños de sastres franceses.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Un día comprendí que no se sincronizan apetitos como se sincronizan los relojes. Con el tiempo he aprendido a sortear el drama. La sexualidad en convivencia demanda pedagogía diaria, actitud contrita, libertad hasta donde empieza el sueño o la inapetencia del otro, onanismo o más amantes.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Pero esta vez no puedo, me quedo callada, me levanto discretamente de la mesa y voy al baño porque tengo el pecho lleno de algo, como de un ruido colosal, y sollozo. Me enfado menos con su abuelita que conmigo misma por volver a sentir esa herida. La de mi abuelita Vicki y la de tantas en las que se intersectan otros dolores en un cuerpo parecido. ¿Por qué lloro? ¿Por qué me ofende? ¿Porque yo fui a la universidad? ¿Porque no quise ser Victoria que no quiso ser Josefina? ¿Porque yo también considero que ser una trabajadora del hogar es ser menos que una periodista que escribe en El País? ¿Porque eso me recuerda mi racialización, la raza que siempre ha sido y siempre será la medida de mí misma? Porque duele que vuelvan a meterme entera en ese casillero de sus cabezas. Porque soy Victoria y no lo soy.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Tengo, sí, los correos amorosos dirigidos a mi mamá, que enviaba siempre con copia a mi hermana y a mí. ¿Por qué lo hacía? ¿Quería demostrarnos que aún amaba a nuestra madre? Cuánto amor debió sentir mi papá por mi madre para no intentar una vida con la otra mujer que amaba. Cuánto por su amante para no dejarla y quedarse solamente con su compañera de toda la vida. Y, también, cuánto desamor podemos dar mientras creemos estar amando. Me gusta pensar que en su corazón ambos amores no se excluían, pero cómo estar segura.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Para algunos el sexo es algo muy concreto: lo que corona un día de perfecta comprensión o lo que se hace solo cuando se imponen las ganas, con los restos del cuerpo que han dejado los niños y, de preferencia, después de un baño. Para mí el sexo viene bien incluso sin ritualidad, sin aseo personal, sin fuerzas, como complemento, entretenimiento banal, disparador de dramas, consuelo, remedio premenstrual.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Cada día progresa el delirio con mayor profusión, se desborda. Un día le digo al niño: ¿Y si formamos una gran familia con mi marido y mi mujer, contigo también? Río con mi travesura. Me emociona vivir con un arado en una mano y una antorcha en la otra. Hago experimentos imaginarios con combinaciones peligrosas. Construyo una pequeña bomba. Le propongo jugar, entrar al poliamor, pero lo hago incumpliendo todas sus reglas. Y estos días a su lado se convierten en una sucesión de breves reflexiones sobre todo lo que no seremos, nuestra diferencia de edad, los límites de la distancia geográfica, lo sexy de la imposibilidad. Él es un recién llegado, mientras yo juego a qué sucedería si dejara por él todo lo que me ha costado años poner en pie. Como estar casado y pedirle matrimonio a alguien, que fue exactamente lo que hizo mi padre. Sé que no lo haré nunca. Que solo estoy esperando que sea real para él para quitarme la máscara y enseñarle la cámara escondida. Y aun así, sin convicción, tejo el vínculo defectuoso entre nosotros, tiro de la lana del ovillo, de la seda pegajosa, el mismo puente que suelo construir “entre mi subjetividad y el resto del mundo, para hacerlo lidiar también a él con mis inseguridades. Pobre, lo hago responsable de mí. Me paso horas mostrando incredulidad ante sus sentimientos imberbes, que no son exagerados y dolientes como los míos, y por eso me saben a poco. No cae en mi trampa. Peleamos mucho y eso me hace sentir más cerca, más comprometida. Jugamos a la fidelidad dentro de la infidelidad, como mi papá con su amante: «Si al volver lo haces con otro que no sea Jaime te jodes». Otra vez descubro cómo me enganchan del amor sus formas reconocibles, tóxicas. Juego a que es verdad, pero en realidad hay en este ejercicio más verdad sobre mí que juego. Una constatación aún más terrible. Y como en toda relación inesperada, hay un gran componente de narcisismo.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Pero no creo que podamos entender cómo funcionaba la investigación histórica y arqueológica de la época solo analizando el comportamiento de una serie de individualidades como Wiener. Él no era un caso que se corrompió, aislado, flotando como un satélite a un lado de la institución científica sacrosanta, sino que era parte orgánica de esta, respondía a un sistema académico masculino, occidental, de influencias y relaciones de poder. Esa maquinaria funcionaba para proyectar la imagen de la nación francesa al mundo. Y en eso Wiener era el mejor. A Francia le daba igual el estilo exuberante de Charles, ya tenía sus trofeos. Francia era tan falaz como él. Poco importó en ese momento cómo Wiener había echado mano de ese material cuando en las postrimerías del siglo XIX diez toneladas de material arqueológico relativamente bien embalado llegaron del Perú al corazón de Europa. Todavía no se había inventado el concepto de «patrimonio cultural de la nación». En Perú ni siquiera existía la nación como tal. Pero para el imperio francés significaba una operación de márketing de enorme trascendencia.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Ni los Wiener eran basura blanca, ni los Bravo cholos de mierda, pero sus vidas corrieron en paralelo como solo pueden correr las vi­das separadas por el color en la excapital del virreinato del Perú. Por eso, quizá, los Wiener consiguieron aferrarse como a un clavo ardiendo a la clase media estable y aspirante, mientras los Bravo siempre han hecho equilibrismo al filo del precipicio.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Roci me contestó con otro poema que decía que prisionero y tirano son una y la misma cosa, que ambos le producían la misma aversión. Y que eso era lo único que la mantenía cuerda.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“El cuerpo nacido marginal, por escasez o abundancia, siempre incomoda y siempre se siente cuestionado. No le cree a nadie, mucho menos al amor. El troll se alimenta del miedo y yo soy mi propio troll. La posibilidad de un cuerpo mejorable, adelgazable, futurible, acosa desde dentro y, aunque va minando las posibilidades de ser un cuerpo válido, se sabe en progreso y a la expectativa. Pero un cuerpo rechazado, marrón, es estanco, ha vivido demasiado tiempo bajo tierra y cada día vuelve a sentirse el cuerpo de una niña del pasado que miran los racistas.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Todos tenemos un padre blanco. Quiero decir, Dios es blanco. O eso nos han hecho creer. El colono es blanco. La historia es blanca y masculina. Mi abuela, la madre de mi madre, llamaba a mi padre, al marido de su hija, «don» porque ella no era blanca sino chola.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“No he visto nunca tumbas de niños muertos contemporáneos. Quién en su sano juicio llevaría el cadáver de su hijo a un cementerio. Hay que estar loco. A quién se le ocurriría enterrar a un niño, vivo o muerto.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“El amaru es la serpiente alada, cabeza de llama y cola de pez, un animal mitológico. También es el rayo en una de sus metamorfosis, la luz que fertiliza antes del ruido y la lluvia. En sus escamas está escrito el absoluto, grabado todo lo que existe. Es la deidad de los ríos serpenteantes y un puente entre el cielo, la tierra y el agua. Es un viajero entre mundos.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“En 1885 Florentino Ameghino, el naturalista argentino de la teoría autoctonista del hombre americano, escribió que «todo objeto, por raro y curioso que sea, sobre el que no se tengan datos exactos sobre su procedencia y condiciones de yacimiento, no tiene importancia alguna y debe ser eliminado de toda colección formada con verdadero método científico.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Wiener, sin ir muy lejos, ha pasado a la posteridad no solo como estudioso, sino como «autor» de esta colección de obras, borrando a sus autores reales y anónimos, arropado por la coartada de la ciencia y el dinero de un gobierno imperialista. En aquella época a mover un poco de tierra lo llamaban arqueología.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Un huaco puede ser cualquier pieza de cerámica prehispánica hecha a mano, de formas y estilos diversos, pintada con delicadeza. Puede ser un elemento decorativo, parte de un ritual u ofrenda en un sepulcro. Los huacos se llaman así porque fueron encontrados en los templos sagrados llamados huacas, enterrados junto a gente importante. Pueden representar animales, armas o alimentos. Pero de todos los huacos, el huaco retrato es el más interesante. Un huaco retrato es la foto carnet prehispánica. La imagen de un rostro indígena tan realista que asomarnos a verlo es para muchos como mirarnos en el espejo roto de los siglos.”
Gabriela Wiener, Huaco retrato
“Fue Ivan Illich, el anarquista austriaco, quien para elaborar su crítica del desarrollo económico habló de la sabia manera como un caracol construye su concha. Primero sumando espiras cada vez más amplias para de pronto cesar y comenzar a enroscarse. Una vuelta más y su caparazón se hubiera multiplicado tantas veces que le sería imposible sobrellevar la carga: «Desde entonces cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha fuera de los límites fijados por su finalidad». Yo empecé a decrecer hace unos meses, consciente, voluntaria y voluntariosamente. De un trabajo bien remunerado, pero esclavizante y poco alentador, al frilancismo precario pero libertario. Nuestro último movimiento ha sido una mudanza. Del centro a la periferia, de la gran ciudad al barrio. Todo a mitad de precio. En este camino hacia una vida sencilla espero muchas cosas de mí, pero sobre todo espero decrecer. Pasito a paso. En la misma lógica: Rocío, Candela, Arantxa, Jaime y Rosi construyeron hoy nuestra cocina con sus propias manos. Ha quedado preciosa. Casi de diseño. Mi caparazón se ha reducido exponencialmente. Hoy avanzo.”
Gabriela Wiener, Llamada perdida (Malpaso)

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