"Interpelaba a aquella pillería roñosa, de pies descalzos y faldones al aire, con desmesurada urbanidad.
—A ver, señor de Llopis, levántese usted.
Y el «señor de Llopis», un granuja de siete años, con el pantalón a media pierna sostenido por un tirante, echábase del banco abajo y se cuadraba ante el maestro, mirando de reojo la temible caña.
—Hace un rato que veo a usted hurgándose las narices y haciendo pelotillas."
— Sep 24, 2026 10:51AM
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