Los amafisos
“Sin apearse, el hombre encapuchado observó con detenimiento a Brilafos y luego se concentró en Larek.—¿Te han quedado las sobras, eh calteno? —El hombre hablaba con un acento particular, estirando la última palabra. Tanto Brilafos como Larek intuyeron que provenía del extremo norte de Amafis—. Eres un mercader persistente, malditos sean mis ojos, sí señor. Podríamos hacer negocios, tú y yo, ¿eh?—Podría ser —respondió Brilafos, en amafiso, con voz hosca—, depende de lo que busques.—Ah, nada especial, calteno, solo sobras. Darilo solo recoge sobras; sobras en buen estado, si me comprendes.—¿Compras contrabando? —A pesar de que prácticamente no quedaba nadie en la plaza, Brilafos bajó la voz.—Podría ser, calteno. ¿Acaso tú lo vendes?—Digamos que necesito deshacerme de este esclavo en buenos términos… Es fuerte y sano, pero no puede quedarse en Prunia.—¿Y por qué no? —El amafiso, Darilo, se inclinó hacia delante y abrió grandes los ojos.—Cuestiones del ejército —dijo Brilafos, tajante.—Oh, ya veo… —Darilo por fin descendió de la carreta y se arrimó a Larek, quien mantenía los ojos clavados en las baldosas del piso—. ¿Y de dónde proviene este cordero, eh?—Recién llegado de la conquista de Greislavia. —Brilafos se cruzó de brazos—. Como puedes ver, se encuentra entero y sin rastros de peste. ¿Y a qué te dedicas tú, si puedo saberlo?—Ah, solo negocios aquí y allá —murmuró Darilo—, solo buenas oportunidades; un poco riesgosas quizá, pero buenas, sí señor.—Bien. Si lo sacas de Prunia, el esclavo es tuyo.”
Vientos de Revolución, primera parte. El mercado de Mosnia.
Published on November 05, 2020 17:15
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