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“Especular es una de las lindas ocupaciones de la vida. Significa hablar de todo sin saber nada.”
― Miller y Giménez
― Miller y Giménez
“—Tú, en cambio —prosiguió Miller— Eres más bien como un tamal. Amorfa. De lejos, y a veces hasta de cerca, es difícil saber si eres veco o ptitsa. Por eso prefiero catalogarte como un tamal. Y los tamales deben de andar entre tamales, sabes.”
― Miller y Giménez
― Miller y Giménez
“Porque sólo la noche es interesante. Sí sí, sólo la noche es inmoral.”
― Miller y Giménez
― Miller y Giménez
“Algo.
En estos días, tienes que ser "algo" con alguien si no quieres ser "nada" con alguien. Por lo mismo, nuestra "relación", si es que puede llamársele "relación" a lo que teníamos, bueh, podía decirse que era clandestina. Poco nos importaba, sin embargo, lo que dijeran los demás. Porque nos teníamos. Nos teníamos y no nos íbamos a dejar ir (...) El consenso entre las diferentes voces que opinaban en mi cabeza había sido atribuir su conducta a las hormonas, pero yo le concedía todas las razones a la voluntad. Veloe era quien era porque así quería ser.
Lo que comenzó como una inocente comida de vengan-a-conocer-a-mi-nuevo-novio, se transformó en un "cándido afecto" que, con el paso de los meses, se convirtió en un "frondoso encanto", el cual terminaría en una "loca infatuación". Un año después de subirme a aquel elevador, Veloe y yo nos amábamos hasta las lágrimas.
Dicen que a las mujeres no hay que entenderlas sino amarlas, y en verdad que su amable y atento servidor no podría estar en desacuerdo con esa sagrada afirmación; pero yo no sólo amaba a Veloe, sino que la leía. Aprendí a leer a Veloe como a nadie; podía leerla con la tibia luz de la lámpara de la mesa de noche o con el sol quemante de las playas de Oaxaca, tirado en un camastro, cavando surcos en la arena con los pies. Podía leerla en el tren subterráneo, rodeado de parroquianos, o en la paz de la santa capilla, tirado en la alfombra, de pie o sentado, de cabeza o sobre las puntas de los dedos, exhausto o recién levantado, en ayunas, después de una pesada comida, lejos, en braille o con letra script.
Entendí que es cosa complicada aprender a leer a una mujer, y que es tarea que puede extenderse por años. Por vidas enteras. Algunas mujeres son libros pequeños, de bolsillo, fácilmente manejables. Otras son pesados, de pasta dura, con el gramaje grueso y poco amable con los dedos. Algunas tienen prólogo y otras epílogo, y unas cuantas ambos. Algunas carecen de forros o están deshojadas. Nadie puede leer a todas las mujeres del mundo así como nadie puede leer todos los libros del mundo. Y del mismo modo que, dicen los románticos, ciertos libros nos escogen, algunas mujeres nos eligen, en silencio, y esperan a que las leamos...
-Pixie (3) de Ruy Xoconostle W. (fragmento)”
― Pixie 3
En estos días, tienes que ser "algo" con alguien si no quieres ser "nada" con alguien. Por lo mismo, nuestra "relación", si es que puede llamársele "relación" a lo que teníamos, bueh, podía decirse que era clandestina. Poco nos importaba, sin embargo, lo que dijeran los demás. Porque nos teníamos. Nos teníamos y no nos íbamos a dejar ir (...) El consenso entre las diferentes voces que opinaban en mi cabeza había sido atribuir su conducta a las hormonas, pero yo le concedía todas las razones a la voluntad. Veloe era quien era porque así quería ser.
Lo que comenzó como una inocente comida de vengan-a-conocer-a-mi-nuevo-novio, se transformó en un "cándido afecto" que, con el paso de los meses, se convirtió en un "frondoso encanto", el cual terminaría en una "loca infatuación". Un año después de subirme a aquel elevador, Veloe y yo nos amábamos hasta las lágrimas.
Dicen que a las mujeres no hay que entenderlas sino amarlas, y en verdad que su amable y atento servidor no podría estar en desacuerdo con esa sagrada afirmación; pero yo no sólo amaba a Veloe, sino que la leía. Aprendí a leer a Veloe como a nadie; podía leerla con la tibia luz de la lámpara de la mesa de noche o con el sol quemante de las playas de Oaxaca, tirado en un camastro, cavando surcos en la arena con los pies. Podía leerla en el tren subterráneo, rodeado de parroquianos, o en la paz de la santa capilla, tirado en la alfombra, de pie o sentado, de cabeza o sobre las puntas de los dedos, exhausto o recién levantado, en ayunas, después de una pesada comida, lejos, en braille o con letra script.
Entendí que es cosa complicada aprender a leer a una mujer, y que es tarea que puede extenderse por años. Por vidas enteras. Algunas mujeres son libros pequeños, de bolsillo, fácilmente manejables. Otras son pesados, de pasta dura, con el gramaje grueso y poco amable con los dedos. Algunas tienen prólogo y otras epílogo, y unas cuantas ambos. Algunas carecen de forros o están deshojadas. Nadie puede leer a todas las mujeres del mundo así como nadie puede leer todos los libros del mundo. Y del mismo modo que, dicen los románticos, ciertos libros nos escogen, algunas mujeres nos eligen, en silencio, y esperan a que las leamos...
-Pixie (3) de Ruy Xoconostle W. (fragmento)”
― Pixie 3
“Frank Chibi.
Pero él ya no es Frank Chibi.
Ahora es Tezcatlipoca, el Oscuro Señor del Universo, el Enemigo del Sur, el Enemigo del Norte, el Señor de las batallas, el Señor del Espejo Humeante, el Jinete Oscuro.
En unos días, todo lo que está arriba, abajo, a su izquierda y a su derecha, adentro y afuera, todo lo visible y lo invisible, será suyo.
Y Tezcatlipoca seguirá creciendo, hasta devorar al mundo y hasta que no quede nada más.
Y así comienza.”
― Hackers de arcoíris: Hotel Overlook
Pero él ya no es Frank Chibi.
Ahora es Tezcatlipoca, el Oscuro Señor del Universo, el Enemigo del Sur, el Enemigo del Norte, el Señor de las batallas, el Señor del Espejo Humeante, el Jinete Oscuro.
En unos días, todo lo que está arriba, abajo, a su izquierda y a su derecha, adentro y afuera, todo lo visible y lo invisible, será suyo.
Y Tezcatlipoca seguirá creciendo, hasta devorar al mundo y hasta que no quede nada más.
Y así comienza.”
― Hackers de arcoíris: Hotel Overlook
“Otra escotilla, pero en el suelo, estaba abierta. El Dr. Marvik la señaló con los ojos. “Síganme si quieren vivir.”
― Hackers de arcoíris, vol. II - Código: Indra
― Hackers de arcoíris, vol. II - Código: Indra






