José Watanabe
Born
in Laredo, Peru
March 17, 1945
Died
April 25, 2007
Genre
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Animal de invierno y otros 65 poemas sobre la naturaleza y sus criaturas
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Poesía completa
by
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published
2008
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2 editions
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El huso de la palabra
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published
1989
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2 editions
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Cosas del Cuerpo
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published
1999
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2 editions
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La piedra alada
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published
2005
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4 editions
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Antígona
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published
1999
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Album de Familia
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published
1971
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Banderas detrás de la niebla
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published
1999
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3 editions
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Historia natural
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published
1994
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3 editions
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El guardián del hielo
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published
2000
—
2 editions
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“CANCIÓN MÁGICA PARA LA CACERÍA
(Basada en una canción anónima esquimal)
Rena
permanece alta sobre tus piernas, y quieta.
A ti te digo,
a ti que ya presientes mi mano ponderando tu cuerpo.
Esperame: aún no tomo completa decisión,
todavía vacila algún perdido nervio mío.
Detrás de este promontorio de nieve
te he mirado fijamente durante horas
y antes que mi flecha
mis ojos
han hundido en tu corazón el deseo de ser presa.
Si el viento cambia y mi olor de hombre
hace huir a tu manada
sé que tú permanecerás allí, alta sobre tus piernas.
Mira: mi cuerpo ya se levanta, reunido
.......................................y natural,
y sin esfuerzo tensa el arco, contiene la flecha.
Tu gran salto de herida
te confundirá con los animales de alas
y morirás como ellos, entre nosotros y el cielo.
Así cantaré, así diré.
Porque pronto yo seré dos:
el cazador que confirmará su destreza
y el arrepentido
que exaltará con palabras tu muerta belleza.
Ahora gira lentamente, muéstrame el lado del corazón
y ven contenta,
ven siempre contenta, por aquí,
..................................por aquí.”
― El huso de la palabra
(Basada en una canción anónima esquimal)
Rena
permanece alta sobre tus piernas, y quieta.
A ti te digo,
a ti que ya presientes mi mano ponderando tu cuerpo.
Esperame: aún no tomo completa decisión,
todavía vacila algún perdido nervio mío.
Detrás de este promontorio de nieve
te he mirado fijamente durante horas
y antes que mi flecha
mis ojos
han hundido en tu corazón el deseo de ser presa.
Si el viento cambia y mi olor de hombre
hace huir a tu manada
sé que tú permanecerás allí, alta sobre tus piernas.
Mira: mi cuerpo ya se levanta, reunido
.......................................y natural,
y sin esfuerzo tensa el arco, contiene la flecha.
Tu gran salto de herida
te confundirá con los animales de alas
y morirás como ellos, entre nosotros y el cielo.
Así cantaré, así diré.
Porque pronto yo seré dos:
el cazador que confirmará su destreza
y el arrepentido
que exaltará con palabras tu muerta belleza.
Ahora gira lentamente, muéstrame el lado del corazón
y ven contenta,
ven siempre contenta, por aquí,
..................................por aquí.”
― El huso de la palabra
“Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
Y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.”
― Animal de invierno y otros 65 poemas sobre la naturaleza y sus criaturas
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
Y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.”
― Animal de invierno y otros 65 poemas sobre la naturaleza y sus criaturas

























