La (in)convenciencia de probar y cohabitar

Año nuevo, vida nueva.

Ésta es una de las primeras ideas que se nos vienen a la cabeza en cuanto arranca el mes de enero. Nos replanteamos nuestros objetivos, consideramos darle una nueva oportunidad a los que fallaron en el año anterior, los desechamos si todavía los vemos poco viables...

En el plano sentimental, los emparejados también inciden mucho en este aspecto a la hora de tomar decisiones trascendentales. Entre los no casados, una de las áreas más tenidas en cuenta es la de la convivencia, e incluso hay muchos casos en los que ni siquiera se piensa en ello porque se pasa directamente a la acción.

Muchos alegan que es uno de los pasos definitivos para asentar una relación, pero paradójicamente, otros tanto afirman todo lo contrario: se convive "para probar a ver qué tal les va, y si ya entonces empieza a ir mal, es que es señal de que la relación nunca terminará de cuajar y que hay que desestimar el matrimonio y la familia por completo". A esto, también es imposible no sumarle la motivación económica: con dos sueldos en vez de uno, podremos independizarnos antes de nuestros padres y cada uno gastará menos en una casa.

Aunque a muchos les duela, ésta es una gran prueba de la mentalidad consumista que se ha apoderado de esta sociedad. Se le añade a la pareja un toque de conveniencia emocional y de interés materialista. Las palabras "intentar" y "probar" indican que se parte de una desconfianza que te acabas creyendo mediante autosugestión, y que de entrada no estás dispuesto a volcarte al 100% en la relación, porque ya vas a tirar la toalla cuando se desmonta un cuento de hadas libre de las inevitables penurias que también forman parte de la vida. Todo esto, y no el propio matrimonio como institución, es lo que está provocando que España sea uno de los países con una de las tasas más elevadas de rupturas y divorcios.

¡Menudo y tan alto precio el que se paga por no saber dar su tiempo y su lugar a cada cosa! Es muy sencillo y tentador el seguir los dictámenes pasajeros del corazón, y no pensar con la cabeza en las consecuencias de nuestros actos a largo plazo. En la fase de enamoramiento, en la cual todo se idealiza porque no se conocen bien los defectos o a la propia pareja, solemos precipitarnos a situaciones de riesgo sin evaluar la posibilidad de un batacazo que negamos a creernos. Cuando ya es verdadero amor, no te importan los percances que puedan surgir porque los aceptas y decides continuar con la determinación de enfrentarlos en pareja (obviamente, con el objetivo de triunfar).

Lanzarse a cohabitar con alguien a quien apenas conocemos "por intentar y probar", se transforma en una trampa abismal si finalmente descubrimos con la misma intensidad que el Príncipe Azul era realmente un chupóptero o un rompecorazones (ejem, ejem). Y ya ni te cuento si el gozo de la independencia de los padres se queda en un pozo cuando, tras una abrupta ruptura por no saber afrontar los desafíos implícitos en una pareja, acabas arruinado y con un montón de deudas a compartir con tu ex. Al conocer sinceramente a tu pareja y asimilar vais a pasar toda la vida unidos, no necesitáis pasar por ninguna prueba de (des)confianza para confirmarlo, aunque os hayáis pasado diez años de relación sin convivir en ninguno de ellos. En el instante en que las parejas asimilan que el matrimonio no es un broche final de adorno, sino el inicio de la gran aventura en el que se asumen todas sus subidas y bajadas, son quienes más asientan el sentido de la estabilidad con una alta autoestima y tolerancia a la frustración a partes iguales.

Si piensas que el matrimonio es solo porque estáis súper enamorados y todo os va fenomenal a la perfección, mejor no te cases. Si os vais a convivir juntos porque no estás completamente seguro de que es la persona con la que vas a pasar el resto de tu vida, mejor no cohabites. Si no eres consciente de que un noviazgo conlleva inversiones y esfuerzos por conocer bien al otro, mejor no te emparejes y dedícate el tiempo suficiente para conocerte y quererte bien a ti mismo.
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Published on January 27, 2022 15:30
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Un Alma Libre De Mente Inquieta

Irene Maciá
Reflexiones introspectivas y personales de la escritora Irene Maciá.
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