(...) y al acariciarlas sentía que por las yemas me entraba ese calor ajeno y propio que vamos dejando en las cosas y que nos es devuelto transformado; compañero, hermano que nos anticipa la dulce tibieza del otro, desconocida y sabrosa, nunca sentida y que habita en la médula de nuestros huesos.
— Mar 16, 2025 09:40AM
Add a comment