Pocas veces he sentido tanto asco leyendo un libro como me está pasando con el relato del exterminio ustacha en la red de campos de Jasenovac.
Documentaron 57 formas de matar y la mayoría de presos murieron A MAZAZOS. El ejecutor golpeaba el cráneo, rompiendo los huesos craneales, que se incrustaban en la masa cerebral y vasos sanguíneos. Algunos morían al instante, otros se consumían en una agonía inenarrable.
— Jul 26, 2024 01:26AM
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