Ayris Winters Quotes
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“—Llora, pequeña, llora —le susurró él cerca del oído—. Llora todo cuanto tienes guardado allí dentro y te hace daño. Déjalo ir… Déjalo salir de tu vida conmigo a la par.
Y lo hizo… Lloró como nunca antes. Como una Julieta consciente de que pierde a su Romeo… Lloró con desgarro, con añoro, con todos los años sin él que le quedaran por delante, con vergüenza, con orgullo herido, con la desesperación y el miedo de volver a perderlo… Y si en ese momento Blake se hubiera levantado para salir para siempre de su vida, habría caído de rodillas y le hubiera implorado que no la dejara. Ya no le importaba ni cuán herido se sentiría su orgullo, ni que si tras herirlo este moriría engullido por su humildad; no le importaba humillarse, ni tampoco hacer el ridículo. Ya no era la famosa violoncelista soberbia y orgullosa de sus logros, era una niña de dieciocho años, huérfana y abandonada entre las piedras de una playa en San Francisco… Era una mujer harta de sufrir y sedienta de recibir y de dar amor. Era una mujer que quería volver a sentir. Tan solo era una mujer que quería amar y ser amada…”
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Y lo hizo… Lloró como nunca antes. Como una Julieta consciente de que pierde a su Romeo… Lloró con desgarro, con añoro, con todos los años sin él que le quedaran por delante, con vergüenza, con orgullo herido, con la desesperación y el miedo de volver a perderlo… Y si en ese momento Blake se hubiera levantado para salir para siempre de su vida, habría caído de rodillas y le hubiera implorado que no la dejara. Ya no le importaba ni cuán herido se sentiría su orgullo, ni que si tras herirlo este moriría engullido por su humildad; no le importaba humillarse, ni tampoco hacer el ridículo. Ya no era la famosa violoncelista soberbia y orgullosa de sus logros, era una niña de dieciocho años, huérfana y abandonada entre las piedras de una playa en San Francisco… Era una mujer harta de sufrir y sedienta de recibir y de dar amor. Era una mujer que quería volver a sentir. Tan solo era una mujer que quería amar y ser amada…”
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“Ayris apretó los párpados con fuerza, pero ya era tarde para tragarse las lágrimas, estas se deslizaron en surcos triples por sus mejillas, y sintió alrededor de su corazón el mismo puño de acero que esa tarde en la playa…
En ese preciso momento supo el porqué de su histeria: no quería que se fuera… No quería que todo siguiera igual… Le sería imposible, ahora que lo había reencontrado y… odiaba reconocerlo. Odiaba reconocer su debilidad. Se odiaba a sí misma… Quería odiarlo a él… y no podía… Sentía morirse por dentro al pensar que dentro de unos minutos se iría para siempre y… no sabía cómo pedirle que se quedara… Había tanto que perdonar de por medio que su orgullo gritaba en sus oídos que dejara que se fuera… Pero todo lo demás, todo lo que era… esos ojos que no podían dejar de llorar al pensar en una vida sin él; esas manos que sentían su torso bajo sus palmas; esa mejilla pegada a su pecho y esa oreja que escuchaba los fuertes latidos de su corazón; todo aquello bramaba el derecho al dejar de sufrir, al no sangrar más… Todos esos mutilados trozos de sí misma lo querían allí, cerca de ella, pegado a ella como en esos momentos. Y su mente… su cansada mente le decía que no quería esperar otros once años más, o todos los que le quedaran, para encontrar, por fin, la paz…”
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En ese preciso momento supo el porqué de su histeria: no quería que se fuera… No quería que todo siguiera igual… Le sería imposible, ahora que lo había reencontrado y… odiaba reconocerlo. Odiaba reconocer su debilidad. Se odiaba a sí misma… Quería odiarlo a él… y no podía… Sentía morirse por dentro al pensar que dentro de unos minutos se iría para siempre y… no sabía cómo pedirle que se quedara… Había tanto que perdonar de por medio que su orgullo gritaba en sus oídos que dejara que se fuera… Pero todo lo demás, todo lo que era… esos ojos que no podían dejar de llorar al pensar en una vida sin él; esas manos que sentían su torso bajo sus palmas; esa mejilla pegada a su pecho y esa oreja que escuchaba los fuertes latidos de su corazón; todo aquello bramaba el derecho al dejar de sufrir, al no sangrar más… Todos esos mutilados trozos de sí misma lo querían allí, cerca de ella, pegado a ella como en esos momentos. Y su mente… su cansada mente le decía que no quería esperar otros once años más, o todos los que le quedaran, para encontrar, por fin, la paz…”
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