Sonreí y caminé hacia él. Pasé la mano por su brazo hasta qur entrelacé los dedos con los suyos. Miré nuestras manos unidas, como hizo él.
–Creo que siempre deberíamos tocarnos, Conejo.
–Sí –concordó, su voz rota y ronca.
–De este modo ninguno de los dos se perderá en el País de las Maravillas.
Lentamente, se llevó nuestras manos unidas a los labios, besó mis dedos y dijo:
–Como mi señora ordene
— Jun 10, 2022 07:21AM
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