Cuando Fezzik llegó a los Acantilados de la Locura les gritó a las rocas: «Íñigo, Íñigo, estoy aquí», y a los árboles: «Íñigo, Íñigo, soy yo, tu Fezzik», y por todas partes: «Íñigo, Íñigo, ¡contéstame, por favor!», hasta que no le quedó más remedio que llegar a la conclusión de que no sólo no había más Vizzini, sino que tampoco había más Íñigo, y que aquello era muy difícil de resistir.
— Feb 06, 2019 03:24PM
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