Alejandro F. Orradre's Blog: El belog

December 5, 2016

Dos horas en Netflix

A veces voy a remolque de la sociedad. Muchas veces, de hecho. No es por algún tipo de tara o de forzado nado a contracorriente en aras de erigirme como un outsider que desafía a los poderes y modas establecidos; simplemente soy un tipo que va a su aire y da la casualidad de que mis prioridades no son las habituales ni son compartidas por buena parte de la masa social. O sí lo son, pero con tempos distintos. Tanto monta, monta tanto.

Vivimos tiempos acelerados, cardíacos períodos de tiempo en los que apenas se deja que la gente asimile una película, un libro, un sabor o incluso un recuerdo: se hacen, venden, dicen y explican cosas pensando ya en la siguiente. Y es difícil apartarse de esa rueda vertiginosa que nos empuja a correr a base de «más, más y más en poco tiempo; deprisa, ¡corre!».


Lee el artículo completo aquí:
http://www.murraymag.com/medios/histo...
2 likes ·   •  1 comment  •  flag
Share on Twitter
Published on December 05, 2016 04:14

September 16, 2016

Viernes 16/09

Cerca de mi casa hay un agujero en el suelo. Es pequeño y ni siquiera un niño podría caerse por él, si acaso un animalillo pequeño desprevenido que estuviera más pendiente de otra cosa que de dónde mete sus patas. Tal vez sea incluso de un tamaño menor.

El agujero está en una arboleda que sirve de parque para perros, pues está dentro de una isla de edificios que ofrecen una suerte de patio interior que sirve de pasaje para los ciudadanos y centro de carreras ociosas para los animales. Ahí se reúnen los dueños con sus mascotas y socializan, tanto unos como otros. La ocupación prácticamente dura todo el día, con relevos de protagonistas, hasta que el funcionario del ayuntamiento acude con su moto ruidosa y cierra los dos accesos al lugar hasta el día siguiente. Así se cierne el lugar en la noche durante la cual imagino que bajo al parque cerrado y me introduzco por el agujero, que me descubre un hogar hecho a mi medida. Mi propio refugio, mi fortaleza de la soledad.

Hay una sala enorme con las paredes llenas hasta arriba de películas de todo tipo: negras, de acción, románticas, de ciencia-ficción, históricas, dramas, comedias, todos los géneros habidos y por haber convergiendo en una televisión gigantesca más parecida a una pequeña pantalla de cine casero.

En otra habitación se hallan los libros. Están todos los escritos y los que se escribirán, ordenados en perfecto orden alfabético y cronológico: una sala del tiempo literaria provista de una hamaca justo en el centro desde la que leer sin descanso hora tras hora. Ah, y también hay una mesa junto a una ventana que tiene vistas al mar pese a estar bajo tierra. Es mágica y obedece a mis sentimientos. No hay nada más, si acaso una despensa con comida. No hay cama, no la necesito (la hamaca es más que suficiente). Mi refugio está completo con esos pequeños vicios. Además, sólo se convierte en ese paraíso si yo me meto en el agujero; para cualquier otro mortal carece de interés.

Ese es mi pequeño agujero particular, que en realidad cabe en la punta de mi zapatilla.
 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on September 16, 2016 02:14

September 10, 2016

Sábado 10/09

He leído prácticamente todas las novelas y libros de relatos de Haruki Murakami, y por alguna extraña razón he entablado con el escritor una conexión que por lo menos resulta inquietante. Me considero una persona muy escéptica y sin embargo no tengo otro remedio que aceptar que lo que me ocurre es por lo menos extraño.

Para resumir y no andarme por las ramas diré que se podría decir que "adivino" algunos argumentos de los libros de Murakami sin haberlos leído. Me que escribo alguna historia, e incluso en plena redacción de una novela, y más tarde leo uno de sus libros y descubro que hay un pequeño aspecto, una curiosidad e incluso una buena parte de la trama son muy parecidas. Cualquiera que lo viera pensaría que le estoy plagiando o que, por ejemplo, por haber leído "X" novela del escritor japonés sin quererlo me ha influido en la escritura... ¡pero me ocurre antes de leer la novela! Es raro.

Creo que tiene que ver con el propio Murakami. Con su universo literario: es tan único y particular que todas sus obras están conectadas intrínsecamente, algunas de un modo más profundo, otras en apenas algunos detalles. Pero la red existe, son historias que comparten un mismo tapiz. Si lees dos o tres de sus libros ya te impregnas de esa textura particular. Por eso, como lector y gran seguidor que soy de alguna manera se ha impregnado en mí cierta esencia de su estilo y ha sido inevitable la coincidencia.

Este fin de semana, de hecho, tengo pensado revisar un borrador que hice para una novela que resultó ser muy parecida a El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas: lo descubrí al leer la novela, casi medio año después de escribir el borrador.

Da para un programa de Cuarto Milenio. Voy a poner el móvil con el sonido bien alto, no sea que Íker me llame.
 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on September 10, 2016 01:30

September 7, 2016

Jueves 8/09

Si soy un firme defensor de los paseos por la ciudad, sea la que sea, es por conocimiento de causa.

Ayer descubrí un restaurante vegano. Lo había visto antes, un día que por casualidad saliendo del trabajo me dio por pasear por el Gòtic; concretamente por la plaza George Orwell, que los oriundos de la ciudad conocen con el sobrenombre de la plaza del tripi (creo que por haber sido y no sé si seguir siendo un mercado clandestino de "pastillas") y que siempre está bulliciosa de actividad. Sin prestar demasiada atención a mi alrededor, ignoro el motivo por el cual justamente levanté la vista en el preciso momento que pasaba por delante de un restaurante vegetariano. Curioso eché una ojeada desde el exterior y me gustó. Me prometí que tenía que descubrirlo: eso quiere decir comer en él.

El local está decorado con espíritu vegetal. Tal vez sea esa la mejor definición posible. Los colores que predominan son el verde y el rojo, pasando por marrones y algún pizpireto toque amarillo aquí y allá. De ambiente más bien íntimo el restaurante cuenta con una carta atractiva, que me atrevo a decir sin saber que cambia día a día. En mi caso ayer probé un hummus de zanahoria con pan de pita, una hamburguesa de habas y seitán acompañada de unos pocos nachos y de postre un batido de varias frutas, de las cuales distinguí el plátano y la manzana.

La experiencia no pudo ser mejor. Todos los platos estaban riquísimos, y sobre todo sanos; cuando me los comía sentía que estaba nutriéndome de salud. No sé, cosas mías. Lo que más me sorprendió fue el precio, muy barato para la zona y para el estilo de cocina que se practica (por desgracia hoy en día todo lo vegetariano o vegano, en general, es más bien caro). Salí tan satisfecho del restaurante que mientras deambulaba por las estrechas y calurosas callejuelas del barrio camino de una presentación me dije: ¿Y por qué no meto este restaurante en mi rutina? Por supuesto, ¡era una idea fantástica!

Sólo quedaba escoger un día. Lo tuve fácil y prácticamente surgió espontánea la decisión: el viernes. Empezar el fin de semana de la mejor manera posible no sólo comiendo sino también descubriendo nuevos platos que poder cocinar en casa. Por ejemplo la hamburguesa de habas y seitán, que había visto en algunas tiendas veganas pero jamás compré; ahora sé que están ricas y puedo añadirlas a mi dieta con ganas. Me encanta la doble vertiente del lugar, la gastronómica per se y la didáctica.

Un día redondo: comí de lujo y más tarde disfruté de una bonita presentación literaria. Por si fuera poco, al caer la noche cené en un restaurante marroquí cerca de Encants, otro lugar maravilloso que tiene un cuscús acojonante. Otro día hablaré de él, porque tiene su miga en otros aspectos.
1 like ·   •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on September 07, 2016 23:30

September 4, 2016

Lunes 5/09

Suelo escribir en silencio, básicamente por dos razones. La primera es que siempre que puedo le doy al teclado a primera hora de la mañana, muy temprano, y no sería justo molestar a los vecinos con la música a todo trapo (no me gusta usar los auriculares, al menos para trabajar). Otro de los motivos que me impiden escuchar música mientras escribo es que me distraigo; como es lógico no voy a poner canciones o grupos, o bandas sonoras que no me gusten, con lo que tarde o temprano (y siempre es lo segundo) empiezo a perder la concentración, me pongo a cantar o tararear y no consigo escribir ni una sola línea más.

Por eso me resulta curioso darme cuenta ahora que durante el verano ese silencio ambiental a la hora de trabajar cambia ostensiblemente. De hecho mientras escribo estas líneas (lo hago un sábado pero lo leéis hoy lunes) tengo encendida la televisión, más concretamente sintonizando la Vuelta ciclista a España. Lo que para la mayoría de los no aficionados es el medio perfecto para trascender a otro plano mediante la siesta perfecta, para mí supone un sonido de fondo ideal para trabajar, creando un ambiente lo suficientemente relajado como para que mi cerebro funcione ajeno al calor que siempre sufro por estas fechas. Digamos que es algo así como mi aire condicionado particular. En julio ya ocurrió algo parecido, en esa ocasión con el Tour de Francia. Mismo ritual: ordenador frente al televisor, una pequeña mesa auxiliar junto a mis rodillas y el portátil entre mis manos. ¿No me distrae el devenir de las etapas? Un poco, no voy a mentiros, pero no es hasta el final de las mismas que el asunto no se pone interesante (normalmente, ayer domingo por ejemplo fue una excepción: una etapa emocionante desde el primer kilómetro), así que durante más de dos o tres horas tengo la concentración necesaria para trabajar sin pausa.

Cada persona tiene sus métodos y ambientes de trabajo. Como uno de mis vecinos. Creo que es compositor de música electrónica/indie. "La de los hipsters" que se diría hoy en día. Pues resulta que desde hace aproximadamente un mes no dejo de escuchar todas las mañanas (fines de semana habitualmente) la repetición en bucle de una pequeña estrofa o estribillo de lo que parece ser una canción cantada por una voz femenina. Lo sé porque algunos sábados he topado con una chica que no es vecina subiendo hacia arriba (seguro que hasta el piso en el que vive el compositor) y pocos minutos después escucho a una mujer tratando de ejecutar una y otra vez el mismo fragmento de una canción con la mayor de las perfecciones posibles. Cuando eso sucede no tengo más remedio que dejar el teclado y poner una película: he descubierto que los westerns consiguen apaciguar mi frustración e impaciencia mientras espero a que terminen los ensayos caseros o grabaciones.

Cuando terminan puedo poner al fin mi querido ciclismo y reanudar el aporreo sistemático de las teclas.
 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on September 04, 2016 23:32

September 2, 2016

Viernes 2/09

Hoy al llegar al trabajo me he dado cuenta de que voy completamente vestido de negro, empezando por las zapatillas y terminando en la camiseta de Spider-man. Resulta irónico, al mismo tiempo, que sea hoy cuando voy a regresar a mi rutina de pasear por la playa de Barcelona de regreso a casa.
Ocurrirá alrededor de las tres de la tarde, y parece que volverá a ser un día caluroso y soleado después de varias jornadas grises y nubladas (otra irónica casualidad), con lo que es probable que de repente me halle en mitad de la playa, sin sombra alguna y absorbiendo por completo a través de toda mi negrura textil los casi seguro más de treinta grados que caerán sobre mi cabeza (también negra, aunque cada vez menos por culpa de esa cosa extraña llamada alopecia).
Si por un casual topáis conmigo y observáis que camino achaparrado y con el equilibrio en claro declive, echadme agua si la tenéis a mano. También podéis llamarme loco, calvo o BIZARRO.

¡Feliz fin de semana!
 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on September 02, 2016 01:52

August 30, 2016

Martes 30/08

Hoy, a primera hora de la mañana, ha empezado a llover. A cántaros, casi con desesperación. Esa típica tormenta de verano que tal como viene y descarga con furia se marcha con sigilo.
Saliendo del metro he topado con una aglomeración: los ciudadanos, incautos y con el chip del verano todavía metido en sus cabezas observaban con sorpresa la densa cortina de agua, murmurando entre ellos con ese deje de sueño que empalaga las lenguas y reseca las bocas.
Como un señor, me abrí paso cual Moisés en el Mar Rojo y abrí mi paraguas. Porque siempre llevo uno, y no es por ser previsor sino porque mi mochila tiene un pequeño bolsillo lateral en el que un día de febrero metí el cachivache de marras y ahí se quedó.
Así pues subí las escaleras que me llevaban a la calle. Las gotas golpeaban la tela del paraguas mientras notaba las miradas de envidia de la gente, que no osaba mojarse por vete a saber que estúpida manía.
Media hora después dejó de llover. Me asomé a la ventana y vi como por la boca la boca del metro empezaba a escupir personas como si de un hormiguero se tratara.

Larga vida a los bolsillos laterales de las mochilas.
 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on August 30, 2016 00:48

August 28, 2016

Letras que se funden

El verano es quizás la época en la que menos escribo, no por falta de ideas sino por mi poca tolerancia al calor; no importa cuán cerca está el ventilador, la poca ropa que pueda llevar (calzoncillos básicamente) ni los litros de agua que llegue a beber. Ninguno de esos factores ayuda a refrescar mi cuerpo, que emite tal cantidad de radiación calorífica que podría pasar por una central térmica.

Mi lugar de trabajo tampoco ayuda. Siempre he tenido la mala suerte de vivir en pisos y apartamentos calurosos, y éste no es una excepción. A veces sólo necesito llegar a casa y ver a mi gato tirado en el suelo tan muerto de calor como yo para que ya se me cruce la tarde.

Así pues, espero con ansia la llegada del otoño y el invierno. Se forman en mi mente estampas que añoro, como la de una tarde de escritura frenética mientras en el exterior cae un diluvio que dura hasta bien entrada la noche.
 •  0 comments  •  flag
Share on Twitter
Published on August 28, 2016 23:25