"Y si no alcanzaba la fe de la oración para dormirnos, con Liz nos tomábamos el whisky, esa savia de la vida de Inglaterra, agua de su agua y sobre todo, me explicó ella, tierra de su tierra, la que hacía de la cebada esa delicia. (...) Ahí la secaban usando un humo que hacían con palos de árboles, con leña, pero también con turba, una tierra hecha de plantas que todavía no se hicieron del todo tierra." (p. 35)
— Jun 14, 2024 09:16AM
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