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“Pero el corazón tiene razones que la razón no puede entender.”
― La posada del viajero
― La posada del viajero
“obstáculos. Ramiro contempló con angustia como el sol desaparecía en lontananza; no tendrían mucho tiempo para contemplar la puesta desde lo alto. Un claxon alteró entonces la soledad del paraje y vieron pasar un coche negro que casi los echó a la cuneta. —Desgraciados... ni siquiera aquí nos podemos librar de los domingueros al volante —masculló Ramiro. Laura prefirió guardar silencio. No quería arruinar el día. Finalmente llegaron a la cumbre de la colina. La vista era espectacular. Había merecido la pena subir hasta allí. Se podía contemplar el valle tapizado de diversos tonos de verde, mezclado con el gris del camino asfaltado que serpenteaba hasta llegar a la cima. A lo lejos divisaron un pantano, mientras el sol desaparecía poco a poco a sus espaldas. Se dieron la vuelta, extasiados ante el espectáculo del astro ocultándose entre las montañas de Gredos, con el pico del Moro Almanzor irguiéndose majestuoso entre el resto de cumbres montañosas.”
― El color de la maldad
― El color de la maldad
“solo una parte”
― La posada del viajero
― La posada del viajero
“guerras no hacen bien a nadie, y da igual si te posicionas o no, siempre sales escaldado.”
― La posada del viajero
― La posada del viajero
“En mi opinión, la religión es el verdadero cáncer y opio del pueblo. La mayoría de las guerras en todo el mundo han sido, son y serán a causa de la religión: las Cruzadas, la escisión del protestantismo, los nazis o los fundamentalismos de cualquier índole.”
― La rebeldía del alma
― La rebeldía del alma
“El brillo acerado del iris de aquellos ojos crueles volvió a sobresaltarla. Vio un extraño color en ellos, quizás el color de la maldad.”
― El color de la maldad
― El color de la maldad
“La avaricia siempre rompe el saco,”
― La rebeldía del alma
― La rebeldía del alma
“tendrían mucho tiempo para contemplar la puesta desde lo alto. Un claxon alteró entonces la soledad del paraje y vieron pasar un coche negro que casi los echó a la cuneta. —Desgraciados... ni siquiera aquí nos podemos librar de los domingueros al volante —masculló Ramiro. Laura prefirió guardar silencio. No quería arruinar el día. Finalmente llegaron a la cumbre de la colina. La vista era espectacular. Había merecido la pena subir hasta allí. Se podía contemplar el valle tapizado de diversos tonos de verde, mezclado con el gris del camino asfaltado que serpenteaba hasta llegar a la cima. A lo lejos divisaron un pantano, mientras el sol desaparecía poco a poco a sus espaldas. Se dieron la vuelta, extasiados ante el espectáculo del astro ocultándose entre las montañas de Gredos, con el pico del Moro Almanzor irguiéndose”
― El color de la maldad
― El color de la maldad






