(...) que la belleza tenía que ser ímpetu, pura energía vital, que la vida no podía ser algo que debías soportar, que era un pecado soñar con un mundo diferente a este. Para ti la belleza era una calle bulliciosa, la estación del tranvía refulgiendo bajo el ardiente sol, un corazón que late con fuerza, los pulmones henchidos de aire, unos labios todavía tibios, el frotar con pasión esos labios contra otros labios.
— Mar 02, 2026 08:14AM
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