Ellos habían crecido demasiado mimados en la Viena sostenida por los demás países de la monarquía, inocentes, hijos ridículamente inocentes de la mimada y celebrada ciudad, capital y sede del gobierno, que, semejante a una araña brillante y tentadora, se asentaba en medio de una poderosa red de un amarillo negruzco, recibiendo ininterrumpidamente la fuerza, la savia y el brillo de los países de alrededor (p. 83).
— Oct 27, 2018 02:57AM
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