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Pablo Montoya Pablo Montoya > Quotes

 

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“Cadavid sospechó que la suya era una ciudad sitiada por una peste que no venía de afuera sino de su interior.”
Pablo Montoya Campuzano
“Nadie, en fin, puede ser del todo bueno en la geografía cultural de un país como el suyo. Pero qué bondad puede existir en un hombre que pensaba que había que respetar la ley por encima de cualquier cosa, así lo que resultara de ello fuera catastrófico. Su frase celebérrima, las armas dieron la independencia, las leyes darán la libertad, es un acertijo que aún no se comprende cabalmente. Sé que la independencia fue de España, pero ignoro de cuál libertad se trata”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Mientras pasaron por la universidad, vivieron sometidos a un goce de los sentidos que osciló siempre entre el escándalo, el frenesí y la ensoñación. Un goce que justificaba su rebeldía frente al país pacato y pendenciero que les había tocado.”
Pablo Montoya Campuzano, Los Derrotados
“Hilarión, así es la vida, así era él, vivía descontento con el cargo de director del Jardín Botánico de Madrid. De hecho, como buen antioqueño, era malagradecido hasta el descaro y ambicioso hasta la voracidad”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“La desconfianza, revestida de buenos modales, es lo que hace de Santafé un infierno singular.”
Pablo Montoya Campuzano, Los Derrotados
“Su triunfo más descomunal, sin embargo, es la herencia que hemos tenido que soportar a lo largo de estos años nefastos. Su sueño libertario que no demoró en convertirse en pesadilla. Las guerras sin fin, los ubicuos payasos militares que en su utopía colombina se dan como conejos en una conejera, las tiranías ridículas, pero sangrientas, las proclamas en donde se obligan a los niños y a los viejos a tomar las armas, los reclutamientos colectivos del pueblo para lanzarlo al matadero de la gloria, los decretos de la corruptela barnizados con lenguaje rimbombante. Y los himnos y las canciones y las bandas que no se cansan de darle al redoblante y a los cornetines artilleros. Toda la marcial pedantería, con toques de opereta que ha gobernado nuestros destinos minúsculos, se la debemos entera a su inteligencia elevada”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Bolívar ni siquiera habló con él. En el fondo, el caraqueño desconfiaba de los negros, de los mulatos, de los zambos. Quizás por ello nunca se decidió a liberar a los esclavos de su república racista. Con ello le incumplía la promesa hecha a Alexandre Pétion, el haitiano que le había dado apoyo con esa condición. Y en lo que tiene que ver con los indígenas, Bolívar sentía por ellos una mojigata compasión idílica. Si le hubieran puesto a escoger a quién darle las tierras baldías de su gran Colombia, si a los militares de su ejército glorioso o a los siempre expoliados indios, con su espada de Damocles señalaría, y en efecto así lo hizo, a sus malandros compañeros de profesión”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Antonio Baraya, por tal razón, es mi general preferido. Ojalá todos fueran como él: equívoco, ingenuo, poblado de buenos sentimientos. A todas sus campañas las nimbó algo semejante a la torpeza y siempre se comportó como un digno perdedor. Después de los vencimientos, era lo usual en su carácter, iba a su casa para pasar en compañía de su esposa Isabel los reveses deparados por la mala estrella. Se consolaba en sus hombros, en el seno maternal, e ignoraba que lo grandioso en él era justamente la poquedad de muertos que dejaban sus batallas”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Todos los militares se vieron cubiertos de bazofia en los peores momentos de la guerra independentista; pero Santander, ese es uno de los méritos que poco le celebran, se mantuvo siempre pulcro. Su limpieza, sin embargo, era exterior porque, desde su puericia, tenía el alma envilecida por la ambición y el poder”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Otra la delineaba el propósito de estos heraldos contemporáneos del crimen. Le dijeron a una clase dirigente tradicional, atravesada de solemnidades aristocráticas y cimentadas sobre un aparato burocrático infecto, que ellos tenían no solo poder económico y militar, sino también serias intenciones políticas.”
Pablo Montoya Campuzano
“Al aprendiz le agradó su atmósfera desde el principio. Entre el polvo acumulado y el olor del vino y el queso, se deslizaba una fragancia de madera concentrada que se unía al olor de los manuscritos y las tintas.”
Pablo Montoya, Tríptico de la infamia
“Y el espasmo los arrojaba a la cima por fin alcanzada que era, a su vez, el comienzo de un delicioso vacío”
Pablo Montoya Campuzano
“El presidente del país fue indiferente a los llamados de sus jueces supremos. En un acto inesperado, de cobardía o impotencia, su presencia se tornó invisible”
Pablo Montoya Campuzano
“El presidente del país fue indiferente a los llamados de sus jueces supremos. En un acto inesperado, de cobardía o impotencia, su presencia se tornó invisible.”
Pablo Montoya
“La locura no es perder el sentido, sino encontrarlo exacerbado en todas partes”
Pablo Montoya Campuzano
tags: locura
“En vez de fraguarse el apoyo del pueblo, él y sus amigos doctores de Santafé, para repartirse el reino se habían dedicado a matarse en batallas memas que suponían grandísimas. El pueblo se percató, y agrandaba sus ojos de avechucho, era un aliado del rey de España. Esa masa bruta y fea no quería saber nada de los criollos ilustrados, de las almibaradas frases sobre la libertad pronunciadas por los abogados, de los nobles corruptos con los que Colombia iniciaba su pútrida historia política”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Mientras mis dedos se hunden en el pelo de los gatos, concluyo que no hay ningún paraíso terrestre. Solo basta una comunidad de hombres que habite cualquier espacio para darse cuenta, tarde o temprano, de que somos los verdaderos portadores de la desgracia personal y colectiva.”
Pablo Montoya, Tríptico de la infamia
“abandonarse del tiempo es alejar los hábitos. Y dejar los hábitos es aproximarse a la muerte.”
Pablo Montoya Campuzano, Lejos de Roma
“• En las mañanas de los domingos iban a la plaza de mercado para comprar esos tubérculos que jamás habían comido en sus dietas de frijoles, arroz, plátano maduro y carnes frías. Lo que se les manifestaba, en las salas de un edifico republicano devastado por la negligencia de la administración municipal, era una serie de nombres extraños. Los cubios, las hibias, las rutas resplandecían con unos colores pomposos. Las mazorcas oscilaban del blanco al amarillo y de estos al púrpura y al negro... La plaza olía a pantano, a bebidas agrias, a fritadas de vaca y cerdo. En las grabadoras sonaba la música de Carranza, y hombres enrayados y de sombrero bebían cervezas, cuyas botellas acumulaban en las mesas de las cantinas.”
Pablo Montoya
“No demoró mucho en sentirse perdido en el país recién creado. Percibía que las guerras de la independencia era la causa del retraso y la pobreza. Si antes hubo corrupción, majadería y violencia, ahora estas circunstancias parecían quintuplicadas. Una herencia tentacular y asfixiante que quienes la recibían -curas, milicianos y funcionarios estatales- aumentaban hasta el marasmo. La militarización de la vida cotidiana, implantada por los libertadores, significaba estar en el centro de un infierno”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“Los dos gatos que me acompañan ahora significan, además de los fantasmas que desde hace años me acosan, uno de mis pocos modos de aferrarme al mundo. A ese mundo que alguna vez estuvo nimbado de felicidad y que me fue cercenado brutalmente. En este preciso instante hago una pausa en la escritura, tomo el vaso de vino de las noches, y a mis pies siento el tibio ronroneo de mis dos pequeños dioses misteriosos. Les acaricio las orejas, les rasco el cuello y hundo los dedos en sus costados. Me miran, con los ojos entreabiertos, suspendidos en la delicia, y cierran los ojos con una aquiescencia que solo ellos son capaces de expresar.”
pablo montoya, Tríptico de la infamia
“No es exagerado decir que la capital del reino es un paraje donde los seres humanos tienen dos posibilidades de existencia: humillar o ser humillado.”
Pablo Montoya Campuzano, Los Derrotados
tags: bogota
“No me queda la menor duda de que Rústico, enseñanza que me habría de transmitir en los años en que fui su discípulo, creía que la máxima aspiración del estoicismo era la resistencia del ser humano ante todas las dificultades.”
Pablo Montoya, Marco Aurelio y los límites del imperio
“A Humboldt, en fin, se le considerará como un nuevo descubridor de América; el verdadero, si se le compara con la avidez mercantil, el delirio mesiánico y la estulticia intelectual de Cristóbal Colón. Caldas será tan solo un mártir equívoco que los colombianos siguen homenajeando con admiración desproporcionada.”
Pablo Montoya Campuzano, Los Derrotados
“La revolución era la única que podría conducir al derrumbe definitivo de los gobiernos explotadores, fuesen liberales o conservadores, que mantenían a Colombia sumida en la miseria.”
Pablo Montoya Campuzano, Los Derrotados
“¿La patria dirigida por una Corona que se ha mostrado mezquina con sus colonias? No, de esa patria rústica Caldas no quiere saber nada. Está hecha de una sustancia burocrática y teológica que el había deplorado desde los primeros días en que su vocación de naturista se manifestó con fuerza. Pero tampoco podían ser su patria, y ahora lo siente con seguridad irrebatible, estas luchas que buscan la libertad en medio de un desorden hecho de odios intestinos.”
Pablo Montoya Campuzano, Los Derrotados
“¿Quién ha tenido, durante estos años de sombras, la oportunidad de mirar esa cara que yo, desde mi memoria destrozada, intento no borrar del todo?”
Pablo Montoya Campuzano, Tríptico de la infamia
“Antonia sentía que el corazón le vibraba de orgullo cuando los realistas le decían guerrillera. “¡guerrillera!”, escuchaba. Y ella amaba más que nadie esa condición suya, despreciable y marginal, en tierras de injusticia”
Pablo Montoya, Adiós a los próceres
“La verdad es que jamás se acostumbra uno a estas atmósferas en las que Cristo, símbolo de una supuesta concordia universal, era el fuego que atizaba los rencores”
Pablo Montoya Campuzano, Tríptico de la infamia
“La nobleza era una confluencia de genes familiares, bendecida por la religión y aprobada por las cortes...”
Pablo Montoya Campuzano

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