"En casa, a las mujeres se les enseñaba que esos deseos eran malos, incorrectos. Los hombres podían satisfacer sus necesidades más bajas y nadie los llamaba «impíos». Eran libertinos, pícaros, escandalosos, pero no se los condenaba al ostracismo por su comportamiento. Un hombre con un apetito sexual saludable era considerado alguien lleno de vitalidad, un partido excelente."
— Dec 01, 2024 10:45PM
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