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Carlos
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On page 100.
"La liada que hay aquí montada con el gobierno provisional me importa poco y es como la temática central, ultrapesada y aburrida."
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May 14, 2026 10:13AM
“Que dormía, acurrucada, metiéndose dentro de él, perdida en la nada al sentir que se quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego tibio, luego dulce dando golpes duros contra su carne blanda; sumiéndose más, hasta el gemido.”
― Pedro Páramo
― Pedro Páramo
“—Dice que ella escondía sus pies entre las piernas de él. Sus pies helados como piedras frías y que allí se calentaban como en un horno donde se dora el pan. Dice que él le mordía los pies diciéndole que eran como pan dorado en el horno. Que dormía acurrucada, metiéndose dentro de él, perdida en la nada al sentir que se quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego tibio, luego dulce, dando golpes duros contra su carne blanda; sumiéndose, sumiéndose más, hasta el gemido. Pero que le había dolido más su muerte. Eso dice.
—¿A quién se refiere?
—A alguien que murió antes que ella, seguramente.
—¿Pero quién pudo ser?
—No sé. Dice que la noche en la cual él tardó en venir sintió que había regresado ya muy noche, quizá de madrugada. Lo notó apenas, porque sus pies, que habían estado solos y fríos, parecieron envolverse en algo; que alguien los envolvía en algo y les daba calor. Cuando despertó los encontró liados en un periódico que ella había estado leyendo mientras lo esperaba y que había dejado caer al suelo cuando ya no pudo soportar el sueño. Y que allí estaban sus pies envueltos en el periódico cuando vinieron a decirle que él había muerto.
—Se ha de haber roto el cajón donde la enterraron, porque se oye como un crujir de tablas.
—Sí, yo también lo oigo.”
― Pedro Páramo
—¿A quién se refiere?
—A alguien que murió antes que ella, seguramente.
—¿Pero quién pudo ser?
—No sé. Dice que la noche en la cual él tardó en venir sintió que había regresado ya muy noche, quizá de madrugada. Lo notó apenas, porque sus pies, que habían estado solos y fríos, parecieron envolverse en algo; que alguien los envolvía en algo y les daba calor. Cuando despertó los encontró liados en un periódico que ella había estado leyendo mientras lo esperaba y que había dejado caer al suelo cuando ya no pudo soportar el sueño. Y que allí estaban sus pies envueltos en el periódico cuando vinieron a decirle que él había muerto.
—Se ha de haber roto el cajón donde la enterraron, porque se oye como un crujir de tablas.
—Sí, yo también lo oigo.”
― Pedro Páramo
“Así fuimos olvidando lo importante: que ser travesti era una fiesta. Porque la más hermosa de todas nosotras ya no estaba ahí para recordárnoslo.”
― Las malas
― Las malas
“Pasó junto á la barca del abuelo, y el cazador
se llevó la mano á los ojos, como si le hiriese un
relámpago. —¡Mare de Deul—gimió aterrado, mientras la
escopeta se le iba de las manos.
Tonet se irguió, con la mirada loca, estremecido
de pies á cabeza, como si el aire faltas© de
pronto en sus pulmones. Víó junto á la borda de
BU barca un lio de trapos, y en él algo lívido y gelatinoso
erizado de eanguijaeiae: una cabecita hinchada,
deforme, negruzca, con las cuencas vacías
y colgando de una de ellas el globo de un ojo: todo
tan repugnante, tan hediondo, que parecía entenebrecer
repentinamente el agua y el espacio,
haciendo que en pleno sol cayese la noche sobre
el lago.
Levantó la percha con ambas manoi^, y fué tan
tremendo el golpe, que el cráneo de la perra crujió
como si se rompiese, y el pobre animal, dando
un aullido, se hundió con su presa en las aguas
arremolinadas.”
― Cañas y barro
se llevó la mano á los ojos, como si le hiriese un
relámpago. —¡Mare de Deul—gimió aterrado, mientras la
escopeta se le iba de las manos.
Tonet se irguió, con la mirada loca, estremecido
de pies á cabeza, como si el aire faltas© de
pronto en sus pulmones. Víó junto á la borda de
BU barca un lio de trapos, y en él algo lívido y gelatinoso
erizado de eanguijaeiae: una cabecita hinchada,
deforme, negruzca, con las cuencas vacías
y colgando de una de ellas el globo de un ojo: todo
tan repugnante, tan hediondo, que parecía entenebrecer
repentinamente el agua y el espacio,
haciendo que en pleno sol cayese la noche sobre
el lago.
Levantó la percha con ambas manoi^, y fué tan
tremendo el golpe, que el cráneo de la perra crujió
como si se rompiese, y el pobre animal, dando
un aullido, se hundió con su presa en las aguas
arremolinadas.”
― Cañas y barro
“Había comenzado por pasar revista á los tres
pucheros, cuidadosamente tapados con gruesas telas
amarradas á la boca. ¿Cuál sería el primero?...
Escogió á la ventura, y abriendo uno se dilató su
hocico voluptuosamente con el perfume del bacalao
con tomate. Aquello era guisar. El bacalao
estaba deshecho entre la pasta roja del tomate,
tan suave, tan apetitoso, que al tragar Sangonera
el primer bocado creyó que le bajaba por la garganta
un néctar más dulce que el líquido de las
vinajeras que tanto le tentaba en sus tiempos de
sacristán. ¡Con aquello se quedaba! No había por
qué pasar adelante. Quiso respetar el misterio de
los otros dos pucheros; no desvanecer las ilusiones
que despertaban sus bocas cerradas, tras las
cuales presentía grandes sorpresas. ¡Ahora á lo
que estábamos! Y metiendo entre sus piernas el
oloroso puchero, comenzó á tragar con sabia cal-
ma, como quien tiene todo el día por delante y
sabe que no puede faltarle ocupación. Mojaba len*
tamente, pero con tal pericia, que al introducir
en el perol su mano armada de un pedazo de pan,
bajaba considerablemente el nivel. El enorme bocado
ocupaba su boca, hinchándole los carrillos.
Trabajaban las mandíbulas con la fuerza y la
regularidad de una rueda de molino, y mientras
tanto, sus ojos fijos en el puchero exploraban las
profundidades, calculando los viajes que aun tendría
que realizar la mano para trasladarlo todo á
su boca.”
― Cañas y barro
pucheros, cuidadosamente tapados con gruesas telas
amarradas á la boca. ¿Cuál sería el primero?...
Escogió á la ventura, y abriendo uno se dilató su
hocico voluptuosamente con el perfume del bacalao
con tomate. Aquello era guisar. El bacalao
estaba deshecho entre la pasta roja del tomate,
tan suave, tan apetitoso, que al tragar Sangonera
el primer bocado creyó que le bajaba por la garganta
un néctar más dulce que el líquido de las
vinajeras que tanto le tentaba en sus tiempos de
sacristán. ¡Con aquello se quedaba! No había por
qué pasar adelante. Quiso respetar el misterio de
los otros dos pucheros; no desvanecer las ilusiones
que despertaban sus bocas cerradas, tras las
cuales presentía grandes sorpresas. ¡Ahora á lo
que estábamos! Y metiendo entre sus piernas el
oloroso puchero, comenzó á tragar con sabia cal-
ma, como quien tiene todo el día por delante y
sabe que no puede faltarle ocupación. Mojaba len*
tamente, pero con tal pericia, que al introducir
en el perol su mano armada de un pedazo de pan,
bajaba considerablemente el nivel. El enorme bocado
ocupaba su boca, hinchándole los carrillos.
Trabajaban las mandíbulas con la fuerza y la
regularidad de una rueda de molino, y mientras
tanto, sus ojos fijos en el puchero exploraban las
profundidades, calculando los viajes que aun tendría
que realizar la mano para trasladarlo todo á
su boca.”
― Cañas y barro
Carlos ’s 2025 Year in Books
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