A las diez de la noche, con las campanas del reloj del salón, sin pensarlo demasiado, quemamos en el jardín nuestros corsés. Vencimos con las llamas la distancia de los abrazos y los cuerpos. Por fin sentiría el roce de las telas, las caricias del terciopelo, las costillas del algodón y la seda. Ante nuestros ojos, las mordazas se reducían a ceniza.
— Feb 26, 2026 08:14AM
Add a comment