Discover new books on Goodreads
Meet your next favorite book
to-read
(898)
currently-reading (3)
read (349)
did-not-finish (0)
female-authors (131)
essentials (104)
university (90)
to-read-real-soon (76)
thesis (68)
pd (57)
french (56)
currently-reading (3)
read (349)
did-not-finish (0)
female-authors (131)
essentials (104)
university (90)
to-read-real-soon (76)
thesis (68)
pd (57)
french (56)
childhood
(52)
german (52)
university-classes (52)
feminism (48)
english (47)
to-read-soon (44)
comics (43)
classics (33)
to-read-real-soon-uni (32)
history-novels (30)
essays (25)
german (52)
university-classes (52)
feminism (48)
english (47)
to-read-soon (44)
comics (43)
classics (33)
to-read-real-soon-uni (32)
history-novels (30)
essays (25)
“And they went further and further from her, being attached to her by a thin
thread (since they lunched with her) which would stretch and stretch, get thinner and thinner as they walked across London; as if one´s friends were attached to one´s body, after lunching with them, by a thin thread, which (as dozed there) became hazy with the sond of bells, striking the hour or ringing to service, as a single spider´s thread is blotted with rain –drops, and, burdened, sags down. So she slept. And Richard Dalloway and Hugh Whithbread hesitated at the corner of Conduit Street at the very moment that Millicent Bruton, lying on the sofa, let the thread snap, snored.”
― Mrs. Dalloway
thread (since they lunched with her) which would stretch and stretch, get thinner and thinner as they walked across London; as if one´s friends were attached to one´s body, after lunching with them, by a thin thread, which (as dozed there) became hazy with the sond of bells, striking the hour or ringing to service, as a single spider´s thread is blotted with rain –drops, and, burdened, sags down. So she slept. And Richard Dalloway and Hugh Whithbread hesitated at the corner of Conduit Street at the very moment that Millicent Bruton, lying on the sofa, let the thread snap, snored.”
― Mrs. Dalloway
“Londres se ha tragado muchos millones de jóvenes llamados Smith; no ha concedido ninguna importancia a nombres tan raros como Septimus, con los que sus padres habían pensado singularizarlos. Vivir en una pensión, en una bocacalle de Euston Road, comportaba experiencias - experiencias otra vez - como la de transformar una cara en dos años: una inocente cara ovalada y rosa en otra contraída y enjuta. Pero de todo lo dicho, qué hubieran podido decir los amigos más observadores, salvo lo que dice un jardinero cuando abre la puerta del invernadero y se encuentra una nueva flor en la planta: Ha florecido; florecido por vanidad, ambición, idealismo, pasión, soledad, valor, pereza, las semillas habituales que, revueltas todas ellas (en una habitación junto a Euston Road), hicieron de él un hombre tímido y tartamudo, ansioso de superarse a sí mismo, le hicieron enamorarse de la señorita Isabel Pole que daba lecciones sobre Shakespeare en Waterloo Road.”
― Mrs. Dalloway
― Mrs. Dalloway
“Pero quería volver con algo entre las manos. ¿Flores? Sí, flores, porque no se fiaba de su gusto para el oro; cualquier tipo de flores, rosas, orquídeas, para celebrar lo que era, se viera como se viera, un acontecimiento; aquello que sintió por Clarissa cuando hablaban de Peter Walsh en el almuerzo; y es que nunca hablaban de ello, nunca, desde hacía años, habían hablado de ello; cosa que, pensó, agarrando sus rosas rojas y blancas (un ramo grande envuelto en papel de seda), es el mayor error del mundo. Llega el momento en que no se puede decir; uno es demasiado tímido para decirlo, pensó, manoseando sus seis o doce peniques sueltos en el bolsillo, emprendiendo el camino hacia Westminster con su gran ramo de rosas pegado al cuerpo, para decir sencillamente, con estas palabras (pensara lo que pensara de él), entregándole las flores: 'Te quiero.' ¿Por qué no? Realmente era un milagro, si pensábamos en la guerra y en los miles de pobres muchachos, con toda la vida por delante, enterrados a tropel, medio olvidados ya; era un milagro. Aquí estaba él caminando por Londres para ir a decirle a Clarissa, con estas palabras, que la quería. Algo que no se dice nunca, pensó. En parte, es por pereza; en parte, es por timidez.”
― Mrs. Dalloway
― Mrs. Dalloway
“No se atrevía a afirmar de nadie, ahora, que fuera esto o aquello. Se sentía muy joven; al tiempo que inefablemente avejentada. Penetraba en todas las cosas como un cuchillo; y a la vez se quedaba fuera, observando. Tenía un perpetuo sentir, al mirar los taxis, de estar fuera, lejos, muy lejos, mar adentro y sola; siempre tuvo la impresión de que vivir era muy, muy peligroso, aunque sólo fuese un día. Y no es que se creyese lista, o muy fuera de lo normal. Cómo se las había arreglado en la vida con las cuatro cosillas que Fräulein Daniels les había enseñado, no se lo explicaba. No sabía nada; ni idiomas, ni historia, apenas si leía ya algún libro (salvo memorias en la cama); y sin embargo a ella le resultaba absolutamente absorbente; todo esto; los coches que pasan; y no se habría atrevido a afirmar de Peter, a afirmar de ella misma; soy esto, soy aquello.”
― Mrs. Dalloway
― Mrs. Dalloway
“El coche se había ido, pero había dejado tras él una tenue onda que fluía por las tiendas de guantes, las sombrererías y sastrerías a ambos lados de Bond Street. Durante treinta segundos todas las cabezas apuntaron en la misma dirección - la ventanilla. Mientras escogían un par de guantes - ¿hasta el codo o más arriba, color limón o gris pálido? - las señoras se interrumpieron; al terminar la frase algo había ocurrido. En algunos casos algo tan nimio que su vibración no la podía registrar ningún instrumento matemático, por muy capaz que éste fuera de transmitir sacudidas y terremotos hasta China; y eso que era impresionantemente rotundo y a la vez emotivo por cuanto que su efecto se dejaba sentir en todo el mundo; porque en todas las sombrererías y sastrerías los clientes, extraños entre sí, se miraron y pensaron en los muertos; en la bandera; en el Imperio. En la taberna de una callejuela un alguien de las colonias profirió insultos contra la Casa de Windsor, lo cual derivó en improperios, jarras de cerveza rotas y una algarabía general que, singularmente, resonó como un eco al otro lado de la calle, hasta llegar a los oídos de las chicas que estaban comprando lencería blanca, de lazos de seda pura, para sus bodas. Porque la agitación superficial que el coche provocaba a su paso, tocaba y rasgaba algo muy profundo.
Deslizándose por Piccadilly el coche dobló por St. James's Street. Unos hombres altos, de físico robusto, hombres trajeados, con sus chaqués y levitas, sus pañuelos blancos y pelo peinado hacia atrás, que por razones difíciles de dilucidar, estaban de pie en el mirador de White, las manos tras la cola del chaqué, vigilando, percibieron instintivamente que la grandeza pasaba ante ellos, y la pálida luz de la presencia inmortal descendió sobre ellos, como había descendido sobre Clarissa Dalloway. Inmediatamente se irguieron más si cabe, retiraron sus manos de la espalda, y parecía que estuviesen en disposición de acatar las órdenes de su Soberano, hasta la misma boca del cañón, si fuera necesario, igual que sus antepasados lo hicieran en otros tiempos. Parecía que los bustos blancos y las mesitas, en segundo plano, con algunas botellas de soda encima y cubiertas de ejemplares del 'Tatler', asentían; parecía que señalaban la abundancia del trigo y las casas de campo de Inglaterra; y que devolvían el tenue murmullo de las ruedas de coche, como los muros de una galería humilde devuelven el eco de un susurro convertido en voz sonora debido a la fuerza de toda una catedral.”
― Mrs. Dalloway
Deslizándose por Piccadilly el coche dobló por St. James's Street. Unos hombres altos, de físico robusto, hombres trajeados, con sus chaqués y levitas, sus pañuelos blancos y pelo peinado hacia atrás, que por razones difíciles de dilucidar, estaban de pie en el mirador de White, las manos tras la cola del chaqué, vigilando, percibieron instintivamente que la grandeza pasaba ante ellos, y la pálida luz de la presencia inmortal descendió sobre ellos, como había descendido sobre Clarissa Dalloway. Inmediatamente se irguieron más si cabe, retiraron sus manos de la espalda, y parecía que estuviesen en disposición de acatar las órdenes de su Soberano, hasta la misma boca del cañón, si fuera necesario, igual que sus antepasados lo hicieran en otros tiempos. Parecía que los bustos blancos y las mesitas, en segundo plano, con algunas botellas de soda encima y cubiertas de ejemplares del 'Tatler', asentían; parecía que señalaban la abundancia del trigo y las casas de campo de Inglaterra; y que devolvían el tenue murmullo de las ruedas de coche, como los muros de una galería humilde devuelven el eco de un susurro convertido en voz sonora debido a la fuerza de toda una catedral.”
― Mrs. Dalloway
Hijas de Mary Wollstonecraft
— 3100 members
— last activity May 27, 2021 09:13PM
Grupo de habla hispana, inspirado en el grupo original creado por Emma Watson, en el que leeremos libros escritos por mujeres de todos los géneros (fa ...more
alcapote_’s 2025 Year in Books
Take a look at alcapote_’s Year in Books, including some fun facts about their reading.
More friends…
Favorite Genres
Polls voted on by alcapote_
Lists liked by alcapote_



























