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“Más de una vez yo mismo me lo había preguntado, por qué los mismos milicos que acá en sus tierras perpetraron todas las atrocidades existentes en el catálogo mundial, y agregaron de paso algunas nuevas, no habían cometido en toda la guerra una sola contra los habitantes nativos de Las Islas. Se supone que era por la imagen internacional, pero no terminaba de cerrarme; demasiado racional. Quizás era simplemente que para cometer atrocidades es imprescindible juzgar al otro un inferior, y los kelpers eran demasiado blancos, arios y anglosajones para que los milicos argentinos se atrevieran a pisotearlos.”
― Las islas
― Las islas
“–Todos soñamos con volver. Es difícil de explicar. Yo no volvería ni loco. Pero sueño con volver –hice una pausa–. Ustedes también. –¿Nosotros? –Los que nunca estuvieron. ¿Para qué nos buscan, si no? Nos buscan y nos tienen miedo. Suponen que sabemos algo, que no les queremos decir, y que ustedes no quieren saber; nos envidian porque conocemos el camino y temen que se los revelemos. Dejamos un espacio preciso cuando nos fuimos, pero allá cambiamos de forma, y al volver ya no encajábamos, por más vueltas que nos dieran, en el rompecabezas; volvimos diez mil iluminados, locos, profetas malditos, y ahí andamos, sueltos por las cuatro puntas del país, hablando un idioma que nadie entiende, haciendo como que trabajamos, jugamos al fútbol, cogemos, pero nunca del todo, en algún lugar sabiendo siempre que algo nuestro valioso e indefinible quedó enterrado allá. En sueños, al menos, todos volvemos a buscarlo. ¿Entendés? No es el criminal el que vuelve al lugar del crimen. Es la víctima, bajo la tiránica esperanza de cambiar ese resultado injusto que la dañó. Andá a preguntarle a los ingleses. ¿Cuántos te crees que quieren volver? Somos nosotros, los perdedores, los triturados, los que gritamos “volveremos volveremos” cada vez que hay alguien que quiera escuchar. ¿Qué puede interesarle la revancha al ganador? El infierno nos marcó de tal manera que creemos que volviendo lo haremos paraíso, y a la noche nos despertamos llamando papá a los demonios que nos clavaban arpones riendo. ¿Sabés por qué todavía, diez años después, seguimos disfrazándonos de esta manera, reuniéndonos para organizar expediciones imposibles, reconstruyendo hasta el segundo cada uno de aquellos días que lo mejor sería olvidar? Estamos infectados, entendés, las llevamos en la sangre y nos morimos de a poco, como los chagásicos. ¿No las viste, que son iguales a pólipos? Cada año que pasa, se extienden un poco más, como esas manchas en la pared. Trauma de guerra, trauma de guerra, no es tan fácil. Estamos enamorados hasta la médula, y las odiamos. Fetichistas, adoramos una foto, una silueta, una bota vieja. No es verdad que hubo sobrevivientes. En el corazón de cada uno hay dos pedazos arrancados, y cada mordisco tiene la forma exacta de Las Islas. Tratamos de llenarlos con las cosas de acá, pero es como taparlos con estopa. ¿Sabés cuántos de nosotros nos suicidamos por ese amor?”
― Las islas
― Las islas
“Me estaba empezando a alterar las neuronas esa costumbre suya de hablar en plural, como si fuera dos personas y no una. Quizás lo sea, pensé mirándolo bien. Se habrá fagocitado a su esposa como una ameba–.”
― Las islas
― Las islas
“Ya está. La cagaste otra vez. Hoy tampoco pudiste. Olvidate. Quedate en cama, revolcate en tu sueño como un cerdo, no salgas ni veas a nadie. Esta noche, cuando el insomnio te tenga levantado hasta el amanecer y sientas que te estás convirtiendo en un extraterrestre que ya no puede salir al mundo exterior, te vas a acordar de lo que te dije hoy. Ahora, seguí. Ni se te ocurra levantarte: el mal ya está hecho y por lo menos disfrutá –ja– de un par de horitas de sueño más.”
― Las islas
― Las islas
“Despertate. Es la hora. Despertate. Tenés muchas cosas que hacer. Muchísimas. Si no te despertás ahora vas a estar todo el día corriendo, te va a salir todo mal y te vas a odiar por no haberte levantado a tiempo. Si lo hacés ahora vas a tener tiempo para ducharte y desayunar tranquilo leyendo el diario, y después te vas a sentir re bien caminando por las veredas soleadas, viendo gente, todo el día por delante para aprovechar. Si te levantás tarde como todos los días vas a salir sucio y con hambre, el resto del día te va a picar la barba y molestar el cuello de la camisa, afuera va a estar lluvioso y los colectivos van a seguir de largo cuando saques la mano para pararlos. Vas a tener que tomar un taxi y gastar plata para llegar tarde igual, a donde sea; los clientes te van a recibir con cara de orto y te van a discutir el precio, o van a haber llamado a otro. A última hora, después de un día de mierda, tenso y con dolor de cabeza de no almorzar, vas a tener que llamar a los restantes y avisarles que hoy no vas a poder llegar, les vas a dar turno para mañana que entonces va a estar atestado y no vas a poder cumplir tampoco, aunque te levantes tempranísimo, que por supuesto no vas a hacer porque si no lo hiciste hoy, que por ahora es más o menos tranquilo, ¿cómo vas a hacerlo mañana, que va a ser un día de locos por no levantarte a tiempo hoy? Tranquilo es un decir, ya es menos tranquilo que hace diez minutos, cuando deberías haberte levantado. Y cada día peor, en progresión geométrica; es increíble cómo sabiendo que estás arruinando tu vida por quedarte en la cama no saltás de ella ya mismo. Si por lo menos disfrutaras con seguir durmiendo, pero estás padeciendo cada minuto, y este padecimiento no es nada comparado con el que te espera cuando te levantes tarde, los ojos hinchados de dormir de más, la boca pastosa, los dientes doloridos de rechinar en sueños; el día arruinado aun antes de empezar.”
― Las islas
― Las islas
“Ahí están todos; amigos, conocidos, vecinos, hasta enemigos, en la porción de suelo malvinense que lograron conquistar. Todo mi mundo había terminado por caber en ese pozo y tras terminar clavo la pala en tierra y busco algo para hacer una cruz.”
― Las islas
― Las islas
“por más esfuerzo que hiciera no podía perdonarles que siguieran recordando la guerra como un viaje de egresados prolongado y más emocionante,”
― Las islas
― Las islas
“Estaba sentada en el medio del sofá, bajo la luz directa del velador, muy erguida, las piernas tocándose en las rodillas, los brazos rectos en ángulo a ambos lados del cuerpo, el pelo en cascada sobre los hombros: una reina en su trono, despidiendo al vasallo que sólo podía alejarse caminando hacia atrás, impedido de darle la espalda. Los puntos de luz brillaban cada vez con mayor intensidad, cegadores, mientras el resto de su cuerpo entraba gradualmente en la penumbra, eclipsándose. No podía dejar de verla como esos dibujos de las constelaciones en los mapas del cielo: el agrupamiento azaroso de estrellas la única, punzante realidad; las rectas trazadas entre ellas y las figuras animales o humanas circundándolas, apenas fantasmas proyectados por la imaginación para poblar la negrura helada del espacio. Cerré los ojos y, atravesando mis párpados, permanecieron en ellos los puntos de luz, clavados como alfileres incandescentes en mi retina.”
― Las islas
― Las islas
“No era difícil de entender, después: los guerreros eran tanto argentinos como ingleses, mezclados; acariciados por la mano del tiempo hasta volverse casi indistinguibles; y si de ellos emanaba como un aura la certeza de ser los verdaderos dueños de la tierra, los que ningún ejército podría expulsar, era porque en esos picos, encendidos por el último rayo de sol estirado sobre la sombra de las llanuras ondulantes, solamente habitaban los muertos.”
― Las islas
― Las islas
“y aunque era todo muy ridículo y en otro momento me habría causado una gracia enorme, ahora me resultaba más bien triste, me deprimían mis propios chistes después de hacerlos.”
― Las islas
― Las islas
“–Vos sos gobernador de una isla. En la isla hay un río, sobre el río cruza un puente, al cabo del puente hay una horca. Todo el que quiere pasar debe decir adónde va; si dice la verdad, pasará libremente; si miente, colgará de la horca. El sistema funciona admirablemente, hasta que un día llega un hombre que dice venir a ser colgado en la misma horca. ¿Ves cómo viene? Si deciden colgarlo, decía la verdad y no merece morir; si no muere, mentía y es obligación colgarlo. ¿Qué hacés?”
― Las islas
― Las islas




