Luis G.’s Reviews > Memorias de Adriano > Status Update
Luis G.
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«¿Pero acaso había comprendido, aquella mañana, al joven viviente que sollozaba junto a mí? Chabrias me llamó una noche para mostrarme en la constelación del Águila una estrella, hasta entonces poco visible, que de pronto palpitaba como una gema, latía como un corazón. La convertí en su estrella, en su signo. Noche a noche me agotaba siguiendo su curso; vi extrañas figuras en aquella región del cielo».
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Luis G.
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«Lo dejamos solo. Entraba en esa duración sin aire, sin luz, sin estaciones y sin fin, frente a la cual toda vida parece efímera; había alcanzado la estabilidad, quizá la calma. Los siglos contenidos en el seno opaco del tiempo pasarían por millares sobre esa tumba sin devolverle la existencia, pero sin agregar nada a la muerte, sin poder impedir que un día hubiera sido».
— 46 minutes ago
Luis G.
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«Pusieron sobre su pecho un ramillete de acacias. […] Me indicaron, en el flanco de una montaña […], a unas tres leguas de la ciudad, una de las cavernas que los reyes de Egipto utilizaban antaño como pozos funerarios. Un tiro de bueyes arrastró el sarcófago por la pendiente. […] El niño de Claudiópolis descendía a la tumba como un Faraón, como un Ptolomeo».
— 47 minutes ago
Luis G.
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«… Pero el perfil del joven halcón no había cambiado; las pestañas vertían sobre las mejillas pintadas una sombra que reconocí. […] El rancio olor del incienso llenaba la sala; a través de una nube trataba de lograr la ilusión de una sonrisa; el hermoso rostro inmóvil parecía temblar».
— 51 minutes ago
Luis G.
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«Yo me sentía asumiendo aquel dolor de padre, como había asumido el de Hércules, el de Alejandro, el de Platón, que lloraban a sus amigos muertos».
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«En lugar del cadáver me mostraban al dios […]; yo mismo había hecho ese dios, creía a mi manera en él, pero el más luminoso de los destinos póstumos […] no compensaba aquella breve vida; el dios no me pagaba al viviente perdido».
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«En lugar del cadáver me mostraban al dios […]; yo mismo había hecho ese dios, creía a mi manera en él, pero el más luminoso de los destinos póstumos […] no compensaba aquella breve vida; el dios no me pagaba al viviente perdido».
Luis G.
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«A veces la imagen brotaba por sí misma, y una ola de ternura me arrebataba; volvía a ver un huerto de Tíbur, el efebo juntando las frutas otoñales en su túnica recogida a modo de cesta. Todo faltaba a la vez: el camarada de las fiestas nocturnas, el adolescente que se sentaba sobre los talones para ayudar a Euforión a rectificar los pliegues de mi toga».
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Luis G.
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«Y de pronto me acordé que estábamos en el vigésimo séptimo día del mes de Atir, en el quinto día anterior a nuestras calendas de diciembre. Era el cumpleaños de Antínoo; de estar vivo, hubiera tenido ese día veinte años».
— 1 hour, 39 min ago
Luis G.
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«Un capricho nació en mí, que no había sentido desde los tiempos de niño cuando grababa mi nombre en la corteza de los castaños, en un dominio español; el emperador que se negaba a hacer inscribir sus nombres y sus títulos en los monumentos que había erigido, desenvainó su daga y rasguñó en la dura piedra algunas letras griegas, una forma abreviada y familiar de su nombre».
— 1 hour, 41 min ago
Luis G.
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«Un ser insultado me arrojaba a la cara aquella prueba de devoción; un niño, temeroso de perderlo todo, había hallado el medio de atarme a él para siempre. Si había esperado protegerme mediante su sacrificio, debió pensar que yo lo amaba muy poco para no darse cuenta de que el peor de los males era el de perderlo».
— 1 hour, 43 min ago
Luis G.
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«Alejandro había celebrado los funerales de Efestión con devastaciones y hecatombes. Más hermoso me parecía ofrecer al preferido una ciudad donde su culto se mezclaría para siempre con el ir y venir de la plaza pública, donde su nombre sería pronunciado en las conversaciones nocturnas, donde los jóvenes se lanzarían coronas a la hora de los banquetes».
Antínoe❤️
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Antínoe❤️
Luis G.
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«Todas las metáforas recobraban su sentido; sí, tuve ese corazón entre mis manos».
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«Toda hora tiene su deber inmediato, un mandamiento que domina a todo el resto; el mío, en ese momento, era el de defender contra la muerte lo poco que me quedaba».
— 2 hours, 43 min ago
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«Toda hora tiene su deber inmediato, un mandamiento que domina a todo el resto; el mío, en ese momento, era el de defender contra la muerte lo poco que me quedaba».

