“Todo seguía igual que cuando dio el primer grito dentro de aquel casillero. Quizás ahora el casillero era más grande; esta tenía piscina y jardín, había un grupo de gente paseándose media desnuda y se permitía tener mascotas… Sí, tenía todo tipo de tonterías: museos, cines, clínicas psiquiátricas, pero seguía siendo un enorme casillero de monedas, y por muchas capas de camuflaje que te pongas a traspasar, si es que te da por traspasarlas, al final vuelves a estamparte contra una pared.”
―
Ryū Murakami,
Coin Locker Babies