Leer a Kafka es como caer a un abismo. En el primer cuento, una máquina macabra escribe una y otra vez en el cuerpo de los condenados una frase adjudicada por el oficial que hará que, tras horas de sangrado y dolor por esta tortura, el reo eventualmente quede “iluminado” y redimido.
En La condena, la figura del padre domina al hijo empequeñecido y obediente hasta las últimas consecuencias.
— Mar 04, 2026 12:48PM
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