Paula Bombara's Blog

September 4, 2024

La voz de las infancias – Una tarde lluviosa en la Legislatura Porteña

04 de septiembre de 2024, Día Internacional del Detenido-Desaparecido

Nunca había entrado a la Legislatura de mi ciudad. Es un edificio majestuoso, un palacio, construido en 1931, a pasos de la Plaza de Mayo, a pasos del colegio donde hice la secundaria, a pasos de muchos lugares que transite mil veces. Y sin embargo, no lo conocía.

A quien sí conozco es a Victoria Montenegro, hija de desaparecidos, como yo; que recuperó los restos de su padre gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense, como yo; abogada, legisladora que voté, que escucho con atención, admiración y cariño en cada aparición que hace. Ella me invitó a ser parte de un panel de hijas de desaparecidos, pero no para hablar de mi padre y de mi madre sino para hablar de la niña que fui, de lo que quedó grabado en mí de ese tiempo tremendo que comenzó cuando me secuestraron junto a mi madre y, de algún modo, no ha terminado todavía. Algo de eso escribí el año pasado en la revista Haroldo (“Del tiempo que fui huérfana”).

Me tocó hablar casi al final, luego de escuchar intervenciones muy agudas, inteligentes, comprometidas, esperanzadoras.

Antes, mientras escuchaba a quienes me precedieron, fui escribiendo lo que más se apegaba a lo que había preparado para decir y pensaba en quienes nos estaban escuchando. Qué difícil escuchar tanto en tan poco tiempo.

Cuando fue mi turno, decidí ser breve y dejar para después, para este espacio, lo demás. Ese es el gran, enorme, privilegio que tenemos quienes escribimos: la página blanca esperándonos, el tiempo expandiéndose, desdoblándose, escindiéndose del pasado y del futuro, siempre presente en el momento en que es leído.

Dije, luego de retomar algunas ideas de Ángela, de Raquel, de Ernesto, de Lucía, de Analía, de Alejandra, que creo que nuestras infancias desaparecieron cuando desaparecieron nuestros padres y madres. Aquellas infancias que deberían haber sido, desaparecieron con nosotras, con nosotros. En su lugar comenzamos a construir otras, marcadas para siempre por la incertidumbre y la soledad, por la sospecha y una gran capacidad de adaptación, por un optimismo inexplicable, como varias compañeras dijeron, y un espíritu de búsqueda de justicia perenne, profundo, inacabable.

Conté que esa misma mañana había estado en una escuela de las tantas que recorro anualmente, que las infancias de hoy nos comprenden muy bien porque también hoy les falta justicia, les faltan padres y madres, les faltan respuestas. Dije también que encontrarme en las escuelas con las frases “Son 30.000” y “Yo recuerdo a tu papá y gracias a él, a los otros 29.999”, adaptación libre del final de mi novela El mar y la serpiente, me emociona hondamente porque encuentro ahí un puente vivo entre mi generación y las que nos continúan.

Eso fue lo último que dije el viernes 30 de agosto.

Agrego hoy aquí, unos días después:

Ser víctima del terrorismo de Estado dos veces, una indirecta y otra directa, entre mis 3 y mis 5 años; haber estado en poder de los genocidas y que ellos decidieran que me quedara con mis abuelos; haber sido de las niñas que conservaron su identidad; saber que amenazaron a mi madre muchas veces durante su tiempo desaparecida con todo lo que me harían a mí si ella no colaboraba; todo eso junto y cada una de esas acciones por separado entraron en mí con el filo de una cuchilla de carnicero; se transformaron en puntazos de dolor que oscurecieron mi juventud.

Con el paso del tiempo, esa fuerza que no sé de dónde cuernos brota, esa alegría intrínseca que me caracteriza, el amor de mi familia y de mis amigas y amigos, la lectura, la música, el disfrutar de la naturaleza, hicieron que menguaran los dolores físicos y emocionales y que se diluyera la sensación horrorosa de soledad. Más tarde llegaron la escritura y los hijos, lo mejor de mi vida.

Las heridas pueden parecer cicatrizadas por fuera, pero permanece un punto en carne viva, en emoción viva, rodeado de vacío. Hay momentos en que duele tanto que me arrancaría partes del cuerpo para llegar ahí y ver si lo que hay es una infección, una inflamación, un desgarro, o qué.

Sé que, si se pudiera hacer tal cosa, al llegar al vacío encontraría eso: vacío. Es esa nada la que duele. Esa nada densa, que parece tironear todo lo que le rodea hacia sí, un agujero negro que me recuerda que todo lo que vamos descubriendo en la física del universo también está en el infinito de nuestra emocionalidad.

Hace tiempo, hace mucho tiempo, me di cuenta de que no estoy sola. De que somos muchas y muchos los que seguimos padeciendo esas ráfagas de tiempo donde vuelven recuerdos como puñaladas y la oscuridad se siente más densa que el mercurio.

El panel del 30 de agosto fue un gran momento porque terminamos una jornada lluviosa, húmeda, pegajosa, compartiendo recuerdos, lágrimas, nudos en las gargantas, deseos, esperanza e ironías más que necesarias para abrirnos paso hacia la alegría de estar ahí, abrazándonos y sonriendo de verdad.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on September 04, 2024 03:55

August 31, 2024

Una biblioteca escolar con mi nombre

¡Qué honor! Y qué irreal se siente semejante honor.

¿Por qué mi nombre entre tantos otros nombres?

La historia comienza hace ya varios años, cuando el cuerpo docente de la Escuela Primaria Nro. 129 de González Catán, provincia de Buenos Aires, decidió que la biblioteca escolar necesitaba un nombre elegido por la propia comunidad. Decidieron que sería el nombre de un escritor o escritora que las chicas y los chicos hubieran leído o estuvieran leyendo y también, que serían ellas y ellos quienes se ocuparían de llevar adelante todo el proceso electoral.

Me contaron que, además de leer algunos de nuestros libros, los sextos grados junto a la bibliotecaria de entonces, Viviana Ubiedo, organizaron una campaña para cada nombre propuesto y que cada grupo recorrió los grados argumentando por qué la biblioteca debía llevar tal o cual nombre. Armaron una urna, pusieron fecha, se realizó la votación grado por grado. También votaron las familias, las maestras, la bibliotecaria, incluso la supervisora del distrito.

Mi nombre fue el más votado. Resulté elegida. Los resultados se compartieron en la cartelera escolar para que todas las familias lo supieran.

Me avisaron, me pareció increíble. Brindamos a la distancia y quedamos en que lo haríamos efectivo cuando visitara la escuela.

Luego vino la pandemia y tras la pandemia, complicaciones. El tiempo, el agua, el gas, imprevistos que le pusieron suspenso a la inauguración.

Finalmente, el viernes 30 de agosto de 2024 sucedió el encuentro y pudimos festejar. Una artista local, Viviana Berón, realizó los murales de ingreso a la biblioteca. Por dentro, muchos otros poblaron las paredes. Allí hay diseños que remiten a El mar y la serpiente, La tía, la guerra, La chica pájaro, La desobediente, Dos pequeñas gatas japonesas, “Manuel no es Superman”, Emi+Emi… Y claro, habiendo escrito Muralistas, no podía ser de otra manera.

Hablamos con las chicas y chicos de sexto que los pintaron sobre lo que sintieron al dejar esa huella. Pero antes, hablamos con las chicas y los chicos de todo el colegio sobre mis libros, sobre qué significa ser escritora, sobre qué les pasa a ellas y a ellos con las historias que invento, sobre lo importante de compartir lecturas, de conversar y pensar con otros y otras.

Fue una mañana inolvidable. Fue una alegría. Fue un sueño que no me animé a soñar, que pasó directo en la vida. ♥

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on August 31, 2024 13:30

July 18, 2024

Esto es lo que leí en las 32as. Jornadas para Docentes y Mediadores de Lectura “Comprender libros, leer mundos”. 32a. Feria del Libro Infantil y Juvenil – CABA

Mesa: “Narrativa y violencia de género: de la realidad a la ficción”
Algunas reflexiones sobre las violencias naturalizadas

A 30 años del atentado a la AMIA, el mayor atentado terrorista que sufrió el pueblo argentino, nos reunimos a hablar sobre violencia. Violencia es también la impunidad y la falta de justicia. Mi solidaridad, mi acompañamiento y mi abrazo a las familias de las víctimas en este día. Y mi deseo de que sigamos buscando justicia hasta encontrarla, ojalá en el futuro próximo.

El 6 de julio, hace un par de semanas, los diarios informaron que de las 146 personas contratadas para atender la línea 144 fueron despedidas 75. Y, además, que ya no es una línea que asiste casos de violencia contra las mujeres sino casos de violencia en general. Actualmente hay 71 personas en horarios rotativos para atender las 24 hs, los 7 días de la semana, los llamados por casos de violencia de todo el país. Un país en el que, entre enero y mayo de este año, hubo un femicidio cada 32 hs.
Me veo en el compromiso de decir también acá que desde principios de 2024 la mayoría de las políticas públicas que contienen las situaciones de violencia contra las mujeres, adultas, jóvenes y niñas, cis y trans, están siendo desfinanciadas, desarticuladas, a pesar de los peligros que esto concierne y que ya estamos observando.
¿Qué tiene que ver esto con la cultura, con la literatura infantil y juvenil?
Por un lado, y trayendo a la mesa las palabras de mi querida Liliana Bodoc, palabras que suscribo absolutamente, “arte, educación y política son conceptos entramados y dependientes”.
Por el otro, comenzar así mi exposición refiere a esta convocatoria puesto que dicha decisión política es un modo de violencia que nos toca a todas las mujeres y a todas las personas que somos parte de la comunidad cultural y educativa argentina, puesto que tenemos la responsabilidad de educar respetando la convención por los derechos de los niños, las niñas y las y los adolescentes a la que suscribe nuestra constitución nacional.

Me interesa hablar del lenguaje. Del lenguaje que usamos para construir nuestras ficciones y del lenguaje que usamos para comunicarnos tanto en la vida pública como en la vida privada.
Empecemos reflexionando primero sobre ese límite tan difuso que existe hoy en día entre lo privado y lo público. Esas palabras que, “accidentalmente”, se escuchan en las transmisiones en vivo de las redes sociales o se leen en los chats grupales. Expresiones que entrañan una violencia naturalizada en ciertos grupos de pertenencia.
La violencia aceptada, la violencia que, de tan presente, ya no duele, ya no se siente.
Dijo Fontanarrosa, hace como 15 años, en un congreso de la lengua, refiriéndose a las que llamamos comúnmente “malas palabras”, “Muchas de estas palabras tiene una intensidad, una fuerza, que difícilmente las haga intrascendentes”. Más adelante, refuerza esta idea: “Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física.”
Dijo el psicoanalista Miguel Espeche, el 13 de julio de este año en una nota para el diario La Nación, que las malas palabras “se inventaron para existir en la zona vedada y emerger cada tanto para luego volver a su lugar. (…) Las “palabrotas”, al ser pan cotidiano, van pasteurizando su fuerza y van degradando la expresividad de quien las usa de manera abusiva”
Digo yo. Como escritora, a la hora de elegir cómo contar, cómo expresar lo que deseo escribir, que me esfuerzo en mantener a mi disposición todas las palabras, ninguna es desdeñada. Es parte de mi trabajo con el lenguaje no caer en la autocensura, permitirme una búsqueda profunda a la hora de construir el modo de decir de cada personaje. Son momentos en los que aún estamos solos mis personajes y yo, no hay aún otras miradas más que el deseo de contar una historia. Entonces, ¿por qué reprimir violencias si hace falta contarlas, por qué no putear, si así sale el habla de tal personaje en tal escena? Estos escritos libres de autocensura luego son leídos por mis editoras y conversamos, pensamos en equipo, construimos el libro que contendrá eso que escribí. Mi expectativa siempre es que el libro sea mejor que lo que yo les llevo. Mejor significa, para mí, más profundo, con más cabezas puestas a pensar para que lo que llegue a quienes lean genere preguntas, provoque dislocamientos.
Digo yo. Como lectora, que muchos libros, muchas autoras, especialmente, me han dado palabra siendo niña, siendo joven, para sobreponerme al peso de la palabra ajena y encontrar mi voz. Encontrarla, en varias ocasiones, para rechazar la violencia.
Hace unos años, en un libro de la filósofa Anne Dufourmantelle encontré un párrafo que resonó y reflotó esto de encontrar en la literatura algo de la voz propia, y me hizo pensarlo nuevamente. Ella dice que hay textos “que se nos meten debajo de la piel y nos contaminan tan seguramente como un virus en su trabajo de colonización de las células. Modifican nuestra forma de estar en el mundo, imperceptiblemente al principio y luego más abiertamente a medida que una entre en resonancia concreta con ellos”.

Hace muchos años me apropié de esa asimilación del lenguaje como un virus, tal vez por eso las palabras de Dufourmantelle me tocaron con tanta precisión. Cuando era adolescente, a mediados de los 80, me llamó mucho la atención en un disco que escuchaba mi mamá, de la artista norteamericana Laurie Anderson, una canción que se llama, justamente “Language is a virus”.
Los virus son, como ya sabemos pues sobrevivimos a una pandemia, apenas un pedacito de material genético que se deja llevar por el aire y así entran en nuestro organismo, en un estado latente, que requiere de nuestras células para vivir, desarrollarse, multiplicarse, prosperar. Algunos virus, incluso, el que produce la varicela, por ejemplo, quedan en nosotros de por vida, conviviendo con el cuerpo que somos.
Pensemos en este paralelismo desde la convocatoria de esta mesa: de la realidad a la ficción y de la ficción a la realidad.
Alguien que sufre, que no encuentra cómo contar lo que le pasa, cómo pedir ayuda, abre un libro y, sin esperarlo, encuentra tanta resonancia que sucumbe al texto. Dufourmantelle dice “la literatura nos hace escuchar, lo queramos o no, el riesgo puro de la lengua”. Cierra el libro. Pero la palabra latente, como el virus, ya está en sus neuronas, ya está en sus células, desarrollándose, vinculándose con sus recuerdos y sus deseos, proyectándose, prosperando.
Nunca se sale igual de una lectura de estas.
Tal vez por eso, Alejandra Pizarnik dijo que “cada palabra dice lo que dice, y además más y otra cosa”.
Tal vez por eso, Angela Pradelli sostiene que “en su espesura los caracteres trazan tu vida. Dibujan lo que fuiste, el presente y a veces hasta adivinan un futuro”.

¿Qué mejor que brindarles esa espesura a nuestras infancias y juventudes? ¿Qué mejor que ofrecerles nuestro lenguaje y todas sus variaciones, también las violentas, también las ambiguas, para que las escuchen desde un lugar amoroso como es el arte, como es la literatura?
Si en sus realidades están sufriendo violencias y se encuentran reflejados, reflejadas, en una ficción, ¿qué mejor que trabajar la lengua para que, cuando sea leída, sea alojada en el cuerpo y ocasione una transformación?
La infancia, para mí, no es un tiempo dulce. Es un tiempo doloroso. Los dolores son tantos que la memoria los cubre para aliviarnos. Crecer en este mundo es difícil, es complejo, es cruel aún cuando nos esforcemos en que no lo sea. Mi modo de acompañar a las infancias en su crecimiento no es decir “shh, no pasa nada”, porque sé que en la infancia pasan tantas cosas que no nos alcanza la vida adulta entera para descifrarlas. Mi modo de acompañar es escribiendo para las infancias y juventudes sin subestimarlas, respetando todo lo que saben, todo lo que ven, todo lo que escuchan. ¿Ustedes creen que va a sorprenderles que un personaje diga una puteada? No. Lo que los sorprende es que una autora, una editorial, el equipo directivo de una escuela, es decir, el mundo adulto, decida que ellas y ellos están preparados para leer una puteada, para reflexionar sobre la violencia que contienen esas palabras. Porque ya la escuchan en la vida de todos los días. La escuchan por la calle, en la cancha, en el supermercado, en el mundo del trabajo. Mi modo de acompañar es también, de algún modo, disculpándome por las torpezas y las crueldades que el mundo adulto comete para con las infancias y juventudes.

Hay dos acciones en las que creo que quienes somos parte de la comunidad educativa podemos ayudar y mucho a las infancias y juventudes de hoy:
Una. La demora. Parar el vértigo que la realidad le está imprimiendo a la vida cotidiana. Demorarse es necesario para pensar, para observar, para desnaturalizar aquello que se da por hecho y no debe ser así. Demorarnos para escuchar mejor, para sentir más, para paladear un poco antes de tragar. Demorarnos para jugar, para dar dos pasitos de baile, para reírnos. Aún de la desgracia se sale mejor si encontramos un momento para reír. Siempre hay alguna situación sencilla, cotidiana, que da pie a la risa sana, la que no se ríe del otro sino con el otro y con una misma.
Dos. La reflexión. Está anudada con la anterior. Reflexionar significa pensar atentamente, detenidamente. Dicho de otro modo, masticar la idea antes de tragarla. Cuentan que Beethoven recomendaba escuchar tres veces una composición musical antes de juzgarla. Estoy observando en muchos ámbitos que ante una información o relato, no hay reflexión, no hay detenimiento, no hay pregunta. “Lo dicho” por tal persona pasa de uno a otro como si estuviera caliente y no quisiéramos quemarnos sin darnos cuenta de que “lo dicho” no es un objeto, es un discurso. Un discurso que podemos hacer nuestro, que podemos cuestionar o que podemos rechazar. Si no nos detenemos en esto, si repetimos tal cual lo que escuchamos, quien nos escucha da por supuesto que adherimos a a ese discurso. Y ya sabemos: “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”.

Termino aquí volviendo a nuestra queridísima Lili, tan presente en este mes, el de su cumpleaños. Nuevamente, coincido 100% con ella.
“Acá no sucedió ninguna cosa, no se movió ningún objeto. Solo palabras,solo palabras que de verdad pueden generar que la realidad se transforme. Esperemos que siempre para mejor. Creo que la palabra nos hace libres, creo que la palabra nos hace bellos, creo que la palabra nos hace luminosos. Y creo que si alguna vez nos toca quedarnos sin palabras, sería bueno que fuese porque estamos maravilllados, y no porque estamos vacíos”.

Bibliografía:

Anderson, Laurie (1986). “Language is a virus”. Disponible online aquí.
Bodoc, Liliana (2024). La literatura en los tiempos del oprobio. Mar del Plata: Letra Sudaca Ediciones.
Dufourmantelle, Anne (2019). Elogio del riesgo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Amalia Federik. Nocturna Ediciones.
Espeche, Miguel (2024). “La función de las malas palabras que está en riesgo de extinción”, en el diario La Nación. Disponible online aquí.
Fontanarrosa, Roberto (2004). “Sobre las malas palabras”, en el III Congreso de la Lengua Española. Disponible aquí.
Pizarnik, Alejandra (2000). “La palabra que sana”, en Poesía completa. Barcelona: Editorial Lumen.
Pradelli, Ángela (2013). El sentido de la lectura. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós

AGREGADO POST LECTURA, POST JORNADA

Me quedé pensando en algo que surgió en el tiempo de preguntas de la Mesa y no pude desarrollar. Griselda Gálmez, en su excelente coordinación, advirtió en La chica pájaro, novela publicada en 2015, la presencia de otras masculinidades además de la que ejerce violencia. Es cierto. Nos quedamos luego hablando unos minutos sobre eso. Con el público reflexionamos sobre Mara, mi protagonista, y la necesidad de encontrar en ella misma la fuerza para salir adelante. Yo dije algo así como que eventualmente seguramente encontrará compañeros que la quieran, amores con los que ella quiera estar, pero en el devenir del relato, la búsqueda está en que encuentre dentro de sí la fuerza para sostenerse y no volver a caer en la violencia. En ella, en nosotras y la red que podamos tejer. Más o menos esas fueron mis palabras.
No hice explícito que creo necesaria la presencia de hombres en esa red. Hombres que nos valoren, que nos piensen como iguales, que nos amen tal como somos y disfruten de nuestro crecimiento en todos los ámbitos de la vida. Hombres que no toleren la violencia contra las mujeres y las infancias, que tampoco toleren el patriarcado, que lo combatan en la vida cotidiana, hogareña y laboral. Lamento mucho no haber podido explayarme en este sentido porque había varios docentes y mediadores varones.
Luego de terminada la mesa me pregunté sobre cómo se habrán sentido los compañeros que estuvieron escuchando nuestras ponencias. Me hago muchas preguntas sobre cómo se sentirán ellos cuando nos escuchan, cómo encararán estos temas en sus clases, qué receptividad tendrán entre sus estudiantes varones. Ojalá podamos conversar sobre esto en otra oportunidad.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on July 18, 2024 07:01

June 9, 2024

Paula Bombara: “El arte, como la ciencia, siempre fortalece los movimientos democráticos”

(Por Rocío Ibarlucía, La Capital – Mar del Plata)

En su paso por Mar del Plata para abrir las Jornadas “La literatura y la escuela”, la reconocida escritora, bioquímica y comunicadora científica habló con LA CAPITAL sobre el papel crucial de la lectura en la formación de los jóvenes y en la construcción de una sociedad democrática.

Por Rocío Ibarlucía

Hablar sobre desaparición de personas, torturas, exilios, fosas comunes, apropiación de bebés, búsquedas de madres y abuelas es -claro está- una tarea ardua, pero resulta mucho más difícil narrar el horror de la última dictadura militar a niños y adolescentes. Quien lo ha hecho con gran destreza poética, enorme sensibilidad y una sencillez que al mismo tiempo invita al debate es Paula Bombara, como ya lo ha demostrado con la novela juvenil “El mar y la serpiente” publicada en el 2005 y más recientemente con “La sombra del jacarandá”, editada por Norma en 2023, con la que obtuvo el Gran Premio Alija (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina).

Escritora, bioquímica, comunicadora científica y militante de derechos humanos, Bombara (Bahía Blanca, 1972) ha desarrollado una obra comprometida con los derechos humanos y la necesidad de hacer memoria. A la vez, trabaja en Abuelas de Plaza de Mayo hace años, en parte por su historia personal, ya que su padre, Daniel Bombara, fue torturado y desaparecido en 1975. 

Especializada en literatura para jóvenes e infancias, la autora de novelas como “La chica pájaro”, “Lo que guarda un caracol” y “La desobediente” reconoce en charla con LA CAPITAL que su obra se inscribe en un linaje de mujeres a las que admira: “María Elena Walsh, Graciela Montes, Elsa Bornemann, Laura Devetach, Silvia Schujer. De ellas surgimos una camada de autores que retomamos esos desafíos y seguimos adelante y a la luz nuestro seguramente surgirá otra camada que va a redoblar también la apuesta”. 

Además, destaca particularmente a Liliana Bodoc y María Teresa Andruetto como sus “faros en la obra literaria”. Emocionada por su participación en la apertura de las Jornadas “La literatura y la escuela”, organizadas por la ONG Jitanjáfora y realizadas en Mar del Plata el 6 y 7 de junio, manifestó la alegría que le genera hablar antes de la presentación del último libro de Liliana Bodoc, “La literatura en tiempos de oprobio“: “Que estas piezas tan maravillosas del pensamiento de Liliana empiecen a encontrar un lugar editorial y salgan a la luz es una alegría”.

La autora también vino a la ciudad a presentar “Entender y Participar”, una colección relanzada por la editorial Siglo XXI, originalmente creada por Graciela Montes y Graciela Cabal en 1986 para reflexionar con los más chicos sobre problemáticas sociales aún vigentes, como la democracia, la justicia, los derechos humanos y de los niños, entre muchos otros temas. La versión actualizada, reelaborada por Montes y Bombara, apunta a generar debates sobre la vida política y a formar a los más pequeños en la ciudadanía democrática.

En charla con LA CAPITAL, Bombara repasa desde su primer libro hasta sus más recientes incursiones en temas de derechos humanos y destaca más que nunca el poder transformador de la palabra en los tiempos que corren.

-¿Qué es lo que te llevó, en un comienzo, a escribir para jóvenes?

-Fueron una serie de causalidades, diría mi amiga escritora Sandra Comino. A mí siempre me encantó escribir, la escritura fue mi primera pasión, después elegí una carrera científica porque también me apasiona la investigación. Más tarde, pensando cómo volver a conectar con el mundo de la escritura, fui por el lado académico y empecé otra carrera, Filosofía, y mientras cursaba en la facultad me enteré de una charla que daba Graciela Montes, una escritora con quien yo me referenciaba, como con María Elena Walsh, Laura Devetach, esas mujeres que cuando yo era chica eran enormes. Entonces, me acerqué a ella, fue muy amorosa, me escuchó y me recomendó un taller literario que lo dictaba una profesora especializada en literatura para chicos y jóvenes. Y no me fui más. La verdad que es una comunidad en la que me encanta incidir en la formación como lectores, me gusta también desde el punto de vista de la investigación, de la formación, de la escucha que tenemos que dar de nuestra parte los adultos para poder estar atentos a qué les interesa y qué no. Me encantan los adolescentes sobre todo, aunque hace un tiempo estoy incursionando en lo infantil. A mí la escritura que me sale es ese borde, esos momentos de la vida, no importa los años que tengas, que sentís que te acercás a un abismo. Me sale situarme ahí. 

-¿Y por qué? ¿Qué creés que es lo que puede hacer la literatura en la vida de los jóvenes? 

-Creo que el arte en sí mismo no tiene una utilidad definida. El arte toca a cada vida diferente y provoca diferentes reacciones. Una obra de arte, sea de la naturaleza que sea, una canción, una escultura, un edificio, un libro o un poema, puede tocarte una fibra que te puede hacer tomar una decisión muy compleja a la que no hubieses llegado sin haber estado en contacto con ese sismo que te provoca el arte, porque no es la obra en sí, es lo que la obra genera en vos. 

Por eso me resulta tan interesante el proceso de la lectura colectiva, porque vemos ahí cómo empiezan a aparecer los diferentes modos de entender lo que un autor compuso pensando en otra cosa y cómo esa obra en sí empieza a transformarse en caleidoscópica a la luz de las diferentes miradas. Me cautiva siempre ante el arte, ante la ciencia, ese proceso de resignificación que se da en los lectores, en los espectadores, o sea, cómo incide el arte en cada una de las vidas.

-“La sombra del jacarandá” empieza con una escena de lectura colectiva en la escuela nocturna, que genera un impacto transformador en uno de los personajes, un adulto al que le quedan resonando frases de un texto sobre los entierros clandestinos durante la dictadura. ¿Qué puede generar el hecho de compartir la palabra con otros?

-A las dos semanas de haber publicado la novela “El mar y la serpiente”, en 2005, fui a un colegio a charlar con los chicos. Y desde esa primera visita, que fue en un séptimo grado de una escuela del Estado de Ciudad de Buenos Aires hasta las miles que he hecho, siempre me cautiva la situación de lectura colectiva. La organización después de la lectura de quién va a preguntar; el desorden que se provoca después cuando empezamos a charlar; esa situación de que en lugar de rodear un fogón, rodeás un libro, una obra, una palabra; la búsqueda de una respuesta que todo un grupo capaz está esperando y yo doy otra; entonces lo que se produce en ellos, cuando escuchan lo que yo pienso o cuando yo pregunto quién va a responder, todo eso que sucede tan social, tan del orden de lo amoroso también frente a una obra a mí me cautiva. 

“La ciencia como la poesía son esas dos miradas que están proponiendo preguntas permanentemente”. 

-Pensando en esto que decís de la potencia que tiene la lectura a nivel social, ¿qué es lo que se juega en el acto de leer -tanto colectivamente como en soledad- que contribuye a que vivamos más democráticamente?

-Para mí, al poner en juego tu voz, tu palabra, al decidir qué decir, estás ejerciendo tu derecho a ser parte de una sociedad en la que tu voz es una más entre todas las voces. Además, la lectura habilita el espacio del decir y te da herramientas, porque capaz encontrás en una lectura, en una letra de canción, en una imagen de un cuadro, en un ensayo, herramientas discursivas que te permiten seguir avanzando en ese pensamiento que se te había trabado. Tenés una sensación, no sabés cómo expresarla y de golpe leés algo de otro que por la manera en que armó una frase te impacta justo en lo que necesitabas para poder decir. Capaz, como me han dicho algunas mujeres alrededor de la lectura de “La chica pájaro”, que en lugar de decir a otros lo que te está pasando, decidís prestar ese libro. Entonces ahí se empieza a armar una comunidad y creo que todo eso hace a la democracia, todo eso fortalece los lazos sociales entre las personas. 

Estamos en un momento en el que se generan muchos contenidos muy cortos y la lectura de un libro, la lectura incluso de texto poéticos que son cortos pero demandan como una lectura detenida, lo que proponen es una demora, lo que proponen es que te quedes ahí, con ese personaje, que te encariñes, que te identifiques, que lo rechaces pero que te genere una sensación. A mí me parece que eso hace falta para fortalecer la democracia, sino empezamos a ser individuos que a tientas van tratando de satisfacer sus necesidades pero se pierde la satisfacción de construir algo más grande que vos, algo que te sobrepasa, que te haga sentir que sos parte de algo más grande. Es como cuando a los chiquitos los hacés partícipes de la organización de un festejo. Eso es algo muy lejos de lo que puede ser una vida bajo un gobierno totalitario, autoritario, censurador. Por eso me parece que el arte siempre fortalece los movimientos democráticos, la ciencia también.

-¿En qué sentido? 

-Porque en la ciencia todo se hace en equipo. La ciencia como la poesía son esas dos miradas que están proponiendo preguntas permanentemente. En la proposición de una pregunta, siempre está la disposición a buscar la respuesta y ese proceso, más que la respuesta en sí misma, es el proceso de búsqueda la que fomenta, creo yo, el pensamiento democrático, porque uno nunca busca solo, siempre buscás aún cuando estés solo en ese momento, en tu memoria siempre estás acudiendo a palabras de otros y de otras. En la búsqueda nunca estás solo.

-Muchos de tus textos literarios hablan sobre derechos humanos y dictadura (“El mar y la serpiente”, “La sombra del jacarandá”, “Historias de abuelas”), un tema que suele ser difícil de abordar, tal vez porque a veces se prefiere no hablar de ciertos temas con niños y jóvenes para “protegerlos”. ¿A qué creés que se debe?

-Lo que decís respecto de los pruritos del mundo adulto tiene que ver con el adultocentrismo a la hora de enfrentar la pregunta de la infancia. Las mejores preguntas van a provenir de los chicos. Por ejemplo, con “El mar y la serpiente” yo visito desde quinto grado, o sea, lectores de 10 años hasta universidades y en las universidades me hacen preguntas muy parecidas a las que me hacen chicos de 10 años y esto sorprende a los adultos. 

Lo que pienso es que es fundamental estimular y poner en contacto las infancias con el arte y con la ciencia todo lo que uno pueda porque en la infancia, a medida que vas conociendo, van apareciendo esas preguntas que parten de una mirada desprejuiciada del mundo y en esas preguntas se encuentra también el adulto.

El adulto tiene que estar preparado para contestar “no sé”, “si yo te contesto, se pone en juego mi propia sensibilidad y me pongo a llorar”. Me he encontrado con profes que me cuentan que se pusieron a llorar con mis textos porque se acordaron de su historia, pero en los primeros años no encontraba tantas maestras, tantos maestros dispuestos a contestar no sé a los alumnos. Ahí surge también esa idea de no trabajar ciertos temas en el aula porque te ponen en juego. Pasa mucho con “La chica pájaro” y con “Lo que guarda un caracol” que son textos donde la violencia está súper presente en la lectura, por lo que prefieren evitarse la incomodidad y que no existan esas preguntas. Pasa también con “La tía y la guerra” que está escrito para provocar preguntas,  porque habilita a que los chicos cuenten también sus historias respecto a lo que sienten por las islas Malvinas y todo lo que sucedió alrededor de la guerra.

-Abre debates.

-Abre debates y volvemos a esto de por qué fortalece la democracia: porque hace del debate un ejercicio intelectual, que no tiene la carga despectiva que se le pone muchas veces al debate político. En realidad, lo que estás haciendo es entrenándote en debatir, sea lo que sea, porque la vida política es la vida de mi sociedad, entonces la vida política es la vida de todos los días en realidad.

“Creo yo que es un sistema de gobierno que apunta a construir ciudadanías consumidoras, no ciudadanías que se hagan preguntas”. 

-Esto es algo que está siendo cuestionado desde los discursos oficiales, que consideran que se está ejerciendo “adoctrinamiento político” cuando se plantean determinados temas como este en las aulas. ¿Cuál es tu lectura?

-Entienden de manera sesgada el significado de las palabras tanto adoctrinamiento como política, entonces llevan a que sea interpretado para generar miedo en la persona que recibe. Cuando enseñás la teoría de conjuntos, también estás enseñando una doctrina y doctrina significa un continuado de ideas que refieren a un tema en particular. Entonces, está cargando de otro sentido, de un significado peyorativo, algo que en principio no está mal si estás haciendo pensar. También se confunde política con algo partidario. Lo que están queriendo es mezclar el significado de origen de esos conceptos. Por eso se dice que el arte es revolucionario, porque el arte está por encima de esas cuestiones, el arte está para generar preguntas de la naturaleza que el lector le asigne. Una escuela que le parece que está bueno que todos sus estudiantes reflexionen sobre los derechos humanos, sobre los derechos de cada uno de nosotros en la vida en sociedad no es una escuela que pueda decirse que está adoctrinando en el sentido que ellos lo plantean; es una escuela que está pensando en formar ciudadanos para la vida democrática.

-¿Cómo estás viviendo el crecimiento de discursos negacionistas como hija de un padre desaparecido, como militante de Abuelas, como científica y como escritora? 

-Con suma preocupación, por supuesto. Como científica, porque están atentando y desfinanciando un montón de programas que tienen que ver con el cuidado del medioambiente, el desarrollo de tecnologías nuevas, la formación de una generación de jóvenes que quieren investigar en ciencias en Argentina, o sea, están intentando destruir el sistema científico que en los años 60 estaba entre los cinco mejores del mundo. Sistemáticamente, los gobiernos totalitarios-autoritarios con economías liberales han intentado ir minando el campo científico porque justamente es un sistema que produce preguntas que conduce a que los ciudadanos tengan argumentos para defender sus ideas y eso a ningún gobierno totalitario le gusta. Creo yo que es un sistema de gobierno que apunta a construir ciudadanías consumidoras, no ciudadanías que se hagan preguntas. 

Como escritora, creo que más que nunca tenemos que seguir defendiendo el valor de la palabra. Son momentos en donde tenemos que detenernos a reflexionar, pensar desde dónde podemos aportar, también tenemos que cuidarnos por supuesto. 

Como militante de derechos humanos, tenemos que seguir con nuestras búsquedas, ver cómo hacer para tener medios, para que esas búsquedas que son complejas puedan llevarse a cabo y seguir buscando justicia. La Justicia ahora nos está haciendo muy esquiva, pero los juicios de lesa humanidad se siguen realizando. También son elecciones democráticas, entonces reflexionar sobre qué es lo que lleva a un pueblo a elegir esto es parte de mi tarea como escritora, como investigadora y como parte de organismos de derechos humanos. Y sobre todo en mi caso, nunca perder de vista las infancias porque hoy uno de cada dos nenes que nacen, nacen en la pobreza. Entonces, me pregunto cómo puedo yo hacer para que los adultos empecemos a mirar más hacia las infancias y menos nuestros propios ombligos.

-Una forma de seguir defendiendo el valor de la palabra en este contexto es a través del trabajo que están haciendo con la colección “Entender y Participar”, dedicada a la formación de la ciudadanía en la infancia. ¿Qué te motivó a participar del relanzamiento de esta colección? 

-Es una colección que estaba fuera de todo catálogo, fuera de circulación, una colección sumamente valiosa en el momento que salió en editorial El quirquincho, de la mano de Graciela Montes y Graciela Cabal, sus creadoras, que querían acercar a las infancias que no conocían la democracia todas estas preguntas para que aprendieran sobre la vida en democracia. Fueron como 20 títulos que trataban sobre todos los temas que tenían que ver con lo que sucedía en una democracia: la Justicia, el federalismo, los derechos humanos, los derechos de los niños, la economía, el Congreso, la Casa Rosada, o sea, la colección de las Gracielas fue vastísima e incluso han sido invitados a participar de aquella colección otros autores sumamente prestigiosos. Cuando Siglo XXI convocó Laura Leibiker para que desarrollara una colección de no ficción para chicos, poner de vuelta a circular esta colección era la mejor idea del mundo creo yo y que Graciela Montes se prestara con tanto entusiasmo a ser parte de este relanzamiento es para mí, que soy tan admiradora de su obra, un sueño.

Leer nota completa en La Capital – Mar del Plata.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on June 09, 2024 13:54

June 7, 2024

Palabras de apertura de las XXIV Jornadas “La literatura y la escuela” de la ONG Jitanjáfora

Conferencia en el marco de la apertura de las XXIV Jornadas “La literatura y la escuela” organizadas por la ONG Jitanjáfora, en la ciudad de Mar del Plata, Argentina, los días 7 y 8 de junio de 2024.
Grabación y edición: Equipo Difusión UNMDP

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on June 07, 2024 06:50

June 6, 2024

Abrir las jornadas Jitanjáfora: un reconocimiento inolvidable

7 y 8 de junio de 2024

Desde que pertenezco a la comunidad literaria y científica del campo de la literatura infantil y juvenil de Argentina, la ONG Jitanjáfora es ejemplo de excelencia académica y de proyección social. Sus integrantes se destacan como investigadoras y docentes de la Universidad de Mar del Plata y de reconocidos colegios secundarios de esa ciudad y, también, como organizadoras de contenidos, charlas y eventos de comunicación científica social, materiales de acceso democrático, donde se respeta el saber de las y los destinatarios y se estimula el estudio y la investigación.

Siempre que me convocaron participé y también consumo tanto los artículos de la revista Catalejos como los videos de su canal de YouTube.

Por eso, cuando este año me invitaron a decir las palabras de apertura, me emocioné. 

Luego de mi respuesta aceptando la invitación, vino la pregunta sobre qué otro aporte podía llevar a las jornadas y no dudé: el rescate editorial de Entender y participar. Se comunicaron con Laura Leibiker y ella tampoco dudó en aceptar y viajar conmigo.

Pasamos 4 días juntas, trabajando por la colección y también disfrutando del entusiasmo que estos eventos generan. Jitanjáfora es un ámbito de aprendizaje permanente.

Escribir las palabras de apertura fue un desafío, encontrar el equilibrio entre mis ansias de estar a la altura de mis predecesores y el darme cuenta de que llegué a ese lugar pues valoran mi palabra genuina y personal. Ser yo, pero serlo reconociendo mi camino, mi formación, mis apoyos intelectuales, mis faros literarios, éticos y estéticos. Unos días antes de la lectura falleció Norita Cortiñas, la noche anterior, Lita Boitano, dos mujeres defensoras de los derechos humanos que hicieron un montón para consolidar la democracia; necesité homenajearlas, nombrarlas. Las ciencias y las artes están pasando un período de desfinanciación y desprestigio en el país; necesité hablar sobre el valor de reflexionar sobre la palabra política. Todo fue emoción. Mi intervención fue filmada. Pronto estará disponible en el canal de YouTube de Jitanjáfora.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on June 06, 2024 21:33

May 10, 2024

Entrevista: Paula Bombara – La lectura es democrática

(Ticmas)

Video de la entrevista realizada en el Auditorio Ticmas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2024.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on May 10, 2024 14:33

May 3, 2024

20 años de ¿Querés saber? / 50 libros

En mayo de este año se cumplen 20 años del lanzamiento de los primeros dos títulos de la colección que dirijo en Eudeba, los ¿Querés saber?. Y festejamos con dos novedades, una dedicada a la basura industrial y otra, el título número 50, dedicado a reflexionar sobre los vínculos entre las artes y las ciencias.

Desde que comencé la colección pienso en eso: en por qué, si en el ciclo de la educación inicial se presentan en sintonía y armonía, a partir de la educación primaria, las artes y las ciencias dejan de entenderse como miradas complementarias y ya no colaboran entre sí. Para mí, son dos formas de cuestionar el mundo que encuentran su mayor diferencia en el modo en que utilizan el lenguaje. En el caso de las artes, no buscan explicarlo, simplemente posar la mirada y observar. Las ciencias buscan explicaciones reproducibles en cualquier lugar del mundo, teorías que permitan proyectar lo que sucederá en el planeta a posteriori. Tengo la idea de que complementando cada mirada los problemas se comprenden con mayor profundidad y las soluciones a las que se arriban son más complejas y abarcadoras. Este libro intenta evidenciarlo haciendo un recorrido histórico por algunas personas que dedicaron su vida a las artes y a las ciencias en paralelo. Agradezco a Eudeba la posibilidad de hacer públicas estas ideas y a RoMa las imágenes cargadas de sentido que las acompañan.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on May 03, 2024 21:31

April 24, 2024

¡GRAN PREMIO ALIJA!

En 2014 una obra colectiva de la que fui parte, el bellísimo libro Quien soy. Relatos sobre identidad, nietos y reencuentros, recibió el Gran Premio ALIJA 2013. No pude subir al escenario en aquella oportunidad por estar de viaje recorriendo escuelas.

Diez años más tarde, un proyecto personal, atesorado, muy soñado, mi novela La sombra del jacarandá, fue destacada con el mismo premio, el Gran Premio ALIJA 2023. Esta vez sí subí al escenario y llevé unas palabras escritas, pues me embargaba una emoción muy grande. Dije, palabras más, palabras menos, esto:

Comienzo felicitando a mis colegas, a quienes recibieron premios y a las y los que no, pues publicar un libro en estas circunstancias ya es una fiesta. ¡Felicitaciones!

Quiero agradecer.

. En primer lugar al jurado. Sandra, Mariana, Rita, Gabriela, Magalí. Muchas muchas gracias por premiar esta novela y por esa argumentación tan preciosa.

. A ALIJA, por organizar este premio cada año y por el trabajo voluntario, comprometido y entusiasta que realizan cada día.

. Al querido Poly Bernatene por la escultura preciosa que pensó para mí.

. A mis compañeras y compañeros de Editorial Norma. Los libros son construcciones colectivas, frutos de muchísimos intercambios de ideas y emociones. Por eso, gracias a todas las personas que trabajan en la editorial. Nora, Rosario, Mery, Carolina, Valeria, Natalia, José, gracias a todas, todos y cada uno.

. Gracias especiales a las editoras de esta novela, Laura Leibiker y Laura Linzuain, por aceptar que La sombra del jacarandá, un texto que estaba creciendo dentro de mí desde 2011, fuera parte del precioso proyecto “al gran pueblo argentino, democracia”. Gracias a nuestras charlas esta novela es más auténtica y audaz de lo que yo les había presentado.

. Gracias especiales también a Marcela Busoni y a cada integrante del equipo de promoción, por el sostén emocional antes, durante y después de los encuentros que hicimos en las escuelas el año pasado con La sombra del jacarandá. Y también por cargar, descargar, trasladar, una y otra vez, todos nuestros libros. Quiero decir que no sobra ningún trabajador en la editorial; por el contrario, faltan.

. Otro gracias inmenso a mis seres queridos: familia, amigas y amigos. En especial, a Lolo, Juani, Emi, Andrea y Rosario. Perseguir los sueños es algo que no puedo evitar hacer y ustedes me alientan siempre, aún cuando implica viajes, largas inmersiones en temas que alteran mi ánimo y también la vida cotidiana en nuestra casa. Sin ustedes escribir sería una tarea aún más difícil. Gracias a mis amigas y amigos por los abrazos, por las risas, por la paciencia, por ayudarme, por aceptar mis locuras y por amarme tal como soy. Me hacen muy feliz.

. Gracias infinitas al Equipo Argentino de Antropología Forense, un verdadero tesoro de nuestra democracia. Aquí está Patricia Bernardi, miembro fundadora del EAAF y pido un aplauso para ella. Gracias, Pato querida, por venir y gracias al Equipo por su trabajo. Patricia puso a mi disposición textos científicos y manuales técnicos, me mostró herramientas y apuntes personales que fueron fundamentales para escribir los capítulos protagonizados por antropólogas y antropólogos forenses, leyó, no una, sino tres versiones borradores de esta novela y aportó siempre comentarios que sumaron verosimilitud a mis personajes. Su manera de trabajar, su sensibilidad, su profesionalismo, su inagotable generosidad son, para mí, ejemplos de vida en lo personal y en lo profesional.

Para terminar quiero decir que en tiempos en los que la ciencia argentina, el arte, la educación y la salud pública, las bibliotecas populares, los comedores, los programas de derechos humanos en general, son desfinanciados, subestimados, violentados, tenemos que estar a la altura de lo que las chicas, los chicos, les chiques necesitan. Tenemos que escucharles más y mejor. Merecen que encontremos nuestras mejores palabras, nuestras mejores imágenes y que pongamos el cuerpo en las calles cada vez que haga falta defender sus derechos. Solo así vamos a sostener y mejorar nuestra democracia.

Escribir esta novela fue uno de los procesos más intensos que viví en estos 20 años de carrera y me siento profundamente conmovida por la recepción que está teniendo la novela entre colegas, especialistas y docentes. GRACIAS de corazón por acercar esta historia a los chicos y las chicas a quienes está dirigida.

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on April 24, 2024 17:13

March 23, 2024

Vuelve la colección “Entender y participar”

Después de un año de trabajo puertas adentro de la editorial Siglo XXI, el resultado sale a la luz: las nuevas versiones de los libros de la colección Entender y participar creada por Graciela Montes y Graciela Cabal, allá por la década del 80, cuando vivir en democracia era una experiencia nueva para todas las infancias nacidas en los 70.

Desde siempre pensé que esta colección tenía que estar en Siglo XXI Editores, no sé si porque las diagonales de las tapas de Editorial El Quirquincho me remitían a la colección clásica de Siglo XXI, o si porque las temáticas de ciudadanía y derecho constitucional me remitían a los libros de historia y derecho de la editorial, pero, aún teniendo la posibilidad de proponer este rescate a Eudeba, no lo hice porque no la veía en una editorial universitaria sino ¡en Siglo XXI Editores, precisamente! Por fortuna, cuando Laura Leibiker asumió la tarea de desarrollar las colecciones infantiles y juveniles en Siglo fue el primer proyecto que encaró y ya es una realidad.

Las imágenes de la totalidad de la colección están y estarán a cargo de Penélope Chauvié, una ilustradora joven muy talentosa y con gran capacidad para aportar conceptos desde la dimensión visual de los libros. 

Ahora que el potente primer título de la colección, firmado por Graciela Montes y llamado ¿Qué es esto de la democracia?, ya está entre nosotros y nosotras, iremos sumando títulos de manera bimestral o trimestral, algunos presentes en la colección original y otros, que abordan temas aún no tratados.

Me siento muy orgullosa de ser parte de la colección como asesora de contenidos y trabajar codo a codo con Laura Leibiker, mi editora, amiga y vecina de La Paternal. ♥

 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on March 23, 2024 16:43

Paula Bombara's Blog

Paula Bombara
Paula Bombara isn't a Goodreads Author (yet), but they do have a blog, so here are some recent posts imported from their feed.
Follow Paula Bombara's blog with rss.