Azucena prestaba gratis sus servicios de enfermera, pero quien se atreviera a poner una mano encima de sus firmes carnes debía pagar en dinero constante y sonante, porque no había que confundir el buen corazón con la estupidez, como decía. Este es mi único capital y si no lo cuido estoy jodida, explicaba, dándose alegres palmadas en las nalgas.
— Feb 25, 2024 08:20PM
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