La idea es leer todos los relatos al mismo tiempo, contemplar todas las palabras de forma conjunta e instantánea. Para ello, lo más recomendable es arrancar todas las hojas de libro y colocarlas sobre la mesa (una mesa considerablemente grande, como la Skogsta o la Mellansel), luego subirte a un taburete, mirada cenital, mirada desenfocada, mirar las palabras como quien mira una bandada de estorninos (no miras un estornino por uno, miras la bandada). De hecho, si te sale bien, verás que las palabras se mueven de forma similar. Si no te sale lo de los estorninos, prueba con pinzones. O con grajillas. Y si todavía sigues sin ser capaz de leerlo en este orden concreto, pues qué sé yo. Prueba a leer palabra por palabra. De izquierda a derecha. Línea por línea. Pero a saber qué pone entonces… no me hago para nada responsable.
La mosca… ¿tú te crees que sigue viva y revoloteando con tantos pájaros sueltos? Pobrita mosca, pobrita…
La mosca… ¿tú te crees que sigue viva y revoloteando con tantos pájaros sueltos? Pobrita mosca, pobrita…