Ella era la niña de rodillas despellejadas, sentada en un umbral [...]; la de seis años, la de dieciséis años, feroz, indómita, inflamada de sueños, inalcanzable y jamás tocada. Era ella misma. Sin duda, había sido la incansable pensadora y trabajadora, pero un coágulo en una vena la despojó de esa mujer [...] En realidad, sólo quedaban los cimientos. Había vuelto a su casa; nunca se había ido de casa.
— 19 hours, 8 min ago
Add a comment