Better life through translation

En Arabs: A 3,000-Year History of Peoples, Tribes and Empires, Tim Mackintosh-Smith comenta cómo el Corán, libro sagrado del islam, fue generando comentarios y exégesis hasta el punto en que muchos académicos musulmanes no podían leerlos a todos: el mensaje del texto original se perdía en discusiones seculares sobre minucias, palabras individuales, sílabas, letras, los puntos que diferencian las letras, y el árbol no les dejaba ver el bosque o, más directamente, los sonidos no les dejaban oír la Palabra.

Pero para los musulmanes no árabes, los sonidos sagrados no eran suficientes: tenían que tratar de abarcar el significado, de buscar el sentido, cosa que es inevitable cuando uno traduce. La curiosa consecuencia de esto es que algunos musulmanes no árabes quizá comprendan el mensaje del Corán árabe tan bien como, si no mejor que, muchos de sus correligionarios árabes.

Y hay más, porque existe el mito persistente de que los árabes «hablan árabe» y por lo tanto no requieren que se les traduzca el idioma del Corán; pero como nota Mackintosh-Smith, los árabes no «hablan árabe» sino dialectos de una lengua que llamamos árabe y que llegan a ser casi ininteligibles uno de otro. El árabe coránico era una construcción poética ya en su origen; hoy es una lengua diferente, que tiene que ser enseñada para que los musulmanes puedan cumplir con su obligación de recitar el Corán y rezar en esa lengua, algo que —naturalmente— puede y suele hacerse de memoria, sin mayor comprensión que la que provea una traducción aproximada para aquellos que se molesten en pedirla. En cuanto al material accesorio al Corán, «no ayuda en nada el hecho de que las numerosas exégesis procuran lograr una forma de expresión [lingüística] tan elevada como la del texto que están tratando de explicar».

La situación no es esencialmente diferente de lo que ocurría con el latín y las lenguas romances en la Europa medieval. La primera gran expansión del islam ocurrió siete siglos más tarde que el apogeo del Imperio Romano, y continuó con idas y venidas durante muchos siglos más, así que el árabe, aunque dividido en dialectos, no se «quebró» totalmente como el latín; además, por supuesto, mientras el latín seguía siendo usado en la Biblia y la liturgia cristiana, tras la Reforma protestante una parte significativa de la cristiandad se volcó a traducciones en lengua nativa de las Escrituras. El islam nunca tuvo una Reforma, y la lengua del Corán siguió siendo sagrada, porque tampoco surgió una crítica del Corán como producto humano. Así es como hoy persiste en el mundo árabe musulmán una diglosia, es decir, una situación en la que una población se maneja en dos idiomas (o dos variantes considerablemente diferentes del mismo idioma), sirviendo cada lengua para propósitos diferentes.

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Published on August 30, 2022 10:01
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