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“En la memoria de Polonio la palabra nadien se había clavado, insólita, singular, como si fuese la suma de un número infinito de significaciones. Nadien, este plural triste. De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien.”
― El apando
― El apando
“Meche no podía formular de un modo coherente y lógico, ni con palabras ni con pensamientos, lo que le pasaba, el género de este acontecer enrarecido y el lenguaje nuevo, secreto y de peculiaridades únicas, privativas, de que se servían las cosas para expresarse, aunque más bien no eran las cosas en general ni en su conjunto, sino cada una de ellas por separado, cada cosa aparte, específica, con sus palabras, su emoción y la red subterránea de comunicaciones y significaciones, que al margen del tiempo y del espacio, las ligaba a unas con otras, por mas distantes que estuviesen entre sí y las convertía en símbolos y claves imposibles de ser comprendidas por nadie que no perteneciera, y en la forma mas concreta, a la conjura biográfica en que las cosas mismas se autoconstruían en su propio y hermético disfraz. Arqueología de las pasiones, los sentimientos y el pecado, donde las armas, las herramientas, los órganos abstractos del deseo, la tendencia de cada hecho imperfecto a buscar su consanguinidad y su realización, por mas incestuoso que parezca, en su propio gemelo, se aproximan a su objeto a través de una larga, insistente e incansable aventura de superposiciones, que son cada vez la imagen más semejante a eso de que la forma es un anhelo, pero que nunca logra consumar, y quedan como subyacencias sin nombre de una cercanía siempre incompleta, de inquietos y apremiantes signos que aguardan, febriles, el instante en que puedan encontrarse con esa otra parte de su intención, al contacto de cuya sola presencia se descifren. Así un rostro, una mirada, una actitud, que constituyen el rasgo propio del objeto, se depuran, se complementan en otra persona, en otro amor, en otras situaciones, como los horizontes arqueológicos donde los datos de cada orden, un friso, una gárgola, un ábside, una cenefa, no son sino la parte móvil de cierta desesperanzada eternidad, con la que se condensa el tiempo, y donde las manos, los pies, las rodillas, la forma en que se mira, o un beso, una piedra, un paisaje, al repetirse, se perciben por otros sentidos que ya no son los mismos de entonces, aunque el Pasado apenas pertenezca al minuto anterior.”
― El apando
― El apando
“La memoria del sexo –y todavía más, la memoria del sexo perdido– es peor en la viveza y en la tangibilidad, en los sentidos y en el espíritu, que el sexo mismo. No hay lamentaciones bastantes, ni rabia, para dolerse por completo de ese paraíso del mal, de ese tóxico sombrío de piernas, de vientres, de senos, de respiraciones, en que el recuerdo se quema.”
― Los muros de agua
― Los muros de agua
“Rechazo cualquier automatismo, cualquier pérdida de la conciencia, cualquier motivación que trate de apartar el espíritu de su vigilia.”
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“Elevated to the status of a credit subject, the consumer believes [in the myth of credit] to see in this fact his own human realization and that of his social dignity. The commodity fetishism embodies in his person as the fetish of being, to whom credit gives a sensible and objective reality: the consumer sees himself in credit as in a mirror reflecting all the human attributes emanating from possession - respectability, honesty, occupational activity, recognized and weighed by social consensus...”
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