Irene Angulo Robina's Blog
June 25, 2021
Meer, protectoras del océano
Los primeros en llegar fueron los gritos. Desgarradores llantos suplicando clemencia. Después lo hizo ese aroma que lo tapaba todo a su paso. Un olor que ocultaba hasta los mismísimos rayos de sol.
Entre la confusión, Meeralge, la más joven de las protectoras del mar, fue arrollada por un banco de jureles.
—¿Qué pasa? —preguntó mientras intentaba retenerlos— ¿Qué está pasando?
«Eestáán aaquíí», corearon los jureles al unísono. «Viienee poor noosootroos».
Meeralge se giró sin comprender. No tardó en velro. Tras las innumerables criaturas que corrían pidiendo auxilio, una gran masa negra se iba extendiendo hasta donde llegaba la vista.
«Laa mueertee», gritaban los jureles mientras se alejaban.
La protectora también habría huido. Era lo único que deseaba hacer al ver su hogar convertido en un mar de lágrimas, pero la visión de una figura instando a todos a alejarse y ayudando a los que no podían, se lo impidió. Su hermana Weltmeer portaba la armadura de piel de mesasaurio que le regaló su padre cuando se convirtió en protectora. No se la había puesto desde la tarde del cielo de fuego cuando perdieron a una gran parte de su pueblo.
Meeralge corrió hacia ella.
—Tenemos que marcharnos. Tenemos que… —No lo había visto. De lejos no había podido darse cuenta de que la masa negra ya cubría la mitad del cuerpo de su hermana y de que ella ya había comenzado a respirar con dificultad.
Una lubina luchaba por seguir avanzando mientras una de las aletas se la había inmovilizado la negra sustancia. Más allá una tortuga agitaba las patas sin conseguir moverse ni una gota. Cuanto más miraba, más criaturas aparecían ante ella ahogándose en el crudo que se iba extendiendo por el océano.
—No llores, Alge. El mar no admite más agua salada. —Le pasó la mano por la cara—. Vive. Sálvalos.
Weltmeer abrazó a su hermana pequeña una última vez. La sonrisa fue lo último que ocultó el negro que la taparía para siempre. Meeralge corrió rodeada de criaturas marinas hasta que se encontraron a salvo. A la mañana siguiente, las costas aparecieron bañadas de algas, empapadas con el dolor de la última de las protectoras del océano. Y así, cada seis lunas, recuerda a su hermana con una pena tan grande que ni los corales ni las algas pueden soportarlo y terminan muriendo hasta acabar en la orilla.
Hoy ha quedado algo un poco largo, así que termina como una entrada en el blog:https://t.co/eBGiZBB7BX https://t.co/WnF70nOurl
— Irene Angulo Robina (iara)(@iara_irene) June 25, 2021
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April 9, 2021
El dragón de la suerte
Observé a aquellas majestuosas criaturas que disfrutaban plácidamente del mismo día soleado que yo. Jugaban con las olas igual que habría hecho yo y se salpicaban entre unos bufidos que eran demasiado similares a las risas.
Dragones en libertad. Tuve que repetirlo varias veces para que mi mente consiguiera procesarlo. Si me lo hubieran propuesto hacía algo menos de cinco años, me habría reído. Si alguien se hubiera atrevido a mencionar que esos seres podían llegar a surcar los cielos, hasta me habría escandalizado.
Me sobresaltó una voz que gritaba mi nombre.
—¡Clara!
—Tssss. —Intenté hacer callar a mi colega de la ADD, que se acercaba corriendo colina arriba.
Los dragones salvajes se habían convertido en unas criaturas muy asustadizas. Apenas se dejaban ver por los humanos y atacaban a los dragones domésticos hasta el punto de llegar a matarlos. Siempre he pensado que si yo pertenecido a su especie, me habría comportado igual que ellos; habría querido vengarme y acabar con todos los humanos y sus dóciles reptiles.
El chico se paró y su silueta quedó oculta de los ojos de la madre dragona, que inspeccionaba cualquier cosa que pudiera suponer un peligro para su pequeña.
—Perdona. Los demás se preguntan si estaremos mucho más.
Le hice un par de gestos y se alejó sin rechistar. Al fin y al cabo, yo era la fundadora de la ADD (Asociación de Defensa de los Dragones) y en el pequeño mundo de los que nos oponíamos a la opresión de esos fantásticos animales tenía una gran reputación. También era gracias a mi escamoso amigo morado.
¿Crees que estará solera?
Reconocí el murmullo que se formó en mi cabeza despedazando las ondas del gañido en palabras comprensibles. El dragón morado de nombre impronunciable al que yo conocía como Suerte, se apoyó sobre las patas delanteras a mi lado. Le lancé una mirada de recriminación.
¿Qué? Suerte.
—Primero, creo que quieres decir soltera. Segundo, me gustaba más cuando hablabas con frases de oráculo.
Culpa tuya. Eres una mala suerte para un dragón.
—Gracias, aunque no tiene mérito. En realidad, lo soy para cualquiera. —Era normal que hubiera cambiado su personalidad al experimentar por primera vez la libertad—. ¡Agáchate! Va a vernos. Llevo queriendo hacerle una foto a una cría desde hace no sé cuánto.
¿Quieres que se la pida?
—¿Quieres que te mate?
Menuda exagerada. Ya verás la suerte.
Sin pensarlo ni un segundo, porque los dragones no sopesan las consecuencias que pueden tener sus acciones, Suerte dio un brinco y se situó en la playa. Cayó de forma elegante sobre las patas traseras y se quedó con una pose elegante. La dragona de agua le sacaba varios cuerpos enteros a mi compañero. Podría comérselo y dejar un par de patas huesudas que terminarían confundiéndose con ramas resecas.
«Por favor que no haga ninguno de sus chistes malos».
Hola, salada. ¿Necesitas un poco de suerte?
«Lo ha hecho».
La dragona emitió un sonido gutural y amenazador mientras su cría se escondía entre sus patas. Suerte se inclinó hacia un lado realizando una reverencia.
Tuve verdadero miedo por él. Pero, ¿qué era lo peor que le podía pasar? Vale, que se hiciera matar. ¡Era un ser único! Un dragón morado de la suerte. Una mutación rara que hacía que no pudieran coexistir dos iguales en la misma época. Pensamos que se habían extinguido, o que no habían sido más que una leyenda.
Era un dragón de la suerte. Esperaba que al menos eso le sirviera para algo.
Fragmento del proyecto Suerte, suerte
April 2, 2021
El espejo
El príncipe sabía que tras el espejo se ocultaba la imagen de lo que sería. Había movido la tierra y el mar, e incluso hasta el cielo, para poder conseguirlo. Quería conocer qué era lo que le deparaba el mañana, quería descubrir cómo podía saciar su ambición.
Se revolvía entre sus pensamientos cuando uno de sus caballeros entró en la estancia y asintió.
—Que pasen —ordenó el joven príncipe ansioso. Sus manos se movían sin poder ocultar la agitación.
Otros dos caballeros entraron en la estancia portando un pesado objeto cubierto por una manta. No parecían ser conscientes de lo importante que era lo que sujetaban sus brazos. Tras ellos, una anciana de pelos canos les seguía los pasos. Cuando se encontraron junto al príncipe, se adelantó dirigiéndose a él con la osadía que otorga la edad.
—Mi señor, deberíais saber que…
El príncipe le interrumpió con un manotazo.
—Aparta. No pienso hacer caso a las palabras de una vieja.
Retiró la tela para encontrarse cara a cara con su reflejo. Era él, pero desde un rostro que envejecía por segundos. Del espejo que debía haberle devuelto un futuro próspero, solo recibió muerte.
Los soldados soltaron el espejo de golpe haciendo que se quebrara en mil pedazos. Sin saberlo habían roto lo único que habría podido salvar a su señor. Al fondo de la estancia una joven muchacha, en cuyos ojos se escondía una gran sabiduría concedida por la edad, sonrió. Había intentado advertirles incluso después de que le robaran su bien más preciado. Había ocultado el espejo del destino para que nadie sucumbiera a la maldición y no había obtenido más que malas palabras.
Ahora, mientras el príncipe se retorcía y se arañaba la cara, no podía disfrutar más con la escena que tenía ante sus ojos.
March 26, 2021
La nieve de primavera
Se recogió el vestido. Era la primera vez que sus pies descalzos pisaban la hierba. Echó a correr. Era la primera vez que el viento, calentado por el sol, mecía su pelo más blanco que la nieve recién caída. Respiró. Era la primera vez que sentía la libertad.
Los insectos zumbaban a su alrededor felices de haber despertado de su largo letargo. Estaban a finales de marzo y las flores se abrían a su paso con un suave escalofrío provocado por el viento. Un par de liebres huyeron al escuchar sus pisadas no sin antes dedicarle una recelosa mirada. Al fondo, una niña reía mientras se colocaba florecillas silvestres en el pelo. Se acercó a ella.
—¿Qué es esto? —preguntó la chica señalando alrededor.
La niña soltó una carcajada lanzando pétalos al aire.
—¡La primavera! —Rio—. ¿Nunca la habías visto?
Ella negó con la cabeza. No había conocido el calor, las mariposas, ni ningún otro color que no fuera el blanco.
La niña le miró los pies y los ojos de la chica se desviaron en la misma dirección. Alrededor de ella había formado una ligera escarcha que contrastaba con el colorido paisaje.
—¿Quién eres? —preguntó la niña.
—Me llamo Nieve.
—¡Bienvenida a la primavera, Nieve!
La niña alargó el brazo y le rozó el vestido. La palma de la mano se enfrió. Si aquella nívea y preciosa mujer no había conocido el calor, la niña no sabía de la existencia del frío. La invitó a sentarse junto a ella con la ingenuidad característica de los niños. Nieve accedió y enseguida la pequeña empezó a colocarle lunarias entre los mechones. El morado destacaba con el inmaculado color de su pelo. Era su primer día fuera del invierno, y tenía el resto del año para conocer el mundo.
March 16, 2021
Lloré frente la luna
Y en aquella noche cerrada me dio por pensar.
En mí, en ti, en nosotros.
En esa oscura noche descubrí mi gran mentira, tu gran verdad.
Descubrí que no me amabas, me di cuenta de que no me querías.
La luna fue mi silenciosa testigo.
Testigo de mi dolor y de mi rabia.
Dolor por no haber visto antes la verdad.
Rabia por transformar tu realidad en mi mentira.
Y ahora lloro implorando a la luna que calme mi pena.
Ahora las lágrimas inundan mis mejillas con su reflejo,
Mi llanto resuena en el bosque
mientras las olas contra el acantilado ahogan mis sollozos.
Me queda mi presente, ahora anclado en el pasado.
Me queda mi felicidad ahora llena de tristeza.
La compañía de la luna en mis noches de soledad.
El aullido de los lobos calmando mi tormento.
Canté a la luna en las noches de verano.
Grité implorando consuelo.
Aullé esperando un día nuevo.
No me oyó, ignoró mis llantos.
No respondió a mi triste llamada.
Callada por el son de las olas,
ahogada con los cantos de los lobos.
March 2, 2021
El rompecabezas
Lo había comprado como un rompecabezas normal. Otro de tantos que poder añadir a la modesta colección de su cuarto. Le encantaba desentrañar los patrones que se ocultaban entre los puzles; y además aquel era precioso. Tenía tallados unos círculos dorados concéntricos a una figura que cambiaba en cada cara.
Giró una pieza; era la última. Había tardado más de lo que había esperado en resolverlo, pero la luz que desprendió entonces el objeto bien habría merecido todo el tiempo del mundo. Los dedos temblaron inseguros. El cubo desprendía un calor parecido al que emitiría un pequeño ser vivo. Era una criatura que le susurraba historias de lugares lejanas al oído.
Unas esferas luminosas rodearon sus muñecas y los símbolos de las caras del cubo se extendieron por todo su cuerpo.
No creía en la magia, la realidad le había enseñado a no hacerlo. Sin embargo, estaba demasiado segura de que hacía unos instantes se había encontrado en su habitación y no en aquel bosque de troncos luminosos. Los mismos símbolos del cubo cubrían las cortezas y de las hojas emanaba el mismo fulgor. El viento transportaba palabras en una lengua que era incapaz de conocer. Venían acompañadas de la más melodiosa música que había escuchado nunca.
No creía en la magia, pero aquello se le parecía demasiado.
Relato inspirado en el reto de Noa RoseLa foto me ha recordado demasiado a mis cubos de rubik como para no intentar algo#microrrelato https://t.co/vYLr88n5bs pic.twitter.com/Qb830175UX
— Irene Angulo Robina (iara) (@iara_irene) February 1, 2021
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January 23, 2021
Cartas tras días de tormenta
A partir de hoy estará disponible mediante pago social mi relato Cartas tras días de tormenta.
Es una historia de pérdida y luto en la que un hombre que acaba de perder a su mujer le dedica unas cartas en las que expresa lo mucho que le echa de menos.
Aviso de que puede que haga saltar alguna lagrimita (es lo que me han dicho las personas que lo han leído e incluso me ha pasado a mí misma al releerlo). Aunque espero que lo disfrutéis leyéndolo tanto como yo lo he hecho escribiéndolo.
Descargar en Lektu
CuriosidadesA continuación voy a poner una serie de curiosidades del relato para que lo podáis conocer mejor:#relato #CartasTrasDiasDeTormenta
— Irene Angulo Robina (iara) (@iara_irene) January 23, 2021
En Twitter he ido diciendo una serie de curiosidades sobre su proceso de escritura y aspectos míos que me ha apetecido compartir.
También las podéis encontrar en su página del blog
Curiosidades¡Espero que os guste!
January 15, 2021
Formato de párrafo
Hoy voy os presento una pequeña entrada sobre cómo dar formato a nuestros textos. Pensé que era algo que todo el mundo sabía hacer y resulta que hay un montón de gente que envía relatos sin justificar (sí, es lo que más odio del blog).

Times New Roman
Justificado
Interlineado de 1,5
1. Justificar el textoComo del tipo de letra se han escrito hasta libros (ya escribiré yo algo con los pocos conocimientos que tengo). Vamos a ver temas de la forma del texto.
Generalmente, escribir os encontraréis con el texto de la siguiente forma:

Para cambiarlo es tan sencillo como seleccionar el párrafo que queramos y darle al siguiente botón.
2. InterlineadoLeer un texto en el que las líneas están más separadas cansa menos la vista y es más agradable. Generalmente suelen recomendar uno de 1,5.
Esto se puede modificar en las opciones de párrafo.

Todas estas opciones de párrafo se pueden encontrar en el desplegable.

Aunque luego cada editorial pedirá lo suyo, a mí, personalmente, me gusta dejar un ligero espaciado entre párrafos. A la hora de leer mi propio escrito me resulta más cómodo.


Yo lo que hago después es asociar esta configuración con el estilo normal, así puede modificarse todo el texto con facilidad.
Botón derecho encima del estilo y actualizar.
December 30, 2020
La bruja y el príncipe
Habían salido al despuntar el alba. El sol había traído el final de la tormenta. Sin embargo, en cuanto se adentraron en el bosque vieron que el manto blanco había tapado las huellas que esperaban seguir. «Ha sido obra de ella», pensó el príncipe.
La compañía entera estaba inquieta. Él también había escuchado cosas horribles de la bruja del bosque. Los caballeros desviaban la mirada rápidamente ante cualquier ruido. Todos menos la capitana, a la que el príncipe no recordaba haber visto nunca mostrando otro sentimiento que no fuera la impasibilidad. Era la mejor persona que podría haber elegido para tener a su lado. La mejor para transmitir seguridad a todos los demás.
Los cascos detuvieron el crujir de sus pisadas sobre la nieve. La capitana levantó el brazo y desvió la mirada hacia el príncipe en busca de órdenes. Él era incapaz de reaccionar. Se habían adentrado en el bosque en busca de una bruja. Nunca imaginó que se trataría de ella.
Portaba una larga capa morada para resguardarse del frío y debajo vestía un sobrio vestido azulado. Nada tenía que ver con el vestido blanco con detalles dorados con el que la había visto la última vez en el baile del palacio. Ahora en lugar del vestido lo que parecía brillar era ella.
—Hola, Feige.
Volver a escuchar su nombre desde los labios de ella le hizo sentir extraño. Había sido su amiga, su protectora, su confidente y su amada. Había sido demasiadas cosas a las que había dado por muertas.
—¿Tú eres la bruja del bosque?
—Tal parece. Te sorprendería lo que se puede conseguir con un par de cuerdas y un poco de suerte.
Ahí estaba ese tono de broma con el que lo había enamorado. El príncipe desmontó, la capitana hacía tiempo que lo había hecho. Se había dirigido hasta la mujer y en ese momento se inclinaba haciendo una elegante reverencia.
—Mi señora. —La armadura tintineó acompañando el gesto con una suave melodía.
—Hola, Seher. Veo que sigues como siempre.
—Usted, sin embargo, parece mayor.
El príncipe Feige, aunque no sabía si seguiría ostentando ese título con la verdadera heredera del trono delante, también se había dado cuenta. No había ni rastro de las dudas que había tenido la niña con la que le habían comprometido. Ni de la tristeza de la muchacha con la que había discutido poco antes de que desapareciera. Feige se dirigió a la capitana, que miraba a la princesa sin rastro de sorpresa en su rostro.
—Déjanos solos —le ordenó.
Seher, que había jurado proteger a la familia real con su vida, miró a la princesa. Conocía a la pequeña Walda desde que era una niña que gateaba por los pasillos del palacio. Nunca se imaginó que llegaría a enterrarla, pero menos que la encontraría meses después en el bosque cubierta con un halo de misterio. Asintió con la cabeza y se alejó sin perder de vista a la pareja; igual que cuando eran dos adolescentes que se escapaban por las noches y ella los vigilaba desde las sombras. Solo que esas veces ellos no se daban cuenta de su presencia y ahora la veían apoyada en el tronco de un árbol, ojo avizor.
La capitana le debía lealtad a la princesa Walda y sin embargo había escuchado las aterradoras historias sobre los últimos actos de la bruja que no dejaban de circular entre las guarniciones. Habían desaparecido carruajes de comerciantes y caravanas enteras mientras atravesaban el bosque. El miedo se había hecho un hueco en los corazones de loa habitantes del reino. Y en medio de todo, habían encontrado a la princesa.
—¿Por qué? —preguntó el príncipe Feige sin estar seguro de que quisiera conocer la respuesta. La imagen de un ataúd vacío con el nombre de Walda grabado en él rondaba demasiado por su mente como para que la princesa pudiera decir algo que lo consolara. Los llantos de los familiares de los desaparecidos en el bosque habían acompañado sus pasos demasiadas veces como para poder olvidarlos.
—Porque era la única forma de salvaros.
—¿Salvarnos? ¡Ha muerto gente, Walda! Buenas personas que te juraron lealtad.
—No. Juraron lealtad al reino. Puedes estar seguro de que murieron protegiéndolo.
El príncipe no lo entendió. No quería hacerlo. Nada justificaba un sacrificio tan grande. La princesa respiró hondo. Ya no tenía delante a ese niño asustado al que dejaron en palacio con la esperanza de que algún día se casara con la princesa.
—Las sombras, Feige. Las sombras de las que hablaban los cuentos de la Tata son reales. Las sombras han invadido el bosque y yo ya no sé si podré mantenerlas a raya.
Un crujido en el aire, uno tan suave que no alertó ni a las sensibles orejas de los caballos, hizo que Walda adoptada una posición de guardia. Sacó una pequeña bolsa de entre uno de los múltiples pliegues de su vestido y se colocó por delante del hombre al que se había obligado a no amar, sin éxito. Levantó los brazos para protegerlo. Haría cualquier cosa para salvar a Feige. Aquella había sido la razón principal por la que había tenido que marcharse. No existía ningún reino cuando estaba a su lado. Arriesgaría todo y a todos por salvarlo a él, y eso era algo que no se podía permitir.
—Están aquí —dijo ella en un susurro mientras buscaba el apoyo de Seher.
La capitana desenvainó una espada que de poco le serviría contra ese enemigo.
Las sombras se acercaron.
Walda lanzó una bola de luz que hizo retorcerse a uno de los seres. Aquello no hizo más que enfadar al resto.
—No te alejes. No tengo suficientes para pararlos a todos. —Hizo que Feige se apretara más contra su espalda. Si estaba a su lado, podría protegerle.
Las sombras eran demasiadas y estaban sedientas de almas. Siempre estaban sedientas. Los gritos invadieron el bosque. Feige quedó a salvo bajo el brillo protector de la capa de Walda viendo cómo su gente caía inerte a su alrededor.
Inspirado en el reto de microrrelatos de @NoaTheBlackRose en Twitter.
¡Muy buenos e invernales días!
December 29, 2020
Cómo escribir la raya en word
Buenas,
a raíz de una conversación por Twitter, ha salido mucha gente que no sabe poner la raya (símbolo tan necesario para poder escribir diálogos). Me sorprendí al ver la de gente que usa el copia y pega, en mi opinión ardua tarea y les alabo por ello. Yo duré una tarde en la que pegué imágenes, frases inconexas y hasta metadatos.
Por eso, he decidido crear una entrada con las diferentes opciones que se pueden usar para escribir las famosas rayas de los diálogos.
1. Sustituir el guion
Si no os queréis complicar mucho la vida. La opción más sencilla puede ser escribir con el guion normal del teclado y al final reemplazarlos todos por la raya.

Escribimos todos los diálogos con el guion y al terminar se da a reemplazar y se cambia el guion por la raya.

Y con ello ya tendremos los diálogos correctamente escritos.

2. Reemplazar automáticamente — por —
Para los que os atreváis a trastear un poco más, hay un truco muy sencillo con el que Word sustituye automáticamente dos guiones por la raya. Esto se puede usar para cualquier símbolo que utilicéis mucho, aunque yo si que recomiendo que sea algo visual (como — en —).
Vais a Insertar -> símbolo y desde dónde se insertan los símbolos normalmente hay un apartado que pone autocorrección (Figura 1).

Ahí escribís lo que queréis que os reemplace, en este caso — (Figura 2).
Como veis el Word ya tiene algunos predeterminados. Y le dais a agregar. Cada vez que escribáis — se sustituirá.
Como consejo recomiendo que tengáis seleccionado el símbolo por el que queréis que se os reemplace para que sea más sencillo poner la regla.
Figura 1
Figura 2Esta es una herramienta muy cómoda y sencilla de poner. Yo la tengo también para usar las comillas españolas y funciona muy bien.

3. Comando rápido con teclado
La tercera opción es utilizar un grupo de teclas personalizado para poner la raya. Esta es la que uso yo porque no me suele gustar que las cosas se reemplacen de forma automática.
Partimos del mismo punto que antes, insertar -> símbolo, solo que esta vez en vez de autocorrección, vamos al apartado teclas (Figura 3).
Ahí pulsáis las teclas que queráis usar para que aparezca la raya (o el símbolo que sea) y le dais a agregar.
Figura 3
Figura 4Como veis en la Figura 3, al pinchar en un símbolo aparece el método abreviado con el teclado. Yo tengo puesto Ctrl + – para que me salga —.
Espero que esto le sirva a alguno de ayuda.
¡Muchas gracias por la atención!
No olvidéis suscribiros al Blog 

(@iara_irene) 

