Silvia’s Reviews > En el lado salvaje > Status Update

Silvia
Silvia is on page 520 of 528
Las manos de una madre son relojes de arena para sus hijos. Nuestras vidas se deslizan hacia las vuestras mientras os pasamos las arenas del tiempo. Te doy los granos de mis días no vividos y tiempo suficiente para volver atrás, hacia cualquier momento que ambas recordemos con cariño.
— Sep 16, 2026 12:11AM
En el lado salvaje

flag

Silvia’s Previous Updates

Silvia
Silvia is on page 473 of 528
Aquí, en el más allá, soy consciente de mi alma de formas que antes no lo era. Puedo verla. Puedo sentirla. Puedo olerla. Sé que nada. Sé que vuela. Sé que es mediodía y medianoche y todas las horas intermedias. ¿Y el alma de mi hermana? Lo único que puedo decir es que la detecto. Como una detecta una señal débil procedente de algún lugar a lo lejos.
— Sep 13, 2026 08:16AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 443 of 528
Ser mujer es ser desde el principio de los tiempos —decía la abuela Milkweed mirándose al espejo—. Es el mayor reto que Dios nos ha planteado. Si fracasamos, no se nos prometerá nada más que una eternidad de ese fracaso, perdido en la niebla y al borde del condado. Si salimos adelante, agradezcámoslo a las mujeres que nos precedieron, que fueron las que dejaron la luz prendida frente a la oscuridad.
— Sep 13, 2026 05:48AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 418 of 528
Era medianoche pasada y Thursday tenía otro rollo de papel higiénico vacío en la mano amoratada. Apuntaba con un extremo al cielo y deslizaba el otro por su barriga.

—Para que mi niña empiece pronto a ver el universo —dijo-. A lo mejor así no se pasará la vida en la tierra como yo. A lo mejor, con una dieta de estrellas, aspira a un poco más y no acaba en el puto río
— Jul 21, 2026 12:13PM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 392 of 528
—A veces la alegría se esconde. Solo hay que encontrarla. Eso es lo que está haciendo ahora, escondiéndose. La encontraremos.

Una hija es una mujer perdida en el mar. Una madre es quien la salva. Pero si no está allí, la hija siempre estará perdida.
— May 13, 2026 02:56AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 348 of 528
— May 13, 2026 01:09AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 335 of 528
La adicción es una ladrona. Roba los minutos del día. El color del cielo. Roba al héroe de la historia, las hojas de los árboles, la respuesta a la pregunta ¿Quién soy? La ladrona no desaparece del todo porque dejes de chutarte en el brazo. La sobriedad solo es un escondite mejor para los minutos del día, el color del cielo, la respuesta a la pregunta ¿Quién soy?
— Apr 29, 2026 11:25AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 306 of 528
—¿Arc? —Daffy se sentó a mi lado y apoyó la cabeza en mi brazo—. Cuando nos vayamos de aquí, ¿estaremos bien?
—No nos pasará nada, Daffy. —Le di un golpecito a su trenza para que se levantase por encima de su cabeza—. Quemaremos a todos los monstruos con nuestro fuego.
—Lo digo en serio, Arc. A veces pienso que la tierra está inclinada para nosotras, y que todas vamos cuesta abajo.
— Apr 26, 2026 05:18AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 306 of 528
Muchos días de verano la abuela Milkweed nos llevaba a la parte del río que pasaba cerca de su casa. Los pantalones Fremangados hasta las fuertes pantorrillas y un sombrero de ala ancha en la cabeza para protegerse del sol. Llevaba un top sin mangas y se quejaba de los brazos todo el camino.
— Mar 11, 2026 01:06AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 299 of 528
—¿Que os devolverían adónde? — quiso saber Thursday.
—Adonde tuviéramos que estar —contesté.
— Mar 11, 2026 12:51AM
En el lado salvaje


Silvia
Silvia is on page 299 of 528
—¿Qué decís? —nos preguntó.
—No sé —respondió Thursday—. O sea, ¿merece realmente la pena que nos mojemos el pelo? ¿Tú qué opinas, Arc?
—Bueno, mi abuela diría que sí, que por supuesto que vale la pena. —Sonreí—. Siempre nos contaba que el agua estaba llena de ángeles infinitos. Nos decía a Daffy y a mí que cada vez que nos metiéramos en ella, los ángeles nos devolverían.
— Mar 11, 2026 12:50AM
En el lado salvaje


Comments Showing 1-14 of 14 (14 new)

dateUp arrow    newest »

Silvia Bienaventurado sea este desaguisado. POETA DAFFODIL


Silvia La primera nevada de ese último invierno, fui a la caravana de Thursday en la camioneta por última vez. Tenía pensado usar el rotulador naranja que llevaba en el bolsillo para dibujar fuego.
Era algo que la abuela Milkweed me había recomendado hacer en una ocasión. —Cuando sientas que estás que ardes ——me había dicho—, dibuja fuego en la pared entre las ventanas que miran al este. Dibuja llamas altas y abre las ventanas para que salga el humo. La casa estará en llamas, pero no se quemará. El fuego arderá, pero tú no. Lo que había intentado hundirte no habrá hecho más que ponerte de pie. Y una mujer en pie ha heredado la esperanza antigua de que todo irá bien.


Silvia --¿Tú no culpas a tu madre? —preguntó. Mis ojos delataron algo, y ella cerró los suyos y añadió—: Siempre es la madre la que tiene los motivos en las manos. ¿Sabes en lo que no dejo de pen-sar? Cuando ella era niña, me cogía las manos y se las ponía en los ojos. Miraba a través de mis dedos y decía: «Tienes el mejor telescopio del mundo, mami». No sé cuándo eso dejó de ser ver-dad. —Abrió los ojos y se miró la camisa—. Solo me pongo su
color favorito.
-Azul medianoche —confirmé.
Ella asintió con la cabeza y declaró:
—Se me metió en la cabeza que, si llevaba su color favorito todo el tiempo, a lo mejor me convertía en su persona favorita.


Silvia --Las mujeres os dejáis tantas cosas que es un milagro que todavía llevéis la piel encima.


Silvia En el trayecto de vuelta a casa, no paraba de ver los videos de todas nosotras en mi mente. Pensaba en el hecho de que Welt guardase nuestras lágrimas como si fuesen algo sólido, como piedras transparentes que podía coger del suelo cuando se nos caían de los ojos y pasárselas de una mano a la otra, comparando el peso de una lágrima con el de otra. ¿Pesarían las de Violet menos que las de Sage Nell? ¿Serían ásperos o lisos los bordes de las mías?
¿Serían juzgadas en relación con nuestros corazones? ¿Serían frías al tacto como las aguas del río? ¿Sabía el hombre que las coleccionaba que las lágrimas de una mujer no se pueden llegar a poseer nunca?


Silvia --¿Qué haces?
Alcé la vista al oír la voz de John Theresa, que sujetaba el violín
con la mano a un lado.
—Estoy celebrando un funeral por mis sueños —respondí.
Miró hacia abajo, dentro del agujero, y preguntó:
—¿Qué es esa tela amarilla?
—Algo que mi abuela hizo hace mucho.
—Pensaba que habías dicho que era un funeral por tus sueños.
¿Esos son tus sueños?
—¿Qué es un sueño si no algo que han hecho las mujeres que nos han precedido? —repliqué.
El observó cómo yo echaba la tierra con la pala antes de pre-
guntar:
—¿Por qué celebras un funeral por tus sueños?
-Todos tenían que ver con una niña muerta —contesté—. He pensado que debía enterrarlos tan hondo como ella. A lo mejor así
consigo resucitar una oportunidad.
—¿Una oportunidad de qué? —me preguntó él.
—De vivir.


Silvia -¿Como si no estuviera muerta?
—Exacto. Como si no estuviera muerta. Lo mejor que puede hacer una gemela es dejar que su hermana se quede con la mitad de su vida. Tú quieres ser una buena hermana, ¿no?


Silvia Las mujeres muertas se llevan sus secretos con ellas. Las niñas muertas también. Y así fue, para que yo pudiese pasar de ser ella a ser yo con facilidad. En las conversaciones, hablaba y contestaba por ella, y aquellos que me rodeaban no se daban cuenta de que en mi cabeza había cambiado de identidad. Eso no quiere decir que yo no estuviese confundida, que no delirase o que no fuese un caso clásico de locura. Sabía que mi hermana había muerto y que ya estaba en el río cuando Harlow entró flotando en nuestras vidas.
Cuando las demás chicas siguieron desapareciendo, para luego ser halladas de la misma manera, supe que había llegado el momen-to. El momento de tener mi propia vida. Pero no quería deshacerme así como así de mi hermana. No quería dejar que ella se fuese a la deriva y se hundiese. Sentía la responsabilidad de compartir mi existencia con ella para no sentirme tan culpable por vivir más que ella. No podía sacar a Daffy de mi vida.
Tal vez el Hombre del Río pudiese.
Cuando las chicas acabaron en el río, dejé que Daffy se acercase a esa corriente. Solo entonces tuve la oportunidad de sobrevivirme.
Y aunque Daffy nunca había tomado droga, acabó en el río a causa de ella. Las vidas truncadas por culpa de la adicción no siempre son las de los adictos. A veces mueres porque la persona a la que amas es drogadicta. En el caso de Daffy, esa persona era nuestra madre.


Silvia -Perdiste el pendiente, mamá. ¿Te acuerdas?
—¿Qué?
Ella miró a su alrededor como si fuese a encontrar el pendien-
te bajo las mantas.
—Fue hace mucho —dije—. Daffy y yo todavía no te llegábamos a las rodillas. Entonces olías a perfume. Ibamos andando a alguna parte. No me acuerdo de para qué. Por el camino perdiste el pendiente. No te diste cuenta hasta que llegamos a casa. Lloraste mucho. Papá dijo que te compraría otro par. Pero tú le dijiste que no. Que querías aquel porque era tuyo.
—Era un caballo —explicó ella, tocándose el lóbulo desnudo de la oreja—. Marrón como un alma quemada, con la crin negra. Cuando yo movía la cabeza, el caballo galopaba. ¿Te acuerdas? Movió la cabeza como si el caballo fuese a volver a aparecer.
—Yo pensaba que si encontraba el pendiente, volverías a ser quien eras antes de perderlo —confesé-. Que si encontraba el pendiente, no habría más jeringuillas. Que podría salvarte. Que podría salvarnos a todos. Que serías como eras. Que nos cepillarías a Daffy y a mí el pelo por la mañana antes de ir al colegio. Que nos enseñarías el abecedario letra por letra. Cada vez que cavaba en la tierra, lo hacía para encontrarte a ti, mamá. Lo siento. Siento no haberlo conseguido.


Silvia A veces a la gente le cuesta entender lo que ella dice por cómo arrastra las palabras. La droga cambia la forma en que las personas te escuchan. No dan importancia a lo que dices y a menudo se ven obligadas a asentir con la cabeza, aunque solo sea para no pedirte mil veces que lo repitas y hables más claro. Peor aún, se ríen de ti.
De la forma en que deambulas y la forma en que hablas.


Silvia Dentro de unos años, cuando la próxima generación se haya hecho con el control, volverán la vista a esta tierra y hablarán de los demonios de las colinas. La pobreza extrema, los abusos ex-tremos, la ola de adicción extrema. Desterrarán a esos demonios hasta que todos estemos atrapados en ese mito en el que se han enredado las historias para que los destinos importen.
Dirán que nuestro verdadero asesino fue la propia adicción.
Adicción. Definida como la rendición a algo que se sabe que es per-judicial. Se escribirán libros sobre el tema. Aparecerán voces destacadas en televisión, se grabarán documentales y alguien ganará el premio Pulitzer por humanizar lo que ya era humano. Quienes nosotras éramos como mujeres se perderá en favor de una conversación sobre la propia dependencia.


Silvia La abuela Milkweed dijo una vez: «Una escopeta no dispara sin hacer ruido».
Yo tardé un tiempo en descubrir lo que quería decir. Entonces comprendí a qué se refería. La vida duele. Y cuando estás delante del arma, duele mucho más. Para algunas de nosotras, estar delante del arma no es tanto una decisión como el sitio al que nos mandaron aquí, en el lado salvaje.


Silvia ¿Estamos todas en el cielo tocando el arpa como nos decía el viejo pastor sentadas en los bancos de la iglesia un domingo cualquiera? ¿Lo que hemos cultivado en vida tiene realmente su
mejor fruto aquí?


Silvia A veces pienso que estoy con todos ellos. Daffy, nuestro padre con el uniforme del ejército y la abuela Milkweed con sus pañuelos amarillos mientras nuestras amigas pasan montadas en la máquina del tiempo de Cleopatra. Otras veces siento que estoy sola, sin más compañía que las estrellas que brillan en mi piel. Tal vez lo único cierto que puedo decir es que hasta los fantasmas se estremecen en el espacio infinito.
Tal vez no es la respuesta que buscabais. Estoy segura de que queríais oír que todo se ha arreglado al final. Que aunque estemos muertas, tenemos suerte de estar juntas. Pero del mismo modo que la vida es un viaje, también lo es la muerte. No te mueres un día y te despiertas habiendo atravesado la carretera que lleva hasta las flores blancas y silvestres. Tienes que viajar un poco para llegar allí. Y tal vez en el curso de ese viaje pueda salvarme a mí misma.
Ese es el viaje en el que fracasé en vida. Es el viaje que debo continuar en la muerte. Supongo que una gran parte girará en torno a mi vida.


back to top