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Aileen Diolch Aileen Diolch > Quotes

 

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“—Sigues mordiéndote los labios cuando estás nerviosa —señaló.
Em, viéndose pillada in fraganti, dejó lo que hacía y se enfrentó a su captor.
—No estoy nerviosa, yo…
Pero no pudo terminar lo que iba a decir.
La boca masculina se cernió sobre la de ella. Atrapó el labio inferior, dejó que su lengua sanara los pequeños arañazos que se había infringido y la deslizó con suavidad por la boca hasta que consiguió, con una dulce caricia, que Emily le permitiera adentrarse en su húmeda cavidad, arrancándole un gemido de bienvenida. El beso fue lento y suave, todo lo contrario de lo que podría esperar después de la discusión que habían mantenido. Las manos de él se asentaron en su cintura. Las manos de ella se enredaron en el cabello moreno.
Un nuevo beso. Una nueva caricia. Un nuevo suspiro…”
Aileen Diolch, ¿Por qué no?
“—Vale. Está bien. Pero como vuelva a besarme… —Se calló de pronto, tapándose la boca con las manos.
Cuando el cerebro de Eve asimiló lo que su hermana acababa de decir saltó como un resorte.
—¿Saúl te ha besado? —Em negó con la cabeza—. ¿Cuándo? —Volvió a negar—. ¿Anoche? —Negó de nuevo—. ¿Tú le correspondiste?
Emily se levantó de la silla y fue hacia el fregadero, en un vano intento de alejarse de ese interrogatorio.
—Te digo que no pasó nada —mintió.
—¡Tú también le besaste! —afirmó su hermana.
Ella se volvió y la miró.
—Pero no se repetirá —señaló mientras se abrazaba a sí misma.
—¿Por qué? —preguntó con curiosidad.
—Porque no —contestó.
—¿Por qué no? —insistió asomando en su rostro una leve sonrisa.
—Porque no —sentenció seria pero la reacción de su hermana la descolocó.
Eve gritó y comenzó a saltar de alegría por la habitación.”
Aileen Diolch, ¿Por qué no?
“—Rojo… Fuego…
Sus miradas chocaron de nuevo mientras sus resuellos se entrelazaron.
Con lentitud, ella se deshizo de los guantes, atrapó la cremallera de su chaqueta de cuero consiguiendo que el ruido metálico, al bajar poco a poco, resonara entre las cuatro paredes de espejo.
Sus ojos verdes descendieron hasta la férrea boca para a continuación posarse sobre la mirada eléctrica.
Una de las manos del hombre se colocó en la nuca de ella y la otra, con suavidad, se asentó sobre la cadera dejando que sus experimentados dedos acariciaran la nívea piel, visible entre la camiseta y la cinturilla del vaquero.
Las uñas moradas tiraron de la corbata negra, acercando más a su dueño, consiguiendo que sus cuerpos se amoldaran. Su osada cadera se arqueó levemente atrayendo el miembro ya erecto que se acomodó sin ningún problema a la curva sinuosa.
Él tiró de la roja cabellera y levantó su rostro.
—Fuego… —susurró mientras su boca se posaba hambrienta sobre la de su pareja.”
Aileen Diolch, Fuego Rojo
“Estaban juntos de nuevo y esta vez no iba a perderla aunque...
-Tienes que contarle la verdad -reconoció para sí mismo.”
Aileen Diolch, Fuego Rojo
“Habían pasado toda la mañana en la cama. Juntos...

Entre caricias, besos, y risas volvieron a hacerse el amor con más lentitud que la primera vez.

Los jadeos y los suspiros sustituyeron a las palabras. Las miradas que se prodigaron dieron forma a sus sentimientos. Sus manos, sus cuerpos transmitieron todo lo contrario que sus miedos impidieron ofrecerse.

Se habían reencontrado, se habían amado, y Álex temblaba ante el futuro que se le presentaba con León.

[Capítulo 8, Alex y León]”
Aileen Diolch, Fuego Rojo
“León gruñó y atrapó su boca en un beso voraz. No podía resistirse a ella. Sabía que tenía que hablarle de sus sentimientos (...), pero al igual que ella, también necesitaba sentirla, estar en su interior, rodeado de su calor. (...)

Volvió a ponerse encima de Alex y le dió un dulce beso.

- ¿Estas segura?

Alejandra enrolló las piernas en la cintura de él y asintió.

- Te necesito - suplicó.

Y sin mas, León introdujo en su interior su pene ya erecto, arrancándole un gemido natural.

Las manos de Alex se agarraron a sus hombros. Sus uñas se hincaron en su piel. Sus caderas se arquearon recibiendo el pene que entraba y salía de su interior y que conseguía (...) que las sensaciones (...) se arremolinaran en su estómago y su corazón latiera cada vez más veloz.

(...)

Leon atrapó su boca, alimentándose de sus gemidos. Lamió sus labios. Jugó con la lengua de ella. Besó su cuello, lo mordió, lo acarició, y descendió hasta sus pechos donde los pezones enhiestos reclamaban mayor atención. (...)

Las manos de Álex descendieron con lentitud por la musculosa espalda delineando el tatuaje de León hasta sus nalgas, donde en una muda súplica le imploró que aumentara el ritmo.

Su cuerpo sin control, obedeció a la que era dueña de su corazón y comenzó a embestir cada vez con mayor velocidad, (...) hasta que sus gemidos se entrelazaron y sus respiraciones se convirtieron en una. (...)

León estaba enamorado de esa mujer y tenía que confesárselo, fueran cuales fueran las consecuencias.

[Capítulo 13. León y Álex].”
Aileen Diolch, Fuego Rojo

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