Fue a pie hasta la estación de tren, pesada y lenta, con la mente empantanada de lodo y luego, sentada junto a la ventanilla, empezó a llorar. Se sentía como una pelota pequeña, a la deriva y sola. El mundo era un lugar muy, muy grande, y ella era minúscula, insignificante, rebotando vacuamente de aquí para allá. Ya en el apartamento, se lavó las manos con agua tan caliente que le escaldó los dedos.
— 9 hours, 48 min ago
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