Liubliana Quotes

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Eduardo Sánchez Rugeles
“Me gusta pensar que los recuerdos no mueren con la carne, que todo aquello que hacemos, que todo a lo que atribuimos un valor se queda escrito con tinta indeleble en la memoria del mundo, que los hombres inventaron el concepto de justicia para tener presente la fragilidad del bien, la indolencia del equilibrio y para tratar de corregir los errores de Dios.”
Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana

Eduardo Sánchez Rugeles
“Me fui de Venezuela con la convicción de que hacía lo correcto. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que Caracas, como un cáncer inoperable, estaba enredada en lo más profundo de mi memopria. Mi Caracas, lo sé, es una geografía fragmentaria, incompleta, tendenciosa. Mi centro se ubica al final de la avenida Teresa de la Parra, no tiene plaza ni parlamento. Me costó entender que la tragedia del exilio la escriben las cosas invisibles, los pequeños detalles que pasan desapercibidos. No todo el mundo se da cuenta de que lo que duele, lo que se echa de menos, es la belleza espontánea de lo insignificante.”
Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana

Eduardo Sánchez Rugeles
“Pensé, aturdido por el dolor del pecho, que el desarraigo no era más que una falsa mudanza. Quizás -me dije- aquello que llamamos hogar solo sea una invención de la memoria.”
Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana

Eduardo Sánchez Rugeles
“Tras el deslave, cambió el curso del Inírida. El mundo se detuvo, comenzó a girar en sentido contrario. La solidaridad de los hombres suele ser tan efímera como la intensidad de un sismo. Pasado el trauma, sepultados los cuerpos en el mar, construidas las trochas de cemento, militarizada Tanaguarena y abierto el acceso al aeropuerto, La Guaira pasó a ser patrimonio del olvido. Los muñecos de lodo solo permanecieron en el recuerdo de sus familiares cercanos.”
Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana

Eduardo Sánchez Rugeles
“Las noticias eran una invención, una farsa, una burla de Dios; porque yo pensaba que Martín Velásquez era inmortal, que las balas eran objetos extraños e inofensivos, que la muerte violenta era un patrimonio de los otros.”
Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana