1,579 books
—
18,688 voters
Brenda
https://www.goodreads.com/miladybren
“Nunca antes habia querido que nada durara para siempre y me pareció una gran novedad, una novedad que debería durar para siempre: querer que algo dure para siempre era mi forma de convertirme en un grande o en algo. Un grande es alguien que sabe que las cosas no duran y quiere que algunas - unas pocas, muy pocas- duren para siempre aunque, por definición sabe que no puede suceder. Un grande es un necio que quiere lo que sabe que no puede suceder- a diferencia de un chico, que cree que todo es posible y no tiene que pensar en esos sinsentidos y quiere cosas posibles porque todavía no aprendió que no lo son.”
―
―
“Me quedaba quieto igual que una vez, cuando tenía cinco años, que estábamos de visita en casa de un tío. La conversación de grandes me había dado sueño y me recosté en el sillón. Mi tío me apoyó sobre sus piernas y siguió conversando mientras me acariciaba la cabeza. Me despabiló por completo esa mano grande pasando suave por mis cabellos, pero seguí haciéndome el dormido porque, de alguna manera, supe que esos mimos eran porque creían que no me daba cuenta, curioso. Oí cuando mi madre dijo: Éste se está haciendo el dormido. Y a mi tío responderle que no, que estaba dormido en serio, sentí como su mano tocaba mis párpados y debo haberme acordado de algún perro que vi durmiendo, porque hasta los ojos para atrás puse con tal de que siguierna acariciándome la cabeza. Quien sabe cómo hace uno, a los seis años, para ya saber que hay cosas que se terminan si uno se despierta. No me pregunté entonces porqué se terminaba tanta ternura si se daban cuenta de que estaba despierto. ¿Sería posible que alguien te acariciara aunque estuvieras despierto? Eso lo aprendí de grande, como también, a oir el amor callado de los que sólo te acarician si te ven dormido, por pudor, por vergüenza, por campesina falta de costumbre de decir cuánto se quiere y también porque les gana el sentimiento.”
― El ciudadano de mis zapatos
― El ciudadano de mis zapatos
“Depués repite la pregunta: qué pregunta.
- La pregunta del siglo. En un siglo que superó todos los límites, la pregunta es: si no tuviera ningún límite ¿qué haría?
Carpanta abunda: que los límites pueden ser morales, legales, físicos, que estamos llenos de límites que nos ponemos para justificar que no se nos ocurre nada interesante. Que los límites no sirven para limitar las conductas, sino para liberarnos de la carga de elegir, la angustia de elegir, el desconsuelo de aceptar que no vamos más lejos por idiotas.”
―
- La pregunta del siglo. En un siglo que superó todos los límites, la pregunta es: si no tuviera ningún límite ¿qué haría?
Carpanta abunda: que los límites pueden ser morales, legales, físicos, que estamos llenos de límites que nos ponemos para justificar que no se nos ocurre nada interesante. Que los límites no sirven para limitar las conductas, sino para liberarnos de la carga de elegir, la angustia de elegir, el desconsuelo de aceptar que no vamos más lejos por idiotas.”
―
“Para que algo quede escrito no hace falta solamente el deseo puesto en juego a través de la mano que escribe el texto, también hace falta un papel o equivalente (cualquier sustancia material) en el que el trazo pueda quedar registrado.
Mientras escribimos, por lo general nos olvidamos del papel, atentos sólo a las palabras que queremos dejar allí; pero forzosamente pasamos a tenerlo en cuenta cuando alguna de las características materiales del papel dificulta que las letras queden escritas con claridad.
Todo bebé nace inmerso en un baño de lenguaje. Esta cacofonía significante -insignificante para el bebé en sus primeros tiempos en cuanto a su sentido- le llega filtrada por el Otro real, encarnado en la persona que ejerce la función materna, quien va escribiendo las primeras letras en su cuerpo, desde cada acto cotidiano con el que posibilita el curso de su vida de bebé. Block maravilloso mediante, de una u otra manera, el archivo queda registrado en el sistema nervioso central.
Sobre los bebés que nacen normales, los padres normales escriben sin siquiera darse cuenta. Una madre puede no recordar en qué momento su bebé dijo ajó por primera vez, o sostuvo la cabeza, o se sentó, o agarró un sonajero, o se paró solo agarrado a los barrotes de la cuna, puede ni siquiera saber si pasó o no pasó por la angustia d elos ocho meses, pero si su bebé pudo pasar por cada uno de semejantes avatares fue porque ella, sin saberlo, sabía qué tipo de sosten o de objeto, distintos cada día, requería la crianza de su hijo.
(...) A veces nos encontramos con padres acerca de los cuales todo nos hace suponer que de haberles nacido un bebito orgánicamente normal, éste se habría convertido en un niño neurótico cualquiera, sin mayores complicaciones que su propia singularidad; pero les tocó un hijo que, al ser portador de una falla detectable, hirió su narcisismo de tal forma que no resultó posible que el pequeño bebé recibiera la serie de inscripciones que previsamente le estaba destinada.
Otras veces, lo que toca es un hijo sin ninguna falla detectable en lo inmediato, pero cuya dotación biológica no ofrece las respuestas que normalmente realimentan el llamado del Otro, provocando una serie de desencuentros entre madre e hijo que sólo se advierte mucho más tarde, cuando las producciones del niño no alcanzan las esperables a su edad o lo hacen de manera muy extraña.”
― Unknown Book 9725607
Mientras escribimos, por lo general nos olvidamos del papel, atentos sólo a las palabras que queremos dejar allí; pero forzosamente pasamos a tenerlo en cuenta cuando alguna de las características materiales del papel dificulta que las letras queden escritas con claridad.
Todo bebé nace inmerso en un baño de lenguaje. Esta cacofonía significante -insignificante para el bebé en sus primeros tiempos en cuanto a su sentido- le llega filtrada por el Otro real, encarnado en la persona que ejerce la función materna, quien va escribiendo las primeras letras en su cuerpo, desde cada acto cotidiano con el que posibilita el curso de su vida de bebé. Block maravilloso mediante, de una u otra manera, el archivo queda registrado en el sistema nervioso central.
Sobre los bebés que nacen normales, los padres normales escriben sin siquiera darse cuenta. Una madre puede no recordar en qué momento su bebé dijo ajó por primera vez, o sostuvo la cabeza, o se sentó, o agarró un sonajero, o se paró solo agarrado a los barrotes de la cuna, puede ni siquiera saber si pasó o no pasó por la angustia d elos ocho meses, pero si su bebé pudo pasar por cada uno de semejantes avatares fue porque ella, sin saberlo, sabía qué tipo de sosten o de objeto, distintos cada día, requería la crianza de su hijo.
(...) A veces nos encontramos con padres acerca de los cuales todo nos hace suponer que de haberles nacido un bebito orgánicamente normal, éste se habría convertido en un niño neurótico cualquiera, sin mayores complicaciones que su propia singularidad; pero les tocó un hijo que, al ser portador de una falla detectable, hirió su narcisismo de tal forma que no resultó posible que el pequeño bebé recibiera la serie de inscripciones que previsamente le estaba destinada.
Otras veces, lo que toca es un hijo sin ninguna falla detectable en lo inmediato, pero cuya dotación biológica no ofrece las respuestas que normalmente realimentan el llamado del Otro, provocando una serie de desencuentros entre madre e hijo que sólo se advierte mucho más tarde, cuando las producciones del niño no alcanzan las esperables a su edad o lo hacen de manera muy extraña.”
― Unknown Book 9725607
“El trabajo de abrir el pecho, no con voluntad: "¡Hay que abrir el pecho!"
- ¿De dónde puede salir el movimiento que permitiría ampliar el espacio entre el hombro y el esternón?
Trabajo que desgarra la piel por dentro.
- ¿Es necesario desgarrarse? ¿No habrá otra forma de abrirse?
Un abrir sin desgarrarse. Difícil equilibrio.
Cada uno lo prueba con su propio cuerpo.
Y hay respiraciones que parecen detenerse o simplemente se van quebrando de a poco.
- ¿Y si hay dolor? - pregunta alguien del grupo.
- No cerrarse, dejen que el dolor encuentre su salida.
Pero, dejar que salga el dolor no es tarea fácil, implica el deseo de no querer el dolor que a veces ha sido necesario para sentirse viva.
- Un dolorcito, por amor de Dios...
El deseo de no desear el dolor.”
― Pensamiento Corporal, El
- ¿De dónde puede salir el movimiento que permitiría ampliar el espacio entre el hombro y el esternón?
Trabajo que desgarra la piel por dentro.
- ¿Es necesario desgarrarse? ¿No habrá otra forma de abrirse?
Un abrir sin desgarrarse. Difícil equilibrio.
Cada uno lo prueba con su propio cuerpo.
Y hay respiraciones que parecen detenerse o simplemente se van quebrando de a poco.
- ¿Y si hay dolor? - pregunta alguien del grupo.
- No cerrarse, dejen que el dolor encuentre su salida.
Pero, dejar que salga el dolor no es tarea fácil, implica el deseo de no querer el dolor que a veces ha sido necesario para sentirse viva.
- Un dolorcito, por amor de Dios...
El deseo de no desear el dolor.”
― Pensamiento Corporal, El
Brenda’s 2025 Year in Books
Take a look at Brenda’s Year in Books, including some fun facts about their reading.
More friends…
Polls voted on by Brenda
Lists liked by Brenda


























