El último momento
¿Alguna vez pararemos de dejar todo para el último momento? Es algo curioso que encuentro inherente a las personas. No concibo que haya alguien que trabaje con un deadline lejano y lo tenga todo amarrado y calculado. Aunque han habido muchas cosas a lo largo de mi vida que no concebía y me he acabado equivocando.
El otro día hablaba con una amiga y dije la siguiente frase.
“Me he puesto esta semana como fecha límite para entregarlo”
Automáticamente, me entró la risa. Echando la vista atrás, era la cuarta semana consecutiva en la que pronunciaba esas palabras y el documento en cuestión seguía en el mismo punto desde el primer día. Y no por falta de ganas, sino porque soy incapaz de ponerme las pilas si no hay alguien detrás presionándome. No sé por qué, pero la mayoría de la gente obtenemos una especie de placer al pensar que no vamos a poder acabar con algo y al final, acabas entregando en fecha. No tan bien como si le hubieras dedicado el tiempo que merecía, pero al menos lo entregas.
Podría decirse que ahora mismo la palabra que mejor define mi día a día es procrastinación. Al menos de cara a los proyectos que debo acabar y entregar. Porque en otro orden de cosas, no paro de realizar cursos on line de materias que no me entusiasman solo por poder llenar un poco más el CV pensando que eso va a ayudarme. Por supuesto que sí, esa empresa que ni se molesta en leer tu CV completo está claro que si ve que has hecho un curso de gestionar mejor el tiempo va a decir “ESTE ES MI CANDIDATO”.
¿Dejaré algún día de hacer el ridículo y de ayudarme a mí mismo?



