Sin referentes
Hace unos días me llamó un editor para preguntarme cómo veía la situación del sector. Este editor venía de una comida con otros colegas y me señalo que veían una enorme atonía y cierto desconcierto entre los editores. Le señalé que desde mi punto de vista compartía sus dudas y que estaba observando un relativo empobrecimiento intelectual del sector. Si a nivel internacional en estos últimos tiempos hemos perdido a Mike Shatzkin y a Porter Anderson, dos referentes de la reflexión y análisis del sector, a nivel nacional la situación no es nada buena. Aunque tenemos hoy en el mercado tres revistas de análisis como Trama & Texturas, Publishers, y Publishers Weekly, al margen de la digital LOMagazine, es evidente la penuria de contenido al que se enfrentan. No hay nadie escribiendo y/o reflexionando sobre la industria. Estamos sin referentes analíticos e incluso sin eventos e iniciativas que puedas considerar de proyección nacional y/o internacional. Cada vez pienso más en la importancia que tuvo un evento como el Congreso del Libro Electrónico que dirigía Javier Celaya o el evento de El Escorial de ARCE, la Asociación de Revistas Culturales de España.
Desde la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) no se observan iniciativas. Cuando José Manuel Anta y Fernando Benzo llegaron a esta entidad en 2024 pensé que comenzaríamos a ver iniciativas y estudios nuevos, e incluso apoyo a algún evento nacional de reflexión, de momento está todo muy parado; y desde la Dirección General del Libro tampoco se observa mucho dinamismo en iniciativas. He recordado estos días que hace un tiempo unos editores me preguntaron por el Observatorio de la Lectura y el Libro, señalándome que, después de que se creara en 2007, se constituyera como tal en 2008, estructurándose en comités y grupos de trabajo, su última reunión se celebró en 2011. Este organismo lo constituyó el Ministro don César Antonio Molina estando de Director General del Libro don Rogelio Blanco, y aunque inicialmente tuve muchas dudas de su posible eficacia por una cierta estructura faraónica (pleno, comisiones, grupos de trabajo, comité técnico, etc.), viendo la que estaba cayendo en aquellos años sobre la industria del libro le concedí el beneficio de la duda. La presencia de algunas personas de enorme valía profesional y grandes conocedores de mundo del libro en el comité de expertos, me llevó a pensar que quizá podían hacer una extraordinaria labor en pos del libro, con mayor motivo en un momento en que la industria del libro y las bibliotecas estaban ante una situación muy complicada.
El tema es que este Observatorio de la Lectura y el Libro nació con el objetivo central de “análisis permanente de la situación del libro, la lectura y las bibliotecas. Asimismo, debía proponer actuaciones para mejorar la situación de los creadores literarios y sus derechos, realizar una labor de apoyo y reconocimiento a la tarea desempeñada por los traductores, y ofrecer un sitio de información, investigación y análisis sobre áreas de trabajo relacionadas con la industria del libro, el fomento de la lectura, las bibliotecas o la creación literaria”. Mi sensación es que a la FGEE no le interesó absolutamente nada, y los cambios en la Dirección General del Libro llevaron al olvido este tema. No olvidemos que el Pleno y el Comité Técnico se debían reunir, con carácter ordinario, al menos una vez al semestre. Visto hoy el asunto, parece una irresponsabilidad por parte de todos no activar ninguna iniciativa en esta línea.
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